Dos ataques terroristas con artefactos explosivos sacudieron la tranquilidad de los ciudadanos en Florencia (Caquetá) y Bogotá, en un lapso de apenas cuatro horas.
A eso de la 1:00 de la madrugada de este miércoles, un artefacto improvisado fue detonado en las afueras del Centro Administrativo Municipal de la capital caqueteña, donde funcionan la alcaldía y las secretarías de gabinete.
De acuerdo con el balance preliminar de las autoridades, no hubo personas heridas, sino daños materiales que en estos momentos se están cuantificando.
En la red social X, el alcalde de Florencia, Marlon Monsalve, se pronunció sobre lo ocurrido. “Si los criminales nos quieren enviar un mensaje para intimidarnos con este tipo de actos, que tengan claro no lo van a lograr, seguiremos trabajando por la seguridad de la ciudadanía, contra la venta de sustancias psicoactivas, que en especial está envenenando a nuestros niños, niñas y adolescentes; contra el hurto y los homicidios, y en general contra cualquier amenaza o acciones que afecten a nuestros conciudadanos”, escribió.
Añadió que “escalaré la situación de inseguridad de la ciudad a las instancias del Gobierno Nacional, durante el Consejo de Seguridad que convocó el Señor Presidente de la República @petrogustavo, a realizarse en las próximas horas”.
A las 9:00 p.m. del martes anterior se había registrado otro atentado en Bogotá. De acuerdo con el reporte de la Policía Metropolitana, un desconocido dejó abandonada una maleta a un costado del Centro de Atención Inmediata (CAI) del barrio El Claret, en el sur de la ciudad.
La maleta, explicó el general José Gualdrón, comandante de la Policía en la capital, contenía un artefacto explosivo de bajo poder. “Estamos estableciendo si fue lanzado o dejado en el lugar, estamos recolectando videos y testimonios para esclarecer los hechos”, precisó.
El alcalde Carlos Fernando Galán ofreció una recompensa de hasta $20 millones por información que conduzca a los autores del atentado, que tampoco dejó víctimas.
Fuentes policiales explicaron que estos ataques no pretendían causar daños graves, sino asustar a las comunidades, partiendo de la hora en la que fueron detonados y su bajo poder destructivo. El objetivo de los criminales, al parecer, era enviar un mensaje: que no puedan dormir tranquilos.
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