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Boxeo: una vida distinta para las mujeres de La Honda

Las fundaciones Mi Barrio Mi Sueño y Boxeo para la vida están transformando la vida de las mujeres a punta de boxeo.

  • Atrás, de negro, Verónica Vidales (izquierda) y Andrea González (derecha). FOTOS Jaime Pérez
    Atrás, de negro, Verónica Vidales (izquierda) y Andrea González (derecha). FOTOS Jaime Pérez
  • Boxeo: una vida distinta para las mujeres de La Honda
  • Boxeo: una vida distinta para las mujeres de La Honda
27 de julio de 2024
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Lo único que delata a Andrea es el acento, de resto nada. Ella se mueve por los pasadizos de La Honda con la soltura de cualquier vecino y como ellos, sabe lo que acontece en el barrio, lo bueno y lo malo. Pero habla y es evidente que no es de allí, ni de La Honda, ni de Medellín, ni siquiera de Colombia.

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Aunque si es colombiana, y también holandesa, porque Andrea González Duarte Van Der Leeuw, fue adoptada en Bogotá a finales de los años 80. Tenía apenas seis meses cuando se la llevaron del país, por eso es a la vez tan parecida y tan distinta. Es de aquí y es de allá.

–¿Cómo supo que era colombiana?

–Siempre lo supe porque mis papás son holandeses, tienen otro color de piel y yo desde niña empecé a preguntarles por qué mi color de piel era diferente y ellos siempre me decían que yo tenía otra mamá en Colombia, que me quería mucho y por eso me había permitido vivir con ellos. Entonces cuando cumplí 19 años quise saber más de mi familia y la busqué, dice Andrea.

Así llegó Andrea a Colombia, en 2008. No sabía español, pero pudo conocer a su familia biológica, a su mamá y sus hermanos mayores, que son cuatro, y con ellos esa parte de su historia, de su vida.

Supo que su mamá vivió por años en una relación de abuso, violenta, y cuando quiso salir ahí y darle una vida distinta a sus hijos, una mejor, no tuvo otra opción que salir a la calle a rebuscarse la vida, pero estaba en embarazo de Andrea, de ocho meses, y en una consulta el doctor que la atendió le sugirió que la diera en adopción.

A ella no le gustó esa idea en un principio, pero terminó cediendo porque tampoco había mucho más. Siempre quiso volver a encontrarse con su hija, saber si su vida sí había sido otra, mejor.

–¿Cómo recuerda ese primer viaje a Colombia a conocer a su familia biológica?

–No tengo palabras para explicarlo. Son todas las emociones de una vez, es feliz, triste, enérgico, miedoso, todo.

–¿Qué pasó después?

–Necesitaba volver a Holanda, necesitaba tiempo, tomar aire, entender lo que había pasado, cómo me sentía y para dónde seguir... Toda mi vida se puso patas arriba, porque ahora tenía dos familias, dos mamás. Necesitaba tiempo para reconstruir mi vida.

Entonces se devolvió a Holanda, entró a la universidad, estudió Deportes y Trabajo Social, siguió en contacto con su familia biológica, empezó a aprender español, pero finalmente se instaló con su novio en la isla de Curazao –una isla neerlandesa del Caribe–. Allá estuvieron un par de años, trabajando, hasta que decidieron venir a Medellín, a probar, a aventurar.

Aquí los cogió la pandemia y eso lo cambió todo. Porque Andrea, que ya venía con la idea de ser un puente, entre Holanda y Medellín, y ayudar a resolver las problemáticas de aquí con la solidaridad de los de allá, se unió a un grupo de personas que estaba repartiendo mercados en algunos de los barrios más pobres de la ciudad, entre esos La Honda en la Comuna 3 (Manrique), y fue allí, en una de esas jornadas, entregando mercados que escuchó el abuso a una mujer.

–Era una casa de madera y yo estaba tocando la puerta para entregar el mercado y lo escuché, y con eso creo que todos mis traumas se despertaron...

–Es su historia, la de su mamá..

Boxeo: una vida distinta para las mujeres de La Honda

–Sí, eso tocó mi corazón y me quedé pensando: ‘Ey, yo necesito cambiar las cosas ¿en qué mundo estamos? Somos capaces de ir a la luna pero no de trabajar en más igualdad, en los niños’. Eso cambió mi vida. Ese día yo estaba con Diego y él me contó que tenía un grupo de boxeo, Boxeo para la Vida, y pensé, ‘ese es mi propósito de vida, yo tengo que hacer clases para los niños y las niñas, pero especialmente para las mujeres’, por eso nació Mi Barrio Mi Sueño.

Andrea sabe bien que ella pudo ser cualquiera de esos niños de La Honda, o de cualquier barrio popular. Lo único que la diferencia realmente es la decisión de su mamá de darla en adopción, eso cambió todo, y eso es lo que ella quiere hacer ahora, cambiarlo todo, pero de otra manera, desde el barrio, desde el boxeo.

Mi Barrio Mi Sueño se enfoca en la ayuda humanitaria y el empoderamiento continuo de niños y mujeres vulnerables en barrios desfavorecidos de Medellín a través de espacios seguros. Nuestro enfoque incluye educación, empoderamiento, empleo, alimentación y deporte para brindarles las herramientas necesarias para que tengan oportunidades y logren una mayor igualdad”, dice en la página web de la fundación.

