En los últimos tres años el museo Casa de la Memoria ha crecido en asistencia casi cuatro veces: al 30 de noviembre de 2018 lo habían visitado 63.255 usuarios.
La idea de la nueva directora, Cathalina Sánchez Escobar, es que esa cifra siga creciendo, como sucedió con la administración de Adriana Valderrama López durante sus dos años de gestión, según datos arrojados por la institución.
Cathalina viene del sector académico. Es abogada y politóloga de la Universidad Pontificia Bolivariana, doctora en Derecho de la Universidad Aix-Marseille, Francia. Ha investigado sobre conflicto armado y paz, víctimas y derechos humanos.
Comenzó en el cargo de directora de este espacio el 28 de enero. “Nunca imaginé que trabajaría en un museo”, dice.
Y este, en particular, es uno atípico. A diferencia de cualquier sitio para la memoria, que por lo general se enfoca en revisar el pasado, este busca construir relatos actuales y circular “memorias diversas”. De eso da cuenta su más reciente exposición, MEDELLÍN|ES| 70, 80 y 90.
Este es el derrotero y sus propuestas.
¿Qué museo recibe?
“Para mí era una institución cercana. Con grata sorpresa noto que ha habido un incremento de visitantes y durante esta Alcaldía se trazó la meta de que fuera mucho más accesible y llegaran más visitantes.
Pasamos de tener 15.000 a 69.000 el año pasado, con cifras actualizadas al 30 de noviembre. Encuentro una entidad que se ha afianzado y convertido en un espacio de ciudad”.
¿De cuándo es la primera cifra?
“Cuando llegó esta administración en 2016”.
¿Y cómo están en cuanto a presupuesto?
“Somos una institución pequeña si nos comparamos con otras de la Alcaldía. Estamos descentralizados del orden municipal y tenemos un presupuesto reducido, sobre todo para este año. Esto nos pone un reto muy importante para hacer los programas que tenemos e implica que debemos trabajar colaborativamente con otras entidades municipales”.
¿Cuánto es?
“Aproximadamente 3.100 millones. Una parte viene del municipio, el 90 %, y otra a partir de convenios y alianzas”.
¿Le da o le quita a la institución estar descentralizada?
“Yo creo que permite una neutralidad e imparcialidad al mantener el discurso de la memoria y la construcción de paz. Es decir, que no hay una filiación política. Administrativamente nos lleva a ser más creativos”..
¿Cuál será su enfoque como directora?
“Tengo investigaciones principalmente en derechos humanos. Pienso que la tarea que se ha venido haciendo ha sido muy bien hecha y quiero seguir en esa línea. Me interesa que el museo siga siendo reconocido como una buena práctica de transformación social y de resiliencia de Medellín, desde ejercicios restaurativos”.
Uno de los retos que tienen ustedes es el diálogo con sus públicos directos, los barrios y comunas. ¿Cómo piensa conectarse con la comunidad?
“Lo digo de esta manera: necesitamos sacar al museo del museo. Existen algunos sectores y territorios que no pueden venir a nuestras instalaciones. La idea es llevarles la entidad”.
Un debate que aún persiste es si deben existir estas instituciones en el mundo de hoy. Es decir, de si vale la pena o no persistir en la memoria en lugar del olvido...
“Me parece que es muy importante. Cuando se trata de sanar y abrir un espacio para que las víctimas puedan hablar y para que la sociedad se sensibilice y podamos proponer reconciliación. No podemos pensar solo en un pasado remoto porque nosotros, como individuos y sociedad, somos producto de ese pasado que nos marcó y cambió la historia. Estos sitios de memoria llevan a una reflexión del conocimiento de la historia para evitar su repetición. Es importante que la gente conozca la ciudad que fuimos en la época de la violencia, para que entienda el referente mundial que ahora somos”.