Al salir del actual Gobierno como ministro de Educación, Alejandro Gaviria, lanzó una frase que puede caracterizar el espíritu del presidente Gustavo Petro: “hacer leyes y reformas es importante, pero gobernar de vez en cuando también”.
La referencia resume en términos generales el talante del jefe de Estado en estos dos años de mandato: llegó con la promesa de cambio, pero se queda corto a la hora de traducirla en la práctica. ¿Por qué? Allí confluyen varios elementos, según expertos consultados. Unos individuales y otros estructurales.
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El Estado, para bien o para mal, es una estructura compleja con laberintos administrativos y judiciales. Ningún presidente logra en cuatro años cambiar o implementar todas las propuestas que hizo en campaña. Pero en el caso de Petro, hay rasgos de su personalidad y forma de actuar que conducen a la improvisación y la demagogia.
En sus discursos se destaca por el diagnóstico y las promesas, pero en el día a día, como quedó demostrado en su paso por la Alcaldía de Bogotá, actúa más con el deseo que con la razón. EL COLOMBIANO revisó cifras, porcentajes de ejecución y documentos de proyectos o temas que, por lo pronto, no le han salido al Gobierno como esperaba.
Pasaportes
Un ejemplo reciente de lo anterior, es el tema de los pasaportes. El Gobierno decidió desde principios del año pasado que no quería que la empresa Thomas Greg & Sons (TGAS) siguiera siendo la encargada de la licitación de los pasaportes. Aunque esa empresa venía haciéndolo desde hace casi dos décadas y cumplía con todos los requisitos y puntajes requeridos en los procesos licitatorios, al presidente a través del entonces canciller Álvaro Leyva, se le metió en la cabeza que esa empresa tenía un monopolio que ellos debían romper.
Pero para hacerlo, a pesar de las advertencias de la exdirectora de la Agencia Jurídica del Estado, Martha Lucía Zamora, el Ejecutivo se inventó toda clase de estrategias para modificar o evitar que TGAS siguiera con ese negocio y declaró desierta la licitación. Como resultado, la Procuraduría suspendió a Leyva varios meses que terminaron extendiéndose y condujeron a su salida. Al mismo tiempo, la empresa demandó al Estado por $117.000 millones tras el fracaso de varias conciliaciones.
En la actualidad, el Gobierno le está haciendo coqueteos a TGAS para extender el contrato que se acaba el 2 de octubre y le propuso un modelo en el que la Imprenta Nacional asuma algunas funciones, aunque no tenga la capacidad como han reconocido. Es decir, este punto fue como un “giro de 360°” para volver al punto inicial, pero sometiendo a las partes y a la gente a un desgaste mayúsculo, pues ya hay problemas con el agendamiento de citas y TGAS anunció que se acabó el dinero del actual contrato ante el temor de la ciudadanía por quedarse sin pasaporte.
Un espejo de este caso fue lo que sucedió con el modelo de basuras en Bogotá cuando Petro era alcalde. Intentó implementar cambios sin prever lo que podía suceder y al final quienes venían manejando ese asunto, con todas las críticas válidas, volvieron a asumir el control del negocio porque la propuesta de Petro no contaba con planeación.
Trenes
Otra de las grandes promesas del presidente Petro en campaña era reactivar varias líneas férreas e impulsar algunos proyectos como el tren elevado entre Buenaventura y Barranquilla. Aunque el Gobierno ha hecho esfuerzos en algunas zonas del país, lo cierto es que las cifras indican que ese tren se demora. El exministro de Transporte, William Camargo, señaló en una entrevista que ese tren elevado es inviable en este momento. “Por costos de operación, hace inviable el ejercicio. Eso lo exploramos también con el equipo de la ANI en su momento”.
El estado de otros proyectos deja una evaluación negativa. La vía férrea entre Bogotá con La Dorada (Caldas) cuenta con estudios de prefactibilidad y una inversión de $19.267 millones. Es quizás el más avanzado. Pero otro proyecto, anunciado por el mandatario a finales del año pasado que busca conectar Villavicencio y Puerto Gaitán (Meta) está pensado para 2050 con transporte multimodal incluido y no cuenta aún con estudios de prefactibilidad.
La obsesión del presidente Petro por los trenes va más allá de Colombia. En la VII Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), celebrada en Buenos Aires, el mandatario propuso la construcción de un tren que conecte a Venezuela, Colombia, Chile y Bolivia. Pero por lo pronto no hay avances palpables.
Energías renovables
En el tema minero energético tampoco han salido las cosas como se esperaba. Sobre todo porque, según expertos, Colombia no puede ser una “isla suelta” que quiera dejar de explotar y explotar hidrocarburos mientras el resto del mundo lo sigue haciendo. Es, como muchas de las apuestas del mandatario, simbólica, pero poco realista.
Para Carlos Prieto, analista y profesor de la Universidad Javeriana, este tema ha sido “eminentemente ideológico pensando en un mundo multipolar, pero desconectado de la realidad y de la necesidad de Colombia. Ya hay unas reservas que se están agotando y muchos inversionistas desisten por el riesgo que implica, con el riesgo latente de perder la soberanía energética”, le dijo Prieto a este diario.
También en materia ambiental, otra propuesta de Petro de cara a la COP16 en Cali, se ha visto desdibujada cuando se revisan cifras y avances: cambiar deuda externa por acción climática. Consultada por EL COLOMBIANO, Estefanía González, subdirectora de la organización Greenpeace Andino explica que “esto es algo que se viene proponiendo desde hace unos años, impulsado en el contexto de las cumbres de cambio climático por países como Colombia y Argentina. En concreto, no se han visto avances significativos en la propuesta. Estamos en tiempos en los cuales necesitamos acción climática y de biodiversidad ya, y esta no puede esperar y depender de acciones que no están ocurriendo”.
Pero no solo al presidente Petro le va mal con varias propuestas que pecan por ambiciosas, como sucede con la paz total. De lo que ya hay, por ejemplo, el Acuerdo de Paz firmado entre el Estado y la extinta guerrilla de las Farc, tampoco avanza y hay rezagos significativos en su implementación, según varias organizaciones, pero también el propio Gobierno que fue hasta Naciones Unidas a decir que era un problema del Estado y no solo del Ejecutivo.
Para el profesor Carlos Prieto, “la improvisación ha sido la nota predominante del Gobierno y eso se debe al hecho de que en su propuesta no había fondo sino simplemente la intención de transformarlo todo (...) eso se nota en la falta de un criterio determinante de acción por eso no se ve un rumbo”.
Lo cierto es que la lista de ejemplos podría continuar si se hiciera un repaso sector por sector. Un lugar común sería decir que “el camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones”, pero la palabra infierno podría reemplazarse por campaña de 2026.
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117.000
millones de pesos es el valor de la demanda de TGAS al Estado por líos en los pasaportes.