Ante una crisis excepcional como esta pandemia, cualquier acción con miras a reforzar la capacidad del Estado para ofrecer soluciones en materia sanitaria, social y económica parecía útil. Por eso, como pidió el exministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, en Semana, dos días antes de decretarse la cuarentena; y como piensa el director de Ciencias Políticas de la UPB, Carlos Builes, rodear durante este periodo a Iván Duque con los 28 años de experiencia presidencial que suman los 5 exmandatarios vivos (César Gaviria, Ernesto Samper, Andrés Pastana, Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos), era más que pertinente.
De lo ideal a lo improbable
“¿Cuál es el rol de los expresidentes en una nación?”, interroga Builes. “Lo primero –responde– podría ser propiciar espacios de experiencia en momentos de crisis institucional, tragedias o emergencias. Porque a todos les ha tocado vivir sus propias tragedias. Por eso creo que los expresidentes podrían haber actuado como una especie de grupo de altos consejeros con el presidente Iván Duque”.
El analista político del Externado, Carlos Arias, destaca el ejemplo de Estados Unidos, donde en circunstancias extremas se conforman temporalmente comités de asesoramiento de expresidentes. Sucedió, por ejemplo, tras los atentados terroristas del 11 de septiembre.
En Portugal, por citar otro caso, tuvo amplia repercusión la postura del líder del partido opositor de derecha Rui Río, quien públicamente le manifestó al presidente socialista António Costa su respaldo para ayudarlo a construir un presupuesto que respondiera a las necesidades de la nación.
Sin embargo, aunque Arias estima que “en términos generales los comités de asesoramiento de expresidentes son valiosos”, cree que en Colombia, ni siquiera bajo la coyuntura actual, sería viable esa figura.
“Dadas las dinámicas y la cultura política existente, más los intereses que cada uno de los expresidentes maneja en términos electorales, de posicionamiento mediático o burocrático, esa asesoría para el caso de Colombia seguramente estaría viciada o cargada de intereses que enrarecerían aún más las posiciones del presidente en ejercicio”, considera el analista.
Concepto que apoya Cristian Rojas, director del programa de Ciencias Políticas de la Universidad de la Sabana, quien asegura que las relaciones irreconciliables entre Uribe y Santos o Samper y Pastrana acabarían generando más ruido y más polémica mediática que lo que realmente pudieran aportarle a la labor del presidente.
Bajo la imposibilidad de que ocurriese –o suceda– este escenario, queda entonces revisar de manera individual cuál ha sido la postura de cada uno de estas cinco figuras políticas.
Primero, César Gaviria, quien para el analista Carlos Arias ha asumido un papel de mero espectador “que al acecho ve las necesidades de gobernabilidad del presidente para entrar a respaldar o negar de acuerdo a los intereses personales y de su colectividad”.
Similar situación para Andrés Pastrana, quien –para Rojas y Arias– pretende mantenerse vigente en la agenda política del país, lo cual requiere, piensan, de una buena relación con el mandatario.
En cuanto a Uribe, Santos y Samper sí han ejercido roles muy diferentes uno al otro. El jefe del Centro Democrático, según el académico Carlos Builes, se convirtió en una figura pública secundaria en medio de la emergencia, “bien sea por estrategia o porque su imagen entre la opinión pública es hoy más baja que nunca”. Según la firma Invamer, la imagen desfavorable de Uribe en diciembre de 2019 alcanzó el 66%.
Santos, por su parte, reforzó su presencia como líder internacional, entre otras cosas, porque su nombre en el país aún genera división.
Rojas piensa que el antecesor de Duque ha optado por moverse en la agenda internacional porque su ejercicio en la presidencia le demostró que no necesariamente su influencia política se nutre de “su vigencia mediática local”.
En sus intervenciones recientes, Santos ha lanzado, por ejemplo, duros juicios contra Donald Trump y sus ataques a la OMS, así como ha criticado la tendencia de gobiernos como el brasileño y mexicano de desconocer la evidencia científica.
Finalmente, el gran opositor, por así decirlo, ha sido Ernesto Samper. Asiduo participante en encuentros políticos virtuales de agenda progresista, ha seguido con mirada crítica cada decisión no solo de Duque sino de la alcaldesa bogotana, Claudia López.
Posición marcada por la distancia con el actual Gobierno que, cree Rojas, “ha permitido unos discursos y pronunciamientos que no iban a compartir los demás expresidentes y por eso sería difícil que hubiera una especie de asesoría coordinada”.
Dijo al inicio de la emergencia el exministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, que si los cinco exmandatarios apartaban sus egos y se situaban detrás de Duque como soporte, tras un periodo especial de seis meses, Colombia tendría mejores oportunidades de “cruzar al otro lado de esta crisis”.
Apenas va la mitad de ese plazo, así que, en teoría, los predecesores de Duque tendrían tiempo para rodearlo de una forma diferente.