En poco más de una hora la actriz y cuentera Natalia Ramírez asume diversos papeles en Candela, su primer proyecto personal. Le bastan un cambio en la voz y en los gestos para pasar de ser la narradora a convertirse en la protagonista –Candela– o para adquirir la identidad de alguno de los personajes secundarios de este montaje escénico que toma elementos del teatro, la música y la cuentería. En el escenario, junto a Natalia, tres mujeres vestidas de blanco, descalzas —la actriz también lo está–, intervienen en la obra en calidad del coro o de intérpretes de la banda sonora de Candela. Esta obra tuvo un preestreno frente a menos de veinte personas en el teatro de la Corporación Cultural Vivapalabra, una casa del centro consagrada a la cuentería. Las funciones para el público serán el 24 y 25 de mayo en Casa Clown, a las siete y media de la noche.
Le puede interesar: “Que lo reemplace otro: renuncio a reemplazar a García Márquez”: David Betancourt
No solo sobre el escenario, Natalia tiene a su cargo distintos papeles. Lo mismo ocurre fuera de las tablas: es profesora, cantante, estudiante de un pregrado en gestión cultural y productora. Esa variedad de roles también aplicó en el caso de Candela. El texto base de la obra es suyo —dice ella, en una llamada telefónica—, inspirado en los testimonios sobre la barbarie que han recogido la JEP y los otros organismos encargados de juntar las fichas del rompecabezas del conflicto armado colombiano.
También ella fue la encargada de la producción de la obra y de buscar a los profesionales de luces, vestuario y música que trabajarían en llevar a Candela del mundo de los sueños al de las realizaciones. Aunque su caso no es excepcional –a fin de cuentas, muchos artistas asumen distintos oficios para hacer del arte una empresa posible–, sí deja ver una energía que se percibe fuera y dentro del escenario.