Este lunes, en el Juzgado 10 Penal del Circuito de Bucaramanga, se registrará una escena inédita en el país: un candidato presidencial con opción de pasar a segunda vuelta estará sentado en el puesto de los acusados por un escándalo de corrupción.
El controvertido ingeniero Rodolfo Hernández, a quien los sondeos de intención de voto ponen de tercero –por encima del dos veces aspirante Sergio Fajardo–, está citado a una audiencia preparatoria de juicio por el escándalo de Vitalogic.
Se trata de un expediente relacionado con el manejo de basuras en Bucaramanga que la Procuraduría suspendió, lo terminó sacando a él de la Alcaldía y dejó a uno de sus hijos, Luis Carlos Hernández, imputado –al igual que su padre y otras seis personas– por supuestamente hacer lobby a favor de esa firma a cambio de una comisión de éxito de 1,5 millones de dólares.
Hernández, el candidato, siempre ha dicho que es inocente y que se trata de una persecución política, pero hasta su esposa, Socorro Oliveros, terminó salpicada pues –según Cuestión Pública– compró dos propiedades en Estados Unidos (entre 2016 y 2017) justo después de que su hijo, con la supuesta anuencia de su esposo, pactara con Vitalogic un acuerdo para quedarse con un contrato estipulado en $570.000 millones a 30 años.
Ese escándalo, que permea a su familia y que este lunes lo sienta ante un juez, se registró mientras gobernó la capital de Santander (2016-2019) y fue, junto a la cachetada al entonces concejal Jhon Claro por acusarlo de tener “rabo de paja”, una marca de su mandato.
EL COLOMBIANO revisó con fuentes de la ciudad, estadísticas oficiales y expedientes judiciales cómo fue el mandato de Hernández, al cual renunció en septiembre de 2019 cuando le faltaban 112 días para finalizar el periodo para el que fue elegido (tras ser suspendido por la Procuraduría por supuesta participación en política) y por lo que su mano derecha, Manuel Francisco Azuero, quedó de alcalde.
A Hernández, a quienes unos llaman “empresario excéntrico” y otros califican de “controvertido, pero eficiente”, ganó la Alcaldía de Bucaramanga el 25 de octubre de 2015 –para comenzar periodo el 1 enero de 2016–, aunque ni él mismo parecía convencido de la victoria que logró con tan solo 4.470 votos de diferencia.
De acuerdo con varios de sus allegados, ese día Hernández se enteró del triunfo electoral, que de entrada rompió con una hegemonía de tres décadas del Partido Liberal en Bucaramanga, mientras estaba en Bogotá camino a Estados Unidos a un examen médico rutinario.
El movimiento que lo avaló fue bautizado Lógica, ética y estética, su símbolo era el signo del número Pi –el mismo que usa ahora en su campaña presidencial con la Liga de Gobernantes Anticorrupción– y fue ideado por el hermano con el que, tras su paso por la Alcaldía, nunca volvió a hablar: Gabriel.
Pero más allá de que su forma de gobernar lo alejó del hermano que lo ayudó a cimentar las bases filosóficas de su movimiento político, Hernández tuvo un mandato que es recordado por escenarios opuestos que van desde el escándalo de Vitalogic hasta el saneamiento de las cuentas públicas: recibió un déficit de $236.000 millones y culminó con un superávit de $48.000 millones.
Además, mientras gobernó mantuvo una imagen favorable alta, lo que contrasta con la disparada del pesimismo en sus tres años largos de mandato. También le dio para despolitizar la relación Concejo-Alcaldía-contratistas, así como para dejar un problema de informalidad que ni su sucesor, Juan Carlos Cárdenas –afín al ingeniero– tampoco ha podido subsanar.
De acuerdo con el Poll de Invamer, en febrero de 2016 –cuando Hernández sumaba su primer mes de mandato–, el 59 por ciento de los habitantes de Bucaramanga sentía que las cosas estaban mejorando. Ese mismo indicador cayó hasta el 30 por ciento en agosto de 2019, caundo solo le faltaba un mes para renunciar al cargo.
Pero ese pesimismo contrasta con la aprobación a la gestión de Hernández como alcalde. En febrero de 2016 tenía ese indicador en el 79 por ciento, mientras que en diciembre de 2019 –con dos meses ya por fuera del puesto– se subió hasta el 84 por ciento.
