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Gustavo Bolívar: “Nos preocupaba que Benedetti llegara como jefe de ministros”

Gustavo Bolívar, director de Prosperidad Social, habla sobre tensiones en el Gobierno y el escenario electoral en 2026.

  • Según Bolívar, hay que hacerle entender a la gente “que las transferencias tienen que desaparecer” para acabar la pobreza en Colombia. FOTO Colprensa
    Según Bolívar, hay que hacerle entender a la gente “que las transferencias tienen que desaparecer” para acabar la pobreza en Colombia. FOTO Colprensa
08 de diciembre de 2024
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El Gobierno de Gustavo Petro sigue viviendo los embates de la corrupción en la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). El escándalo le costó esta semana la cabeza a uno de los escuderos del mandatario: su ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla.

Gustavo Bolívar, director de Prosperidad Social, es otro de los incondicionales del primer anillo del presidente. En diálogo con EL COLOMBIANO, habló del arribo de Armando Benedetti al gabinete y sus preocupaciones. Reconoce que la corrupción los sigue golpeando, pero dice que la están combatiendo con fuerza. Se refirió a una eventual candidatura en 2026 y anunció que busca acabar con algunos subsidios y transferencias.

¿Cómo reciben en el corazón del Gobierno la salida del ministro Ricardo Bonilla?

Es una renuncia que sí nos aflige a todos en el gabinete. El ministro ha sido un gran compañero. Conocemos sus calidades morales desde hace mucho tiempo. Casi todos lo conocen porque también trabajó con Gustavo Petro en la Alcaldía de Bogotá. Nos ha afligido, pero al interior de gabinete hay una unión muy grande de todos los sectores para hacer sinergias y trabajar.

No es como cuentan por ahí algunas personas o suponen que hay divisiones. No, aquí se está trabajando con mucho amor y con mucha dedicación sobre todo. Yo veo que todos los ministros estamos recorriendo este país día y noche, de domingo a domingo, y sí nos afecta cuando suceden estas cosas, pero el trabajo no se interrumpe.

Se siguen viviendo coletazos por cuenta del escándalo en la UNGRD. ¿Internamente cómo han lidiado con esa situación, más usted que ha tenido un discurso frontal en contra de la corrupción y fue muy crítico en otros gobiernos?

Obviamente nos golpea la corrupción, porque nosotros ofrecimos un cambio y luchar contra la corrupción, y lo estamos haciendo. Un día hacía cuentas y en Colombia hay más de 100 entidades del primer nivel entre ministerios, consejerías o direcciones.

Que una sola nos golpee obviamente nos baja la moral y nos hace perder la bandera anticorrupción, pero la estamos recuperando. Los demás ministerios estamos trabajando con mucha honestidad.

No se han escuchado escándalos de corrupción en ninguno, pero no se descarta que en el futuro aparezcan, porque la corrupción es un flagelo que no respeta ideología. Que yo sea de derecha o izquierda no quiere decir que soy honesto o ladrón. Eso abarca la ambición humana y sobrepasa los límites de las ideologías y los partidos.

Estamos seguros de que nuestros resultados contra la corrupción van a ser mayores que en otros gobiernos y hay otra diferencia: cuando aparecen estos eventos como el de la UNGRD nosotros mismos nos vamos contra el corrupto. El mismo presidente pidió urgente la investigación, la Secretaría de Transparencia de la Presidencia puso las alertas y al frente de la entidad donde estaban robando se puso una persona como Carlos Carrillo, que tiene una honestidad probada.

Es decir, salimos a enmendar rápido el error. Fue tan grande que el presidente tuvo que pedir perdón al pueblo colombiano el 20 de julio cuando instaló el Congreso. Sí nos golpea la corrupción, pero ahí seguimos los demás con la frente en alto trabajando muy duro para combatirla.

La semana pasada una parte del gabinete pidió una reunión con el presidente ante el arribo de Armando Benedetti, ¿qué fue lo que pasó en ese encuentro?

Qué bueno que me permita aclarar eso, porque lo que se escuchó era que había como un sindicato o un mitin en el sentido de que no entrábamos al consejo de ministros hasta que no nos escuchara el presidente. Eso no pasó así.

