Andrea Echeverri: 55 años de rock, maternidad y derechos femeninos
La vocalista de Aterciopelados y una de las mujeres más destacadas en la historia del rock colombiano cumple 55 años. Foto: Colprensa
Aterciopelados fue la primera banda colombiana en ser nominada a los premios Grammy. Foto: Colprensa
Haters, nuevo sencillo del grupo, se basó en un episodio de críticas que recibió la banda tras su aparición en los Grammy Anglo 2019. Foto: cortesía Aterciopelados
Ante tantas formas que ha asumido la violencia en Colombia, Aterciopelados ha ofrecido canciones, un montón de colores y palabras que no han conocido de auto censura.
Lo que creyeran justo defender, como los derechos de la mujer tras siglos de opresión femenina, lo han asumido de frente y han dejado constancia de ello en sus discos. Pronto, el grupo estará estrenando una serie de canciones con la JEP.
Andrea Echeverri, quien está recibiendo 55 años de vida, ha sido la versión más honesta de sí misma al llevar esos mensajes. Honró la maternidad cuando atravesó por ese proceso con su hija Milagros hace ya casi dos décadas y en Ruiseñora, proyecto en solitario hecho enteramente por ella, le dio forma a un universo que giraba en torno a la figura femenina y su dignidad.
Hace poco estrenó Haters con Aterciopelados, una canción en contra de violencias digitales, aunque no menos importantes. Cuando escogió ir vestida de gramófono a los Grammy 2019, le llovió odio, simplemente por haber tomado la decisión de usar una prenda de ropa que, para ella, era divertida.
EL COLOMBIANO habló con la cantautora insignia del rock en Colombia y quien desde hace tres décadas se transformó en muchísimo más que una Florecita Rockera:
¿Es de esas personas que celebra mucho los cumpleaños?
“Cumplo 55 años, creo que yo pensaba que de 55 años nadie ni siquiera llegaba vivo. Ay, no, tenás. Además este año es muy raro, ¿no? Eran 25 años de El Dorado y todavía estamos aquí, sin entender, como con esta sensación de impotencia.
Tengo muchos recuerdos de cumpleaños que me tocaron cantando o grabando, esos me gustan. Finalmente en la vida de un artista que se la pasa vaya va allá y venga pa’ acá, con una cantidad de compromisos, al final depende de eso. Recuerdo que un 13 de septiembre estábamos tocando en Barcelona, me llevaron el ponqué al camerino y estuvo regio. Recuerdo otra vez que estuve grabando en groove, estuve grabando una versión en vivo que hice de la canción Florence del disco Ruiseñora. Hubo como 15 chicas, 13 cantantes y 2 percusionistas. Eso también fue un 13 de septiembre”.
Yendo hacia atrás, a esa época cuando Aterciopelados era Delia y Los Aminoácidos y se presentaban en el Bar Barie, ¿cómo fue para desarrollar esa voz en cuanto a lo que quería decir y llevar los mensajes que quería apoyar?
“Hace 30 años, ¿qué mensajes tenía uno claros? Porque claro, hay mensajes que se van desarrollando y construyendo. Yo recuerdo haber leído a Simone de Beauvoir y a Virginia Woolf en la universidad. Ahí como que yo ya tenía unas cosas claras que, además, tenían mucho que ver con mi vida. Yo siempre había sido más niño que niña, entonces a mí me gustaba ir por ahí sucia, cogiendo bichos. A mí me gustaba la acción. Entonces leerle a Simone de Beauvoir que los tacones y el corsé y la uña larga eran maneras de tener a las mujeres sometidas, ¡eso me encantó! ¡Era lo que quería oír!
Entonces en esas épocas de los bares, eso fue muy intenso. Fue muy hermoso, también doloroso. Ahí fue que yo me enamoré de Héctor y me fui a vivir con él, que eso ya en esa época era terrible. ¿Cómo así que no se casa? ¿Y ese chico de qué familia es? ¿En qué barrio es que vive? Eso fue un estallido cuando yo dije que me iba a vivir con él y que me llevaba unas cobijitas porque no teníamos mucha plata. Eso fue revolución tras revolución. Además tener un bar, para mí que era gomelita (liberal y que tales pero gomelita al fin y al cabo), fueron muchos aprendizajes.
Me acuerdo, por ejemplo, cosas que aprendí en ese momento y que después me han servido como a vestirse uno. Era un bar y de miércoles a sábado abríamos y había que ponerse una pinta y demás. Empezar a ver qué es lo que a usted le gusta, cómo quiere verse, qué mensaje quiere dar. Eso era chévere, y empezar a cantar, a componer y sentarnos con Héctor e inventarnos letras.
Una de las primeras que se llama El Ángel Trasboca, porque yo tenía influencias de art noveau, pop y de pronto kitsch, a mí me gustaban los ángeles, me encantaban. Después conocí a Héctor que estaba todo lleno de taches, bizarro y aportó también esa estética. Son momentos en el que era aventura irse de su casa, enamorarse de un hombre, ver si con el bar pagábamos el arriendo. Fueron épocas muy hermosas. No eran fáciles, tampoco difíciles, intensas y explosivas, enriquecedoras”.
Aterciopelados fue la primera banda colombiana en ser nominada a los premios Grammy. Foto: Colprensa
El respeto a la mujer ha sido una de sus máximas y el pensamiento de Simone de Beauvoir y Florence Thomas han estado presentes en este camino como mujer, ¿ha encontrado otras mujeres artistas que reafirmaran sus convicciones?
