Hugo Ronald Ramos tuvo que empacar su vida en una maleta de 32 kilos. Las amenazas de muerte lo obligaron a exiliarse en España. Su labor como líder de la población LGBTIQ+ en el departamento de Sucre fue intolerada por los grupos armados ilegales y hasta por un miembro de la Fuerza Pública.
“En Colombia quedó mi corazón: que son mi mamá y mi gata Lupe. Me preocupa mi madre y su vejez, ahora está solita. Yo soy su mejor amigo”, dijo Ronald desde su habitación en la ciudad española de Sevilla.
Ronald tiene 44 años y ahora se dedica a cargar cajas y hacer inventarios en una sucursal de la multinacional Ikea. Hasta hace un año y medio era uno de los líderes LGBTIQ+ más activos y reconocidos en la Costa Atlántica.
En las calles de Sincelejo él era una especie de padre para la población diversa.
Les gestionaba becas para educación o emprendimientos, implementaba proyectos pedagógicos contra la discriminación sexual y de género, acompañaba programas de prevención de enfermedades de transmisión sexual y hasta creó el Reinado Nacional del Fandango Trans. Hacia 2010 fundó la organización Sucre Diversa.
Fue uno de los primeros en atreverse a organizar una marcha del Orgullo en ese departamento. Salieron 30 personas y 60 policías.
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“Fue muy intimidante porque nos rodearon el doble de policías con sus bastones y, atrás, nos seguían de cerca las tanquetas. Aun así sacamos nuestras banderas de colores. Algún día teníamos que salir”, recordó Ronald.
Este 30 de junio, cuando el mundo LGBTIQ+ se reunió para conmemorar el Pride, Ronald acompañó la marcha de sus amigos de Sincelejo a través de una videollamada.
Su labor empezó a incomodar a los distintos grupos armados ilegales desde 2015. Aquella vez denunció el asesinato de cuatro mujeres trans en el municipio de San Marcos.
“Cuestioné la capacidad del alcalde de entonces para detener los asesinatos. Allá había cinco mujeres trans y cuatro de ellas fueron asesinadas. Es que los grupos armados las obligaban a transportar droga entre sus senos. Las convirtieron en un instrumento de su guerra y sus negocios”, señaló Ronald.
Esa denuncia bastó para que a ese municipio se desplazara una comisión de la Defensoría del Pueblo y de la ONU. También para que a su Fundación llegara un panfleto amenazante de las denominadas Águilas Negras. Le ordenaron cesar sus actividades.
Desde entonces le asignaron una camioneta, un casco, un chaleco antibalas y el acompañamiento ocasional de dos patrulleros de la Policía.
“La violencia era tan extrema que en ocasiones tuvimos que cancelar eventos por amenazas de muerte. La hostilidad no era solo contra mí, sino contra los colaboradores. A veces dejaban 200 panfletos en el pueblo marcados con nuestros nombres”, recordó el líder.
Ahora, entre risas, cuenta que llegó a tener una colección de panfletos y de amenazas en su contra. Cada actividad incomodaba a un actor diferente. La más dolorosa –y la que lo obligó a exiliarse– provino de un agente de la Policía.
–Después de soportar tanto, ¿qué intimidación lo hizo salir del país?
–El miedo vino cuando las amenazas fueron de quienes, se supone, debían cuidarme. Un policía.
Para la Semana de la Diversidad del 2022, a Ronald se le ocurrió pintar un tapete gigante en forma de mariposa sobre el patio trasero del teatro municipal de Sincelejo. Había música. La población LGBTI y otros grupos poblacionales se unieron a la iniciativa.