Teníamos consejos de ministros y ya estábamos reunidos, listos para entrar, pero nos llegó la noticia. Incluso desde el día anterior había mucho ruido en las redes porque no sabíamos en calidad de qué llegaba él. Por eso, llamamos al presidente y le preguntamos: ‘presidente, ¿usted nos podría recibir antes de entrar al consejo de ministros?’ No bajo la condición de que si no nos recibía no entrábamos al consejo. No.

La llamada la hizo Alexander López, quien le dijo al presidente que había un grupo que tenía unas preguntas y estaba preocupado por la llegada de este señor, además de otras preocupaciones. Él dijo ‘sí, vengan’.

Nos reunimos con él, pero la reunión no salió tan corta y empezamos a hablar de muchos temas, por eso no hubo consejo de ministros. Éramos un grupo de 10 u 11 ministros y le preguntamos al presidente en calidad de qué llegaba Benedetti. Nos contó que iba a ser un enlace con el Congreso fungiendo como asesor. Eso nos tranquilizó un poco, porque sí nos preocupaba que de repente llegara como en el papel de jefe de los ministros y hay personas que no somos muy compatibles con su forma de actuar. Por eso pusimos un freno, pero no era que le estuviésemos haciendo una huelga al presidente.

Dentro de los movimientos progresistas hay mucha deliberación y aquí todo se pregunta y se debate. Pero fue en muy buenos términos y de manera cordial.

¿Quiénes hacían parte de ese grupo de ministros?

La vicepresidenta Francia Márquez; Alexander López, director de Planeación Nacional; el ministro de Defensa, Iván Velásquez; el ministro de Minas, Andrés Camacho; el ministro de Educación, Daniel Rojas; la ministra de Trabajo, Gloria Inés Ramírez, y mi persona.

En su caso particular, ¿cuáles son esas preocupaciones frente a la llegada de Benedetti?

Mucha gente ha dicho ‘sí lo aceptaron para la campaña, pero no lo aceptan ahora para el Gobierno’. Tampoco es así. Lo que pasa es que después de la campaña han sucedido episodios que han enrarecido el ambiente, como los audios en los que se refiere en malos términos a Laura Sarabia o acusaciones que hizo tal vez en estado de embriaguez. Después de eso cambian las circunstancias. No es que lo aceptemos solo para una cosa y no para la otra.

Uno lo que quiere es que haya claridad sobre todos esos episodios y sencillamente lo que estábamos era hablando sobre el tema, pero ni siquiera dijimos ‘si él llega nos vamos nosotros’. No le vamos a imponer al presidente una talanquera sobre sus decisiones. Simplemente estábamos haciendo preguntas.

Es decir, este es un sapo que hay que tragarse...

De los muchos... Ya uno estando dentro del Gobierno entiende que hay cosas muy difíciles, entre ellas, las que tienen en problemas al profesor Bonilla, porque la Comisión Interparlamentaria no se quiere reunir una, dos, tres, cuatro veces. ¿Qué están buscando? Todas esas cosas –que hay que conciliar, que son muy aburridas y que no están bien, pero se han normalizado en la política–, son los sapos que uno tiene que comenzar a tragarse porque o sino no funciona el Estado.

Si yo como ministro de Hacienda tengo que pagar nómina a más de un millón de personas, más encima toda la burocracia del Estado; si yo tengo que cubrir unos gastos y lo necesito hacer vía endeudamiento; es como tener dos tarjetas de crédito, y pago una con la otra. Así pasa a veces en el Estado.

¿Qué fue lo que pasó en esa Comisión Interparlamentaria que terminó costándole el puesto a Bonilla?

Había unas angustias y la Comisión no aprobaba los empréstitos porque no se reunía y, –se lo digo yo que estuve en la Comisión Tercera del Senado, incluso fui presidente–, hay congresistas que ejercen presiones para que los gobiernos les hagan obras en los territorios. Y eso, aunque pareciera ser clientelismo –de hecho lo es– es una situación muy normalizada, que no solo ha sucedido en este Gobierno, sino en todos.

Eso lo vi como senador cuando el expresidente Iván Duque necesitaba hacer préstamos por la pandemia. Esto lo han hecho todos los gobiernos. No quiero criticar a unos o a otros, pero debo decir que se ha normalizado una forma de hacer política en Colombia: que los congresistas, como representan a unas regiones, siempre están buscando obras. Y a veces encuentran que la manera más fácil de hacerlo es tratando de ponerle difícil las cosas al gobierno de turno para que finalmente terminen negociando obras para sus territorios. Eso siempre ha pasado. Siempre ha existido ese chantaje implícito.

