Como en toda celebración de un cumpleaños, en los 40 de la Filarmed (Orquesta Filarmónica de Medellín) no faltó la torta, los aplausos y las felicitaciones.
Fue un festejo lleno de emoción y agradecimiento, que nació de manera espontánea por parte del público, durante el concierto que la Filarmónica dio la mañana este domingo en el parque de Bolívar, en la apertura del programa denominado “Serenata Filarmónica”, en el que la orquesta llevará su música a diferentes escenarios de la ciudad.
De espaldas a la carrera Ecuador y de frente a la estatua de Simón Bolívar, los músicos comenzaron a las once en punto, a la hora pactada, un recital que se extendió durante una hora exacta, durante la que interpretaron temas como New York New York, In The Move y Beguinne the beguinne, hasta Golfo de Morrosquillo, La Cucharita y Los Caminos de la vida, entre otros.
Volver al parque
“Nos regresaron el domingo”, atinó a decir Aristides Londoño, un músico que llegó desde Laureles hasta el parque de Bolívar para apreciar el recital de la Filarmed.
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Recordó que era un asiduo visitante del lugar cuando se realizaba la tradicional Retreta, a cargo de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Antioquia. “Acá mi hijo se enamoró de la música, tanto así que hoy dirige una academia”, contó el hombre recostado en el pedestal de la estatua de Bolívar. Su única preocupación era la lluvia, que afortunadamente no apareció.
A esa ahora el parque de Bolívar mostraba una cara distinta a la habitual, abuelos, niños, mascotas, estudiantes, jóvenes y turistas en chanclas disfrutaban de la música, en un ambiente lleno de alegría, tanto así que varias parejas rompieron el protocolo y comenzaron a bailar, mientras sonaba Brisas de Pamplonita.
“Esto se tiene que repetir, ojalá fuera cada ocho días”, dijo Irene, una mujer que desde hace seis años se fue a vivir a uno de los edificios del marco del parque, como una apuesta por la recuperación del centro.
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Ante una corta pausa de la Filarmed los asistentes comenzaron a cantar “otra, otra, otra”, queriendo extender esa hora de música y alegría en pleno corazón del centro de Medellín.
Con el público fueron llegando los vendedores de crispetas, mango y paletas y el ambiente cada vez era más de fiesta, de encuentro.