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Para eso ofrecen clases de boxeo, de inglés y de manualidades –dónde se reúnen las mujeres, todas madres cabeza de hogar, a hacer manillas y accesorios para vender– y talleres para hablar de derechos, de violencia, del ciclo menstrual, en fin, de cosas que son importantes para las mujeres.

Son cerca de 90 personas, entre niños, niñas y mujeres, los que asisten a las clases y a los talleres de la fundación.

–¿Por qué boxeo?

–Porque ayuda a fortalecer el cuerpo y la mente. En boxeo aprendes a conocer tú cuerpo, sabes de lo que es capaz. Nosotros siempre estamos pensando que no podemos, que no somos capaces de hacer muchas cosas, pero sí podemos. Si puedes cambiarlo con tú cuerpo, te estás demostrando que también puedes con la mente, que eres capaz.

El boxeo es para la vida. Eso lo saben bien Diego Beltrán, Johan Vásquez y Verónica Vodales, por eso escogieron ese nombre para su club.

Ellos tres empezaron en el boxeo por una fundación que cualquier día llegó al barrio.

–Yo los veía desde mi casa y decía, ‘ay que bacano’, hasta que un día me dio por venir y preguntar si podía entrenar y me dijeron que sí y empecé, dice Verónica.

–¿Por qué le llamó la atención el boxeo?

–Primero lo vi como un mecanismo de defensa, porque como muchas mujeres he sufrido algún tipo de violencia. Después lo fui asumiendo como un estilo de vida, y notaba que al golpear el saco la ansiedad y la tristeza se me calmaban. Salía súper relajada, cansada pero feliz. El entrenamiento dio mucha tranquilidad, era algo que hacía mucho tiempo no sentía, desde niña.

Las clases eran tres días a la semana, pero Verónica iba a entrenar todos los días. Cuando no estaban los profesores entrenaba sola o con otros compañeros.

La entrega por el boxeo era total, pero la fundación que se encargaba de las clases se fue como llegó, de repente, y dejó todo, los implementos, los guantes, los sacos, y las ganas de muchos vecinos del barrio de ser boxeadores.

Entonces Diego, Johan y Verónica pidieron permiso para seguir usando las cosas y entrenar por su cuenta, entre ellos, pero mientras entrenaban los niños del barrio que los veían se empezaron a entusiasmar con el boxeo, y les pidieron que les enseñaran. Así empezó, en 2020, Boxeo para la Vida.

Hoy tienen cerca de 80 integrantes, de esos, más de la mitad son mujeres. Además, son los aliados de la fundación de Andrea, ellos se encargan de las clases de boxeo, que están a cargo de Verónica, que más que entrenadora es un referente de las niñas y del barrio.

Verónica llegó a La Honda hace 21 años. Llegó con su familia, que había sido desplazada de Betulia. En ese entonces el barrio apenas empezaba a construirse con un montón de familias que había corrido casi todas la misma suerte: la violencia, el desplazamiento, perderlo casi todo y volver a empezar donde no había casi nada.

–Este barrio fue fundado por personas desplazadas del Urabá, de Dabeiba, de varios municipios de Antioquia, incluso gente que desplazaban de la propia ciudad. Cuando yo llegué aquí esto apenas se estaba construyendo, la tierra era puro pantano amarillo, no había transporte, los buses estaban muy deteriorados y solo llegaban hasta cierto sector de La Cruz.

Boxeo: una vida distinta para las mujeres de La Honda

Verónica tenía apenas 9 años cuando llegó. El boxeo apareció mucho después, cuando tenía 24. Hoy tiene 30 y ya es selección Medellín y selección Antioquia. Ganó su primera pelea por knock out, cuando recién había empezado a entrenar, y sueña con ir a unos Juegos Olímpicos a representar a Colombia.

Si alguien sabe lo bueno que puede ser el boxeo para la vida es ella. A ella ese deporte le cambió la vida.

–Al principio muchas personas me decían que boxeo no, que me iba a ver como un macho, que me iban a desfigurar la cara, que por entrenar me volví aburrida, que ya no salía. Muchas personas se alejaron de mí porque me enfoque mucho, el boxeo se volvió un estilo de vida.

–¿Qué le gustaría lograr en su carrera deportiva y con la fundación?

–Me sueño con los Juegos Olímpicos, pero también sueño que en mi territorio, acá en La Honda haya más espacios y oportunidades para nosotras las mujeres. Que sigan creciendo más lideresas, porque hay muchas personas muy adultas que tienen otras miradas. Los jóvenes acá en la comuna han sido muy excluidos, entonces me gustaría que nosotros, los jóvenes y sobre todo las mujeres, tengamos más de estos espacios de empoderamiento e igualdad. Pero en este momento lo que más anhelo es tener un espacio propio para la fundación.

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–¿Cómo describiría lo que ha sido el boxeo para su vida y la de otras niñas y mujeres que usted entrena?

–Es una herramienta de transformación muy poderosa. Muchas de ellas me dicen ‘profe, es que yo con el boxeo tengo disciplina, ya sé qué quiero en la vida, me siento una mujer segura, me amo, creo en mí’. Me agradecen mucho y me dicen que quieren seguir mis pasos, muchas quieren formarse para enseñar.

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