Desde el fin de semana pasado una mancha de crudo se ha adueñando de las aguas de Tibú, en Norte de Santander, desde que la guerrilla del Eln realizó dos atentados contra el oleoducto Caño Limón - Coveñas.
Los famosos balnearios de Pozo Azul donde las familias van a disfrutar de los días soleados, cuando el enfrentamiento de los ilegales da tregua, dejaron de ser cristalinos y el líquido negro y espeso se fue regando lentamente.
Ecopetrol ha dispuesto de más de 130 personas en seis puestos de control del derrame, que ayudados por 76 líneas de barreras buscan detener la mancha del hidrocarburo, pero las lluvias han sido enemigas de la titánica tarea y hacen que el caudal crezca y supere las barreras.
Las principales fuentes de agua que abastecen a los pobladores también resultaron afectadas, por lo que las Empresas Municipales de Tibú (EMTIBÚ) se vieron obligadas a cerrar la captación de agua de la bocatoma y suspender el suministro de acueducto. Más de 27.000 habitantes han gastado varias horas de estos días santos haciendo filas para conseguir agua potable.
Ya se han entregado 572.000 litros de agua a través de nueve carrotanques de la estatal y dos de la Alcaldía de Tibú dispuso más vehículos. No es claro cuánto puede tardar la limpieza del agua.