La segunda parte de la cinta de ciencia ficción Dune ya superó los registros de la primera parte (una de las pocas cintas que se estrenó en cines en pandemia por covid-19) y sigue generando temas de conversación, a partir de su historia sobre un “salvador”, un “Mesías” o un “elegido”, destinado a liberar a su pueblo.
En la cinta, dirigida por Denis Villeneuve, el personaje de Paul Atreides (Timothée Chálamet) intenta acoplarse a la cultura de los Fremen en el desértico planeta Arrakis. Las cosas se complican cuando Stilgar (Javier Bardem), uno de los líderes de Arrakis, comienza a alimentar en el pueblo la idea de que Paul es el Mesías de una antigua profecía que tiene como fin la liberación de Arrakis.
Esta temática es recurrente en la historia del cine, con figuras que aparecen constantemente, desde la recreación de la vida de Jesucristo hasta salvadores más contemporáneos como Neo, en la saga The Matrix, que siempre han generado un efecto positivo en la taquilla.
Sobre, Dune 2, el portal www.megustaelcine.com explica que refleja elementos clásicos del mito del salvador: “un héroe destinado a liberar a su gente, enfrentarse a la opresión y llevarlos hacia la redención”, a la vez que la compara, por esas características, con producciones como El Señor de los Anillos, Star Wars y Harry Potter, que también han explorado esta temática con mucha repercusión.
Añaden que “estamos frente a una olla de presión alimentada por una sociedad donde el fundamentalismo, los delirios mesiánicos, el consumo de enteógenos, la manipulación política, el juego de poder alrededor de la explotación de recursos naturales y las fantasías de una guerra santa están a la orden del día”.
“Estos personajes representan la esperanza en tiempos de desesperación, la posibilidad de un cambio significativo en un mundo lleno de injusticias y desafíos aparentemente insuperables. Su lucha contra el mal y su triunfo final inspiran a las audiencias y les ofrecen un escape temporal de las realidades mundanas”, un concepto que se aplica para estos tiempos de Semana Santa en la figura de Jesucristo.
Solo basta recordar las largas filas en los teatros, en las décadas de los 70 y los 80, para ver filmes comoEl Mártir del Calvario o Jesús de Nazareth, produccionesque aún hoy repiten los canales de televisión.
¿Por qué gustan?
Este rótulo de Mesías o salvadores se aplica perfectamente a las cintas de superhéroes, personajes dotados de cualidades extraordinarias, que hacen que los espectadores quieran ser como ellos, un tema netamente aspiracional. Tienen poderes sobrenaturales, inteligencia excepcional, valentía y arrojo, tal y como lo dice Supermanen su frase de batalla:“a luchar por la justicia”.
El psicólogo Juan Pablo Gallo Botero explica que este fenómeno ha sido muy estudiado por los psicoanalistas.
Carl Gustav Jung y Joshep Cambell, en algo que ambos han llamado el “camino o el arqueotipo del héroe”, que son imágenes culturales muy poderosas que cumplen con un ciclo en el que siempre premian la resiliencia humana, da esperanza y fe.
Enseñan que después de una caída hay un resurgimiento, algo con lo que las personas empatizan por sus necesidades afectivas.
“Inconscientemente nos identificamos desde el deseo, de saber que después de la caída hay una salvación, algo que enseña la iglesia católica, a partir de la vida de Jesús, y ese arquetipo se repite en casi todas las culturas, porque es una circunstancia humana que todos vivimos y ver una persona que consideramos más fuerte, más rápida o más inteligente que enfrenta esas situaciones nos alienta”.
Esos parámetro no solo están trazados en Dune, en las cintas de Jesús o en The Matrix, sino que funcionaron muy bien en producciones como El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo (2001), Star Wars: Episodio IV - Una nueva esperanza (1977), Harry Potter y la piedra filosofal (2001), Superman: El Hombre de Acero (2013), Avatar (2009), El Evangelio según San Mateo (1964), Moisés y los Diez Mandamientos (1956) y Los Diez Mandamientos (1956).