¡Llegó carta! ¡Llegó el cartero! Dos frases que algunas décadas atrás hacían parte de la cotidianidad de los hogares del mundo. Poco a poco, la tecnología reemplazó eso tan del día tras día que llegaba cargado de buenas o malas noticias. Mensajes de amor, de felicitación, de ternura. Notificaciones. Bienvenida al niño recién nacido, festejo por aniversario, anuncio de un premio. Mensaje de muerte. O de enfermedad. Despedida amorosa contundente, regaños y halagos. Sí, cartas. En papel, a veces tan sencillo como el Bond; otras, en Kimberly o en mantequilla y seda. Algunas llegaban con bella caligrafía, otras, con letras garabateadas. Todas, cargadas de sentido. Sí. La carta. Y en ella se entregaba un poco el alma. Escribirla, buscar el bolígrafo indicado. ¿Tinta azul, negra, roja? ¡Sorpresa en morado! O el lápiz con fina mina y sacapuntas a la mano.
Hay quienes se lucían y ponían especial esmero. El envío de una foto. El recorte de una imagen de revista. La flor seca o una suave hierba. El sobre de colores caprichosos. Las esquelas. Todo esto podía hacer parte de ellas, las cartas.
Generación habló con el artista antioqueño Tulio Restrepo Echeverri. A él lo hemos visto cargado de correspondencia. Y no porque sea cartero, sino porque una parte de su obra plástica tiene que ver con el llamado “Arte por correo”, “Arte por correspondencia”, “Arte Postal” o “Mail Art”. Un artista urbano, cuya obra ha sido destacada en múltiples exposiciones, como una que realizó hace algunos años en la sala de arte de la Universidad Nacional sobre otro de los temas que lo ha desvelado, las señales en vías principales y secundarias, en paredes, muros y puentes. Tema que, sin duda, conecta con su “Arte Postal”, desde otra dimensión. Así, esa es una parte de su obra, y la otra, la de las cartas hechas con arte y por el arte, viene desde los años ochenta. De ella hizo dos muestras, en la Sala de Arte de Eafit y en el Museo de Arte Moderno de Medellín. Presentó a los espectadores los más diversos papeles, todos con mensajes únicos y desconocidos. Todos narrando una historia social, política, económica, sentimental. El sobre impecable, el de colores, el disparatado, el lleno de esquemas o con delicados dibujos. La carta en papel rayado o cuadriculado, en blanco, en tonos diversos, rosa, azul, lila...
Sí, esa es su historia personal hecha carta, hecha “Mail Art”.
¿Cómo funciona? Tulio recuerda que todo comenzó en 1982. Y es justo cuando dice que le abrió los ojos su profesor de Diseño Gráfico en la Universidad Pontificia Bolivariana, el maestro Carlos Echeverry, artista conceptual colombiano, quien le habló sobre este arte que andaba por los correos del mundo impactando los más diversos escenarios. Por esa época se realizó en Medellín el inolvidable Coloquio de Arte No Objetual, uno de los eventos que marcó definitivamente la plástica de esta ciudad y que, también, a Tulio lo marcó en su historia de artista e investigador cultural.
“Nos abrió un mundo”, dice recordando aquellos años tan difíciles, que iniciaban un periodo de los más violentos en Antioquia y en Colombia, y, también, en América Latina. Algunos artistas decidieron expresarse a través de correspondencia, muchos de ellos porque eran perseguidos por sus gobiernos o porque temían hablar en exposiciones demasiado abiertas. Así, unos a otros se enviaban sobres con mensajes políticos, sociales, con estéticas irreverentes o de difícil interpretación; con textos, con recortes de prensa o de revistas. Todos tenían una carga. Una emoción. Una intención. Unos énfasis específicos.
Con Tulio, recordamos el género epistolar, recordamos las cartas recuperadas de artistas y escritores por las cuales hemos podido descubrir la esencia de su ser y de su obra. Recordamos, también, que el correo es muy antiguo. Imaginamos a los indígenas en largas caminadas llevando un objeto o un mensaje -mandato, consejo- de palabra. Imaginamos la correspondencia en barcos, la imaginamos transportada por camellos y caballos. O, incluso, pensamos en las señales de humo y en los sonidos de tambor.
Eran –son– formas de comunicación humanas, demasiado humanas. “El correo es un sistema que mueve la cultura, y que ha permitido la evolución de la humanidad”, señala Tulio, quien explica que esto del “Mail Art” es una acción, es un performance. Allí “viaja la vida”.
La carta que Tulio envía con un grabado, un dibujo, un texto, puede ser transformada por la persona que la recibe y reenviársela a él con su propio sello. Así, en su trabajo está el trabajo del otro, se encarna su espíritu, habita lo material e inmaterial.
Tulio es una especie de “navegador de América Latina hacia el mundo”. Ha logrado movilizar miles de archivos en los más diversos formatos. El soporte del papel es fundamental, también, claro, la tecnología virtual.
A lo largo de la historia plástica de Tulio el tema de la comunicación y el intercambio le ha dado vida a su trabajo, bien en instalaciones, pinturas, grabados o performances, que es donde en realidad se inscribe el “Mail Art”.
Tulio comparte esta frase dicha por un experto, el artista Guy Bleus (Bélgica): “Los Artistas Correo no distribuyen su arte vía galerías oficiales, sino por la vía de la red ‘alternativa’ planetaria. La existencia y el trabajo del Arte-Correo retorna a una antigua forma de trueque. Es una primitiva estructura de cambalache de arte libre y directo sin nuestro clásico medio de intercambio artístico, el fetiche “dinero”: citado en la Revista Escaner.
Y recuerda también a Mark Bloch cuando dice que la dirección es el arte, ya que es una obligación dar en todas las exposiciones la dirección postal de los participantes del “Mail Art”...
El apartado aéreo es un museo efímero por donde las obras pasan”, dijo Tulio Restrepo al presentar Postdata, exposición realizada en 2008 en el Centro de Artes de la Universidad Eafit. Una convocatoria hecha por él en la que participaron 150 artistas de 30 países. Algunas obras llegaron por correo físico, otras por internet, que Tulio Restrepo –artista y convocante– Imprimió.
Un arte vital, un movimiento que está vivo en el mundo. ¡Sí. Llegan cartas!I