En 1997 un violonchelista y su hijo adoptado se vieron en cine, en un agridulce relato de amor entre la tragedia y la comedia. Kolya le dio la vuelta al mundo luego de que ganara un Óscar e hiciera parte de festivales de primera categoría. También le dio renombre a su director, Jan Sverák, quien por estos días estuvo en Medellín.
Su más reciente producción, Lejos de Praga / Barefoot (2017), un dramedy (comedia-drama) de guerra, se proyectó en la ciudad con motivo de los 25 años del Festival Europeo de Cine en Colombia, Eurocine, un encuentro que quiso “redescubrir” los conceptos de tolerancia, perdón, resiliencia y empatía.
El director estuvo impresionado de que su película se proyectara tan lejos de su tierra. Colombia y República Checa son países, en cierto modo, distantes, pero con historias (como la guerra) que el cine puede unir.
En uno de los días de su estancia hizo una clase maestra con estudiantes de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Medellín, en la que conversó sobre técnicas y producción cinematográfica.
El realizador de 11 largometrajes ahora se encuentra rodando uno nuevo con un iPhone, Joy of the World, un ejercicio que ve como una oportunidad mayor de “libertad creativa”.
¿La guerra y la infancia son constantes en su trabajo, como en Barefoot?
“Está basada en las memorias de mi padre. Durante la Segunda Guerra Mundial, en Europa, un niño de 7 años debe abandonar su natal Praga. En el trayecto el personaje debe adaptarse a su nueva vida, enfrentarse a un grupo de niños que están persiguiendo unos pollos y caminando descalzos.
Cuando caminas sobre gramilla es doloroso. La película quiere mostrar cómo evitar el dolor y ocultar los miedos, porque desde ellos hacemos cosas terribles”.
Aún así, esos sentimientos son universales...