Las olas migratorias se dan por tiempos. En algún momento España recibió a miles de colombianos que iban a buscar mejor suerte. Como sucede en cualquier parte del mundo, muchas veces se permanece indocumentado como un número más.
“Sin documentos uno se vuelve un invisible, como si no fuera un ser humano, como si no existiera. Es una cifra más y parte de una estadística de alguna oficina del gobierno español”, dice el periodista antioqueño Pedro Nel Valencia sobre su libro Es de noche en Madrid, lanzado a mediados de este año. Allí narra los diez años que vivió en España –cuatro como indocumentado–, las situaciones laborales a las que se enfrentó y los deseos de reencontrase de nuevo con su familia.
Compartió el país europeo con obreros, jardineros y empleados que cuidaban ancianos. Luego pudo trabajar en una revista de inmigrantes y cuando consiguió papeles trabajó dirigiendo Latino, un semanario de casi medio millón de lectores dirigido a la comunidad latinoamericana.
Decidió publicar su diario de 10 años viviendo en España, no como un ejercicio periodístico de inmersión sino como alguien que estuvo en la piel del inmigrante.
¿El libro cómo surgió?
“En un principio pensaba escribir sobre unos inmigrantes que conocía en España. Apenas llegué comencé a escribir unos diarios que, luego de 10 años, rescaté. Salió este libro totalmente autobiográfico que se cruza con las historias de otros inmigrantes”.
¿Y cómo fue su vida allá?
“En un principio vendí tarjetas prepago, luego trabajé de portero de edificios y después en una revista de inmigrantes en la que no me exigían papeles. Ya me había ganado un Simón Bolívar y terminé haciendo esos trabajos precarios. Al final fue la forma de ganarme la vida. Fue hasta divertido”.
¿Qué fue lo más duro?
“Separarme de mi hijo, pero también dejar a mis hermanos y a mi madre. En los cuatro años que estuve indocumentado no pude venir a Colombia y eso fue duro”.
¿Decidió meterse en
la historia?
“Quería hacer unos meses de periodismo de inmersión pero terminé 10 años verdaderamente como inmigrante, periodista y cronista”.
Lo volvió materia
de estudio...
“Hice una maestría sobre migraciones contemporáneas durante ese tiempo. El libro refleja esa visión personal del inmigrante. Aunque es periodismo narrativo, hay unas pequeñas dosis de ensayos”.
¿Cómo se mezcla el narcotráfico con la historia?
“En la época que llegué, a finales de 2001, estaba en auge la delincuencia, asaltaban joyerías y bancos; tenían aterrorizados a los españoles. La imagen del colombiano era la de un narco y la de la mujer, una prepago”.
Es una paradoja, ir
al exterior se ve también como un triunfo...
“Este libro desmitifica la inmigración, esa idea de que la gente regresa con los bolsillos llenos. Es difícil que alguien venga a Colombia con plata para comprar casa y camionetas a menos que se haya ido a traficar”.
El libro fue también una catarsis para usted...
“La migración potencia los sentidos, lo bueno es muy bueno y lo malo lo sientes exageradamente. Me daba hasta pudor escribir ciertas cosas, como los años en los que me presentaban chicas y no era capaz de enamorarme. Da pudor descubrir el alma de uno pero pensaba que era lo que quería narrar, la vida íntima de un inmigrante día a día”. .