Y los datos de su gestión –revisados a fondo por EL COLOMBIANO para saber cómo le fue en esa alcaldía ahora que las encuestas de intención de voto le dan un tercer lugar entre los aspirantes presidenciales– son igual de opuestos.
“Durante su administración se sanearon las finanzas públicas, por ejemplo, pero aumentó la pobreza y disminuyó la clase media”, precisó Johana Cárdenas, directora del programa Bucaramanga Cómo Vamos.
Y Miguel Ángel Pedraza, analista y columnista de Vanguardia, añadió que Hernández “dejó crecer la informalidad, aunque hizo un gabinete independiente y mejoró los procesos de contratación pública”.
En ese contexto, y siguiendo con los datos, se ven las diferencias que dejó su Alcaldía. Por un lado, la tasa de ocupación cayó del 63% (2016) al 60,2% (2019), y la cobertura de educación básica primaria saltó del 98,18% (2016) al 100,56% (2019).
Por eso, para que los votantes tengan claro cómo fue su gestión en Bucaramanga, este diario recoge a continuación los puntos claves de un mandato controvertido.
Así manejó la chequera
Acabó con el saldo en rojo de la ciudad
- La tasa de ocupación cayó en su mandato. Eso traduce más desempleo. En 2016, cuando llegó al cargo, estaba en 63%, y en 2019, cuando se fue, bajó al 60,2%
- Cuando recibió el cargo, Bucaramanga tenía un déficit de $236.000 millones y, antes de renunciar, dejó un superávit de $48.000 millones en las cuentas.
- Al reducir la tasa de ocupación, sube la de desempleo. La recibió en 8,6% y la entregó en 10,2%. Ahora tras la pandemia, ese indicador está en el 9,6%.
Le fue bien con la salud
Bucaramanga redujo el embarazo adolescente
- El indicador de fecundidad entre jóvenes de 15 a 19 años se redujo durante su mandato. En efecto, pasó del 60,25% (2016) al 45,09% (2019).
- Y, de acuerdo con las estadísticas de Bucaramanga Cómo Vamos, también logró reducir la tasa de fecundidad en niñas de 10 a 14 años: pasó del 2,24% al 1,17%.
- En su Alcaldía la tasa general de mortalidad mejoró. Los datos muestran que la recibió en 640,96 por cada 100.000 habitantes y la devolvió en 608,93.
Buenas cifras en educación
Dejó un alto índice de estudiantes matriculados
- En 2019, cuando Hernández dejó el cargo, Bucaramanga tenía 106.675 estudiantes matriculados en sus colegios públicos. En 2016 eran 105.635.
- La cobertura también mejoró. En lo referente la educación básica secundaria, por ejemplo, la subió al 90,15% en 2019, y la había recibido en el 84,07%.
- Pero no le fue bien con el inglés. En 2016 el porcentaje de estudiantes con B1 o B+ en las pruebas Saber 11 fue del 25,28%, lo que cayó en 2019 al 19,40%.
Seguridad siguió en deuda
La tasa de homicidio subió mientras fue Alcalde
- Bucaramanga no es una ciudad violenta, pero cuando Hernández la recibió la tasa de homicidio estaba en el 17,79% y la entregó más alta: en el 19,48%.
- Las muertes violentas también subieron en su Alcaldía. Este indicador tenía una tasa del 39,85% en el año 2016, y para el 2019 se subió hasta el 40,96%.
- Un indicador que sí mejoró fue el de hurto a vehículos. La estadística indica que en 2016 estaba en el 3,38% y Hernández la redujo para 2019 al 2,69%.
La movilidad no avanzó
El transporte público no subió en usuarios
- El Sistema Integrado de Transporte bajó en usuarios. En 2016 hubo 86’635.142 validaciones (uso de la tarjeta de pago) y en 2019 solo 69’136.824.
- Y si bien el sistema vial no tuvo mayores mejoras, el parque automotor sí aumentó. En 2016 había 197.855 vehículos registrados, y en 2019 se llegó a 222.733.
- La seguridad vial no tuvo mayor variación en Bucaramanga. En 2016 se registraron 3.740 accidentes de tránsito, un registro que para 2019 se ubicó en 3.737 casos.