“Puede que no estemos hablando de feminismo, pero por ejemplo Beatriz González. Recuerdo que como en segundo semestre hubo una retrospectiva de Beatriz en el Museo de Arte Moderno y eso para mí fue impresionante. Eso era lo que yo quería ser y hacer, porque me empecé a enamorar del pop y había esos muebles de metal que ella pintaba con imágenes religiosas. Había un baño y el tema era la Venus de Botticelli, pero entonces todo era parte del diseño y de la propuesta estética. De todo eso yo hice versiones en algún punto y creo que las sigo haciendo. Así como el mismo Andy Warhol, pero Beatriz es de uno, de su cultura y no pone la lata de sopa que uno nunca ha visto en su vida. Después de ella ya todo pasó, todo se hizo. La amo mucho.
Otro encuentro importante con mujeres fue con Mercedes Sosa. Eso debió ser en el 99 o en el 2000. Era una cumbre en Panamá de Naciones Unidas y tenía algo que ver con la infancia, aunque no lo recuerdo bien. Había una cantidad de gente, me acuerdo que estaba la niña Mencha, Alejandro Lerner, Tania Libertad, doña Mercedes, León Gieco, Víctor Heredia. Eso era un gentío y pues claro, yo era florecita rockera. Llegué ahí y verla a ella, esa presencia, ese peso. Me encantó. Creo que en ese momento empecé a decir: “tiene que haber algo más que Florecita rockera”. No que antes fuera menos, pero son de esos momentos en los que uno dice que hay que escribir más canciones que nos recuerden lo que hacía Violeta Parra. Ella es otra que podemos mencionar con una admiración y un respeto profundos”.
Ha escrito muchas canciones sobre temáticas feministas, abogando por las mujeres. Muchas de ellas son nacidas del amor, del respeto o el valor. ¿Alguna vez ha escrito sobre feminismo desde el miedo?
“Yo creo que soy muy afortunada y he estado muy bien rodeada de hombres chéveres, entonces creo que no he sentido miedo. El asunto es que a veces para escribir canciones uno se va a otro lugar, casi una cosa actoral, no es desde su vida. La mayoría yo las escribo desde mi vida, pero hay veces en que sumercé se va a otro sitio. En estos días hemos estado trabajando unas canciones que vamos a sacar con la JEP que tienen que ver con violaciones.
A mí me han pasado cosas pero pequeñas, como cuando uno era chiquito y estaba esperando el bus del colegio y algún desgraciado que lo hacía sentir a uno a morir, pero no he sido víctima de las cosas que a diario y a cada ratico son víctimas tanto mujeres como niñas. Gracias a Dios no he sentido eso, pero uno sí como que escucha la historia y de alguna manera sí se conecta con ese sentimiento tan horrible. Desde ese lugar sí he escrito. Por ejemplo, una canción que escribí sobre los desplazados que se llama Errante Diamante, eso fue de ver familias en el semáforo. Yo en mi carro de gomela, pero uno ve a esa gente y siente dolor, se imagina el cambio de vida que tuvieron.
Son lugares de una persona que ha sido favorecida y que está en un lugar increíble en su vida, pero que ve realidades que la conmueven. También está el ejemplo de la canción que hice de los falsos positivos, que me mandaron todas las entrevistas por video y yo lloré mis ojos con todas esas entrevistas. No he vivido esos horrores, pero los he visitado y me parece importante que sean parte de mis canciones. Así uno esté en un lugar muy cuidado y lleno de ventajas, incluso desde ese lugar uno tiene que hacer conexión con la otra realidad y tiene que hacer que la gente la sienta y se sienta triste como uno”.
Haters, nuevo sencillo del grupo, se basó en un episodio de críticas que recibió la banda tras su aparición en los Grammy Anglo 2019. Foto: cortesía Aterciopelados
En cuanto a sus hijos, Milagros y Jacinto, ¿cómo ha sido para educar bajo su pensamiento y educar en igualdad?
“Yo muchas veces, como mamá, me siento como mala mamá. Primero porque la mayoría de tiempo estoy de viaje y cuando estoy acá me meto en el estudio a hacer canciones. No es que no esté con ellos nunca, pero todo el tiempo tengo esta división de que le estoy robando el tiempo al otro. Ya sea a la música, la cerámica o a mis hijos.
Creo que es una sensación muy contemporánea de las mujeres que se deciden a tener familia y al tiempo tienen, porque ya no es que sea una decisión, que tener una carrera y trabajar. Nuestras mamás no fueron así, se podían quedar en la casa e iban con uno a hacer el mercado. Ahora uno no puede ni hacer mercado, es una locura de vida como en tres dimensiones y a uno le gustaría tener clones para suplir.
Creo que, de todas formas, ellos son espectadores de mi trabajo. Ellos van a mis conciertos, oyen mi música. Mily es fan de Aterciopelados, creo que ahí la hice y además es feminista brava. Cuando uno está en una familia hay muchas peleas y muchas tensiones, entonces usted en algunos momentos decide pasar de agache porque si usted es incisivo en cada detalle, eso es pelea tras pelea. Yo muchas veces me hago la loca, pero ahí está Mily defendiendo la causa. Jaci es un adolescente, reguetonero y futbolero, la vaina por ahí apenas comienza. Entonces yo no voy a dar clases de crianza porque me rajo, además eso no viene con instrucciones y de verdad es un drama, una crisis. Hay dificultades, pero también hay bellezas muy profundas. La adolescencia ya es otra historia y yo estoy inmersa en ella”.