La poltrona que, al margen de sus escándalos e investigaciones, terminó ocupando Armando Benedetti a la izquierda del presidente Gustavo Petro durante el accidentado e inédito Consejo de Ministros de la noche del martes fue el florero de Llorente del “Gobierno del Cambio”.
El nombramiento y posterior defensa que hizo el mandatario de su ahora jefe de despacho en televisión nacional no solo atizó los bandos en disputa al interior de Palacio –en una puja en la que la canciller Laura Sarabia también salió al baile–, sino que derivó en una cascada de renuncias, reclamos de toda índole y una delicada fisura que parece sacudir los cimientos del Ejecutivo y de su proyecto político.
Todo esto, justo cuando el presidente se apresta a meterle acelerador a la ejecución de sus planes de Gobierno, y cuando resta poco más de un año para que el país conozca a su sucesor en la Casa de Nariño. No fue una discusión cualquiera y su desenlace –como la mayoría de situaciones en la arena política– pinta imprevisible, pero sobre todo adverso.
Que Petro osara sentar de tú a tú a Benedetti –considerado por los ‘petristas pura sangre’ parte del establecimiento, de la clase política tradicional y responsable de algunos de los más sonados escándalos del Ejecutivo– encendió el coro del descontento y la indignación en el gabinete.
La propia vicepresidenta Francia Márquez, secundada por ministros del primer anillo del presidente como Susana Muhamad (Ambiente) o el director de Prosperidad Social, Gustavo Bolívar, sentó su voz de protesta. Sin embargo, lejos de encontrar respaldo, públicamente terminaron señalados de ser “sectarios” e incluso, de tener agendas paralelas y hasta de pavimentar campañas electorales.
Por ello, a primera hora de este miércoles muchos decidieron mostrarle los dientes a su jefe, no en tono de desafío ni rencilla, pero sí en nombre de la dignidad que pregona el propio Petro en plaza pública.
Cascada de renuncias
El primero en alzar la mano para anunciar que daba un paso al costado ante el arribo de Benedetti fue Jorge Rojas, un petrista de vieja data y aliado irrestricto de Petro, que justo hace una semana había asumido como director del Departamento Administrativo de la Presidencia (Dapre).
“Presenté mi renuncia irrevocable. Yo había hablado con el presidente, buscando algunas fórmulas que permitieran resolver todas estas contradicciones. No puedo estar más en el Dapre”, manifestó el director saliente en diálogo con la emisora W Radio, dejando entrever que su puesto chocaba, al menos en lo formal, con el de jefe de despacho que ostenta Benedetti.
“El presidente trajo otra persona, esa persona tiene unas responsabilidades y creo que le corresponde, en decisión del presidente y de esa persona, manejar los asuntos de la Presidencia”, agregó.
Mientras el mundo político trataba de digerir la renuncia de Rojas, la ministra de Ambiente también alzó la voz y, si bien no anunció su dimisión, sí confirmó que de seguir Benedetti en el cargo ella también daría un paso al costado. “Sí, yo creo. Es una decisión muy difícil de sostener (...) Entiendo los protocolos y si uno no está de acuerdo con el presidente, ese es el camino lógico (la renuncia)”, explicó la funcionaria, quien confirmó que tiene pendiente “una conversación de fondo” con Petro.
Quien sí anunció su renuncia, también en términos irrevocables como Rojas, fue el ministro de las Culturas, Artes y los Saberes, Juan David Correa. Horas después, el turno fue para Paula Robledo, la secretaria Jurídica de la Presidencia.
En paralelo, el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo –quien asistió al Consejo de Ministros, pero se ausentó tras “un cuadro gripal”– sorprendió al proponerle a los ministros que renunciaran a sus cargos “para dejar en libertad al señor presidente de hacer los cambios que él considere necesarios para asumir los retos de la recta final de Gobierno”.
Cristo, nada menos que el encargado de las relaciones políticas y el acercamiento con el Congreso, admitió sin pelos en la lengua que lo ocurrido durante el accidentado Consejo de Ministros dejó al desnudo que “es insostenible el gabinete como está conformado” y señaló que es evidente que ni el primer mandatario, ni un “sector importante de la opinión nacional”, están satisfechos con los resultados de los ministros.
En el mismo sentido se pronunció otro de los denominados ‘petristas pura sangre’, el director de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo (UNGRD), Carlos Carrillo, quien no solo puso su cargo a disposición, sino que invitó a sus compañeros a “no amarrarle las manos” al jefe de Estado.
“Creo que es menester de todo el gabinete y de todo el alto Gobierno presentar sin demora la renuncia protocolaria. Quienes no hemos sido electos, no podemos aferrarnos a las dignidades, el mínimo gesto de agradecimiento es no amarrarle las manos al presidente. Yo pongo mi cargo a disposición”, declaró.