Yo nunca escuché que un congresista le dijera a un ministro ‘si no me da eso no voto’, sino que dicen ‘venga, ayúdeme que tengo una obra allí, necesito desempantanar esto’. Es una situación que se ha normalizado, que no está bien, pero que se ha hecho en todos los gobiernos. Doy fe porque presidí la Comisión Tercera y vi que eso pasaba.

Retomando el tema Benedetti, durante la reunión con el presidente me dice que tuvieron la oportunidad de plantearle otras inquietudes y preocupaciones, ¿cuáles fueron?

Básicamente que nosotros pedíamos más espacios con él. La reunión la pedimos para eso. Le dijimos que necesitábamos más espacio, que las citas que pedimos nos las den más rápido, porque a veces son cosas de urgencia. Eso fue lo que se acordó, pero no era exclusivamente para hablar de Benedetti. Esa cita la veníamos planeando desde hace rato.

¿Esas dificultades para acceder al presidente corresponden a Laura Sarabia? Hay quienes dicen en el propio Gobierno que es una talanquera para llegar al mandatario, ¿es cierto?

No sé si una talanquera, pero lo que pasa es que la agenda del presidente es muy intensa y sobre todo la agenda internacional. Y muchas veces a nosotros nos cuelgan las entrevistas o las citas, pero entendemos que es por eso.

El presidente nos dijo que hay línea directa a través de un chat y por ahí seguiremos hablando, pero en la medida de lo posible, cuando haya espacios determinados, acordamos reunirnos. La inquietud mayor es que no teníamos acceso rápido. Queremos tener equipos técnicos reunidos con él para tratar inquietudes. Eso ya se está empezando a dar.

Es decir, no es por Laura Sarabia, sino por la agenda del presidente...

Lo que pasa es que como ella maneja la agenda se puede pensar que es contra ella, pero no. Ahí puede estar cualquier otra persona manejando esa agenda y va a pasar lo mismo.

Una reciente encuesta lo muestra a usted en el top 5 de aspirantes a 2026 con mayor intención de voto, empatando con Vicky Dávila en el cuarto lugar. ¿Cómo recibe ese abrebocas de lo que se viene?

Me causa sorpresa mi ubicación en las encuestas. En varias he aparecido como el más favorecido de todo el progresismo y la izquierda. Me causa sorpresa porque no soy candidato, nunca lo he manifestado, ni he hecho anuncios.

Creo que es un premio de la gente a la gestión que estoy haciendo en Prosperidad Social y demostrar que sí se puede administrar bien, con transparencia y haciendo un ejercicio vistoso a lo largo y ancho del país. Eso lo que hace es que la gente de pronto pueda creer que puedo llegar a ser presidente. Pero esa decisión se la voy a dejar al presidente Petro, porque fue él quien me trajo a la política.

Le voy a preguntar si él quiere que yo lo siga acompañando hasta el final de su Gobierno –que es algo que aceptaría con gusto–, o si él ve que soy el de mayor posibilidades y quiere que yo vaya a la consulta. Cualquier cosa que él diga estaría bien y yo la aceptaría.

En caso de una eventual candidatura, ya recogiendo las dificultades y los errores de haber pasado por el Gobierno, ¿qué no estaría dispuesto a negociar? ¿Con quién no haría alianzas?

Eso es algo que hay que evaluar. Según las encuestas, yo tendría la fuerza para ganar una consulta interna y convertirme en el candidato del petrismo, del Gobierno o de la izquierda. Pero de ahí para adelante el avance es más complicado para una persona como yo porque, como me pasó en la Alcaldía, cuando llega el momento de la financiación y de las alianzas, a mí sí me faltan hígados para eso. Ahí me convertiría en un mal candidato porque yo no subiría a mi tarima a personas cuestionadas.

Eso en un país donde la mayoría de la clase política es cuestionada pues me convierte en un candidato débil. Todo eso hay que evaluarlo, a menos que el país esté preparado para que alguien absolutamente transparente y sin hacer alianzas con esos sectores pueda llegar y el país acepte y vote, pero no lo veo fácil.

¿Por qué el país aún no está preparado para eso?

Tanta pobreza hace que la gente venda su voto. No tenemos la madurez todavía para llegar a esos escenarios de elecciones totalmente puras. No las veo pronto.

