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En Manu vive la fantasía, el nuevo libro de Octavio Escobar

El escritor Octavio Escobar Giraldo presentará su nueva obra, Manu, en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín el sábado 7 a las 3:30 p.m. en el Jardín Botánico.

  • Manu es editado por Editorial Destino, de Planeta. FOTO cortesía
    Manu es editado por Editorial Destino, de Planeta. FOTO cortesía
07 de septiembre de 2024
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Manu habla desde la fantasía. La vida es juego y el mundo, un lugar mágico. Por ejemplo, sabe de piscinas de pelotas que tienen túneles entre sí, por los cuales puede uno a veces aparecer en otras ciudades.

Este personaje infantil cede su nombre al título a la nueva obra de Octavio Escobar Giraldo, autor que estará en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín para hablar de él.

Si bien hace parte de la literatura fantástica, más que la interacción de los personajes con seres fantásticos o sobrenaturales, o la presentación de espacios encantados, el relato alude a esos elementos maravillosos con naturalidad, como si la fantasía fuera algo habitual en la vida humana. “Creo que Manu invita a ver el mundo con los ojos de la ensoñación, pero sin perder de vista la realidad”, dice Escobar Giraldo.

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Suele decirse que las obras literarias tienen, aparte de la historia principal y evidente, al menos otra en su interior. Dejemos que sea el autor quien hable de ella. “En la raíz de toda la situación hay una tragedia. Manu está adaptándose a un hogar que no es el suyo, y se está acostumbrando a convivir con un hermano mayor que se convierte en la persona con la que más conversa y en su puente con un nuevo mundo. Y ese hermano mayor tiene que entender a Manu y convivir con sus fantasías”.

Vida, juego y aventura

Manu mezcla la ilusión con la realidad. O, mejor, esta sirve de alimento a la primera. Con su actuar y hablar, consigue enseñarles a los demás integrantes de la familia —su hermano y sus padres— que la vida, y en esta, la vida doméstica, es una aventura constante.

“Es exactamente lo que quiero hacer —asegura el autor manizaleño—. Creo que la vida de cada uno de nosotros es maravillosa, sobre todo si sabes mirarla desde muchos puntos de vista, y en la infancia lo es todavía más porque la imaginación actúa con mayor libertad y enriquecemos los más simples actos con seres y con situaciones que a veces escapan de cualquier lógica. Esa energía que tenemos en la niñez necesita salirse de los márgenes de la realidad e inventar mundos, amigos secretos, oportunidades y peligros (...). La vida cotidiana es la base de su fantasía”.

Hay quienes consideran que en las creaciones literarias, los autores presentan una o varias tesis. Y creen que esto es evidente en las de ciertos autores que fusionan narrativa y ensayo, como Milan Kundera, pero en todas se da. Tal tesis la argumentan y demuestran a través del desarrollo de la historia. En Manu, los padres de los dos personajes infantiles, el central y el narrador, son personas dedicadas a un trabajo pragmático —un negocio de turismo—. No hacen parte del común denominador de los mayores que destruyen las ideas fantasiosas de los niños, sino que las alientan y propician el ambiente adecuado para que pueda realizarse ese modelo de la vida como juego que estos plantean.

“Has mencionado una palabra muy importante para mí: juego. Más allá de que toda creación literaria parte de unos presupuestos éticos y estéticos, y, si se quiere, de unas tesis, como lo acabas de mencionar, para mí la creación siempre tiene ese componente lúdico que todos podemos compartir, que hace parte de nuestra cotidianidad. Y —continúa diciendo Octavio—en Manu se juega mucho, muchísimo. Y se lee, que yo siempre he considerado una actividad lúdica. Está el tapete en forma de rayuela pero también el libro de las ciudades del mundo, y el de los animales del mundo, que sirven para que Manu ponga en funcionamiento sus viajes de una piscina de pelotas a la otra, moviéndose entre continentes. Un filósofo neerlandés, Johan Huizinga, dedicó un libro a hablar del ser humano como Homo ludens, como otros lo estudiaron como Homo sapiens y Homo faber, y no es sino ver la seriedad y el drama con el que algunos viven un partido de fútbol, incluso la violencia, para entender que el juego es parte de nuestra naturaleza. En Manu el juego es fundamental, como creo que lo es en cualquier obra literaria, y espero que los niños y los jóvenes lo lean así, jugando como lo hacen sus personajes. Y también los adultos. Soy un convencido de que las divisiones en literatura son más un tema académico y de mercadotecnia”.

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Ella o él

Como lector, uno no llega a saber si Manu es el hipocorístico de Manuel o Manuela. No hay datos que informen si el personaje es niña o niño. Para explicar esta ambivalencia, Octavio cuenta una anécdota de la cual surgió el nombre del personaje: “Hasta hace poco jugué basquetbol con un grupo de amigos, y a veces nos reunimos a conversar y comer y tomar algo. Una noche uno de ellos preguntó por Manu, un antiguo compañero que vive ahora en Medellín, y otro creyó que hablábamos de Manu, la hija de un tercero. La confusión duró pocos segundos, pero a mí me pareció interesante. Hubo caras de desconcierto y fue necesaria la explicación. Hasta ese momento mi personaje tenía otro nombre. Esa misma noche decidí que se llamaría Manu y que escribiría el texto con el cuidado suficiente para que el lector no supiera con certeza si Manu es niña o niño”.

De modo, pues, que el nombre de la figura central fue un hallazgo; no una búsqueda. Y fue tan relevante, claro, por la afortunada posibilidad del equívoco, que decidió elevarlo también a la categoría de título de la obra. Escobar Giraldo está convencido de que esa indefinición genérica, en momentos en que los temas relacionados con la identidad y el lenguaje inclusivo se discuten tanto, puede enriquecer las lecturas, confrontar actitudes, y también generar juegos y otras comprensiones.

Aparte de la riqueza literaria, de la amalgama de fantasía y realidad, y de entender que en la vida cotidiana los límites entre una y otra son difusos, este volumen que ahora presenta Octavio Escobar Giraldo tiene otro componente seductor: está maravillosamente ilustrado por Elizabeth Builes. Las imágenes, lejos de repetir lo que el texto expresa, aportan elementos para imaginar más ampliamente las situaciones de la historia. Contribuyen en ese transporte a la ensoñación. Con libertad para plasmar su visión del relato, la ilustradora consigue que las figuras dialoguen con la trama como pueden hacerlo dos formas artísticas.

Manu se suma a otros títulos de Octavio Escobar Giraldo, como Cada oscura tumba, De música ligera, Después y antes de Dios, Cielo parcialmente nublado y Cassiani.

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