Los facilitadores de paz urbana del Gobierno y los jefes de las bandas criminales del Valle de Aburrá, congregados en la cárcel de Itagüí, están afinando el protocolo de trabajo para la futura instalación de la mesa de diálogo.
Así lo informó Jorge Mejía Martínez, exsecretario de Gobierno de Antioquia y Medellín, y quien participa en esta etapa exploratoria del proceso en equipo con el alto Comisionado de Paz, Danilo Rueda.
Mejía, además, sería uno de los delegados oficiales del presidente Gustavo Petro para la mesa de diálogo con las bandas, junto a la senadora Isabel Zuleta y Lucía González, exintegrante de la Comisión de la Verdad. EL COLOMBIANO conversó con él sobre los avances de los acercamientos.
¿En qué va el acercamiento con las bandas?
“Estamos pendientes de concretar los protocolos para tener una guía y saber cómo resolver las situaciones que se presenten. Elaboramos un borrador con la Oficina del Alto Comisionado y se lo enviamos a los abogados de estas estructuras para que lo discutieran con los cabecillas que están en prisión. Aspiramos que antes de terminar esta semana nos devuelvan el proyecto con sus observaciones. Ese es un insumo importante, muchos ejercicios de este tipo han fracasado por la falta de ese protocolo. De otro lado, estamos pendientes de los decretos del Presidente, mediante los cuales designa los delegados, tanto del Gobierno como de las estructuras. Las bandas ya han designado unos principales y suplentes, pero están pendientes de que el Presidente materialice en decretos la designación de esos delegados, lo que permitiría la instalación de la mesa. A partir de allí empezará el proceso de conversación de manera formal”.
¿Cuáles son los delegados de las bandas?
“No tenemos nombres, a no ser que se los hicieran llegar directamente al Comisionado, porque él tenía un plazo para entregarle esos nombres al Presidente. Ellos designarán 10 delegados principales y 10 suplentes que cobijen a todas las estructuras armadas”.
¿Todos los delegados están encarcelados o habrá libres?
“Habrá una mezcla, personas en reclusión y otras en libertad, sin antecedentes penales, pero que podrían asumir la vocería de estas estructuras”.
De la delegación del Gobierno ya se conocen tres personas, ¿las demás están definidas?
“Aún no, sé que habrá un representante del empresariado, uno del sector académico, otros de la sociedad y la oposición política, posiblemente del Centro Democrático”.
El comisionado dijo que espera resocializar 14.000 personas, pero en las cuentas de nadie estaba que los combos del Valle de Aburrá tuvieran tanta gente. ¿De dónde salió esa cifra?
“La Oficina del Alto Comisionado está en proceso de caracterización de esas organizaciones. Yo diría que esa cifra corresponde a personas que están directamente involucradas con las estructuras, y las que indirectamente tienen que ver con ellas. Entre directas e indirectas puede estar esa cifra”.
¿Cómo definen a los indirectamente involucrados?
“Podrían ser personas que sirvan como auxiliares, campaneros, que hagan inteligencia en los territorios, incluso que cumplan funciones sociales. Estas estructuras influyen en la vida comunitaria y no sería descartable que tuvieran presencia en organizaciones sociales. No llevan a cabo a actividades militares, pero sí de tipo social y político, a esas personas también habría que considerarlas por ese vínculo”.
“La Agonía”, de la comuna 13, informó que se quería sumar al proceso. Desde que se anunció el diálogo en las afueras de la cárcel de Itagüí, ¿qué otros grupos han manifestado interés?
“La semana pasada conocimos dos expresiones concretas: una de ‘los Triana’, incluso ya designaron personas para interlocutar con el Gobierno; y otra de ‘la Agonía’, de la cual conocimos dos comunicados, en el primero designaron un abogado como representante, y después salió otro comunicado de la misma organización desconociendo el primero, pero reiterando su compromiso con el proceso”.
El comisionado dijo que había posibilidad de establecer un diálogo con el 90% de las bandas del Aburrá. ¿La cifra aumentó en las últimas dos semanas?
“Sí, con la llegada de estas dos organizaciones, en particular de ‘los Triana’, el porcentaje sube fuertemente. Es posible que haya estructuras independientes, pero en el porcentaje no son muy significativas. Para el Gobierno no es fácil comprometerse a atender en un ciento por ciento las 350 o 400 bandas que delinquen aquí, y por eso el mejor camino es el que hemos adoptado: trabajar con las grandes estructuras, que tienen cabecillas en la cárcel, lo que ha facilitado este ejercicio”.
Algunas bandas de Medellín tienen integrantes venezolanos. ¿Cómo aplicarían los compromisos y beneficios de paz con esos extranjeros? ¿Serían iguales a los colombianos o tendrían un tratamiento distinto?
“Ese tema lo hemos conversado con los detenidos en Itagüí, porque es un asunto muy perturbador en el Valle de Aburrá, en el sentido de que son organizaciones delincuenciales no controlables, que se salen de la regulación de las grandes estructuras y son excesivamente violentas. Los mismos cabecillas de la cárcel dicen que esa gente primero mata y después roba, dando cuenta de cómo las perciben. Este tema va a estar sobre la mesa, porque el año pasado el 17% de los capturados en flagrancia en Medellín fueron extranjeros, ligados a nuevas organizaciones que son ruedas sueltas y que son tema de preocupación del Gobierno y de las estructuras representadas en Itagüí”.
Pero hay venezolanos que no pertenecen a esas organizaciones “rueda suelta”, sino que fueron reclutados por las mismas bandas que están en Itagüí. ¿Qué trato les darán?
“Ese tema estaría pendiente de abordar en la mesa, cuando se analice cómo están compuestos esos grupos armados”.
Usted dijo que otros intentos de paz urbana fracasaron en el pasado. ¿Qué posibilidades le ve a este?
“Es un ejercicio sui generis en Colombia, aquí han habido otros intentos de desactivación de conflictos, pero surgidos de pactos entre ellos mismos, no como parte de un proceso que pueda terminar en el desmonte de esas estructuras. Pedimos apoyo a la ONU para que nos ilustre sobre otras experiencias de paz urbana en el mundo. Seguro nos vamos a equivocar en algún momento, pero esto se trata de hacer camino al andar. Yo creo en la buena fe de mis interlocutores”.