¿Qué balance hace de su gestión en Prosperidad Social?

Recibí una entidad que en los gobiernos pasados fue muy corrupta. La Contraloría ha venido investigando uno a uno todos los contratos del pasado. Ya hay incluso senadores presos y un exdirector requerido por la justicia. Lo primero que hicimos fue rodearnos de un equipo técnico y humano que uno considera honesto y con la misión que aquí no se va a perder un solo peso.

A partir de eso empieza el tema de la ejecución, que es muy lenta cuando uno recibe una entidad nueva. Pero luego comienzan a verse los resultados y hoy Prosperidad Social es una de las entidades con mayor ejecución de todo el Gobierno. Hoy estamos en 82 % después de que la recibí en 2,9 %. Vamos a terminar el año en 97,3 %.

En infraestructura tenemos unos resultados que, en verdad, me tienen muy orgulloso. Nosotros dejamos contratadas 268 obras financiadas y contratadas, entre ellas, puntos de abastecimiento solidario, plazas de mercado con cocina y comedor comunitario, puestos de ventas, entre otras. Son obras muy grandes. De esas ya hay contratadas 150 y las vamos a entregar todas el año entrante. Y otras 118 obras regadas a lo largo y ancho del país.

También ha reclamado que se encontró con un sinnúmero de elefantes blancos...

Encontré 107 elefantes blancos: obras tiradas al sol y al agua, prácticamente inmersas en la corrupción pudriéndose. Revivimos ya 61 convenios de esos 107 y 31 obras que estaban prácticamente perdidas las logramos revivir. Pero hay entre 30 y 35 que no vamos a poder revivir porque ya son estructuras que se pudrieron.

Lamentablemente la corrupción hizo que esas obras que abandonaron los contratistas por algún motivo –la mayoría por corrupción– estén ya podridas y no se puedan recuperar, pero vamos a recuperar cerca de 70. Eso es un inventario social para las comunidades, porque eran obras que prácticamente estaban en la basura. Ahí también hicimos un trabajo muy dispendioso una por una.

Aparte de eso, durante este Gobierno, hemos entregado 340 obras de gobiernos pasados que nos dedicamos a terminar, porque si no terminaban como elefantes blancos. Es una revolución de pequeñas obras de infraestructura que obviamente están beneficiando a las comunidades, entre ellas hay placas huellas, centros de salud, escuelas, plazas de mercado. Ese es el punto que más orgulloso me tiene.

¿Qué ha sido lo más retador y difícil de estar frente a una entidad del calibre de Prosperidad Social?

Lo más complicado, y eso todavía lo estamos haciendo, es que la gente entienda que las transferencias tienen que desaparecer en el futuro. No todas, pero una gran parte. Vamos a mantener las del adulto mayor porque no pueden trabajar y las de la economía del cuidado, que son las transferencias a Renta Ciudadana para mujeres cabeza hogar con niños. Esas dos no desaparecen, pero las demás hay que transformarlas.

Lo que hemos descubierto es que el sistema como está montado es perverso. Por ejemplo, nosotros le pagamos los subsidios al estrato más bajo que es Sisbén A, que es una persona que vive en situación deplorable, en el piso, en chozas sin paredes.

Pero hicimos el experimento social para darles el piso y demás, pero se oponen a que les toquemos la casa porque pierden el Sisbén. Entonces los condenamos a la pobreza absoluta y eterna porque se niegan a que su casa tenga una mejora porque pierden la calificación.

Lo que queremos nosotros con la transformación de esas transferencia es que la gente empiece a recibir capital semilla. Recién firmamos un contrato con Innpulsa de $71.000 millones para dar capital semilla a la gente con la condición de que empiecen a hacer emprendimientos colectivos o individuales, y nosotros esa plata la vamos a dar en especie. Y esa es la forma en la que, en verdad, vamos a empezar a sacar gente de la pobreza. De lo contrario, la pobreza será eterna.

Si la gente no emprende y no genera su propio ingreso con ayuda nuestra ahí sí están condenados. Hacerle entender eso a la gente le va a costar y tiene un costo político, pero es lo que hay que hacer. No podemos seguir en ese paternalismo tratando de que la gente sobreviva con $100.000 y que no tenga un empleo. Eso es perverso. Estamos tratando de cambiar eso.

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