Beetlejuice, cuya traducción literal es “jugo de cucaracha”, hace referencia a un fantasma bastante irreverente que se volvió un icono del cine de culto, gracias a la cinta que se estrenó en 1988 y de la que este jueves 5 de septiembre se lanzó la secuela.
Beetlejuice, que es interpretado en la pantalla grande por Michael Keaton, es un personaje de la ficción creado por el libretista Michael McDowell, que le dio al personaje esa visión oscura y humorística, que el director de cine Tim Burton supo plasmar muy bien con elementos góticos y extravagantes.
El Beetlejuice no hace parte del imaginario popular o es un mito urbano, tal como si sucede con muchos personajes del mundo del género del terror, como pueden ser los vampiros, los zombies, los demonios o ciertos monstruos.
A la hora de definir el término Beetlejuice, los realizadores explican que es un bio-exorcista, un fantasma travieso y cómico que ayuda a los espíritus a asustar a los vivos y generar caos para que abandonen las casas que habitan los espíritus. De cierta manera, utiliza su encanto y su poder para convencer a los vivos de hacer lo que él quiere.
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El traje a rayas verticales blancas y negras es un reflejo de su caos interior y su amor por lo extravagante. Los colores llamativos, las rayas y los patrones extraños ayudan a crear una imagen visualmente impactante y memorable.
El maquillaje de Beetlejuice, con su piel pálida y sus ojos oscuros, complementa el traje y le da un aspecto más siniestro.
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Precisamente, esas características le valieron el Oscar a mejor maquillaje y fue nominada a dos premios BAFTA, por mejores efectos especiales visuales y maquillaje.