Pese a semejantes manifestaciones, el primer mandatario respondió con dureza y –al confirmar que seguirá transmitiendo los Consejos de Ministros–, insistió en que persiste el incumplimiento por parte de sus ministros y que lo ocurrido durante la sesión del martes derivó en un “ataque caníbal y autodestructivo”.
En esa línea, arreció en su tesis e instó a quienes así lo deseen a renunciar para hacer campaña al tiempo que una vez más pareció defender la pluralidad que, dijo, le imprime Benedetti a su gabinete: “Los que quieran hacer campaña salen, son libres, ya lo había pedido. Los que quieran trabajar el cumplimiento del programa se quedan. Se ajustará el Gobierno de acuerdo al nivel de ejecución de cada ministerio (...) No deseo un Gobierno con dobles agendas, pero tampoco de un solo color porque el pueblo es multicolor”.
Sarabia y Benedetti, firmes
Inclusive, en medio de los pronunciamientos de lado y lado, figuras del Pacto Histórico y exfuncionarios de la primera línea de Petro se metieron en el toma y dame. El senador Iván Cepeda no solo respaldó a la vicepresidenta, a Jorge Rojas o a ministras como Susana Muhamad, sino que instó a blindar al “Gobierno del Cambio” del “oportunismo y corrupción”, en alusión indirecta a Benedetti.
“El problema no es el sectarismo; muchos hemos trabajado y logrado las alianzas que han hecho posible este Gobierno, y hemos insistido, hasta la saciedad, sobre la necesidad de construir un gran Acuerdo Nacional. El problema real es proteger el proyecto del oportunismo y la corrupción”, manifestó el congresista.
Por su parte, el excanciller Álvaro Leyva reclamó por el “hundimiento del proyecto de Gobierno”, alegó que Petro “viene perdiendo la capacidad de trazarle a la Nación un horizonte ético” e incluso, declaró que Laura Sarabia “carece de las condiciones íntimas, personales y de los conocimientos necesarios y autoridad intrínseca para representar al país”.
Así, Leyva se terminó uniendo al coro de funcionarios que expresaron en voz alta su descontento con Benedetti, pero particularmente con Sarabia, a quien no dejan de señalar como una talanquera para llegar al presidente.
En respuesta, la canciller declaró que “cada ministro tiene una responsabilidad” y que el Consejo de Ministros terminó desdibujado por cuenta de las rencillas. Pese a las voces que rumoraban que también daría un paso al costado para bajar los decibeles, EL COLOMBIANO conoció que permanecerá en el cargo y no renunciará al Gobierno.
Este diario conoció también que, pese a la ola de descontento, Benedetti seguirá firme en el cargo e incluso, fuentes allegadas al ahora jefe de despacho aseguraron que desde días atrás el propio Petro sabía de las manifestaciones de rechazo contra su funcionario. Además, negaron que hubiese sido idea de Benedetti transmitir en vivo el Consejo de Ministros.
¿Cómo superar la crisis?
A poco más de un año para las elecciones y justo cuando se acerca la recta final del mandato, la cascada de renuncias y la crisis interna que amenaza con implosionar al Gobierno serían solo la punta de un iceberg que amenaza a Petro.
Así lo advierte la profesora Eugénie Richard, de la Universidad Externado –experta en marketing político y comunicación gubernamental–, quien explicó a EL COLOMBIANO que la revuelta en las huestes petristas sería solo un síntoma de un malestar profundo dentro de un Gobierno “hondamente fracturado”.
“Aunque Petro quiso hacer un acto de transparencia sobre la gobernanza del país, evidenció que hay una profunda insatisfacción dentro de sus propios ministros. Unos se acusan de mentir, otros de no querer trabajar. El Gobierno está muy fracturado y, sin duda, estas renuncias solamente son la parte visible y más inmediata de una grave crisis que está atravesando el Gobierno Petro”, explicó.
Para la catedrática, la decisión de mantener a Benedetti y confiarle un puesto que transciende el mero asesoramiento e implica la coordinación de la agenda y el puente con los demás ministerios, se traduce en un empoderamiento como actor clave del Gobierno por encima de otros aliados del primer anillo del mandatario.
“Pareciera que el presidente no tiene otro remedio que tener a Benedetti contento, seguramente porque puede que sepa muchos secretos que el jefe de Estado no quiere que la opinión pública conozca. Aplica el viejo consejo de guerra de tener a los amigos cerca, pero a los enemigos aún más, porque Benedetti podría volverse potencialmente una pieza explosiva para él”, agregó.
La disyuntiva que parece saltar a la vista es: ¿Petro debe mantener a los suyos y apostar por quienes le han demostrado lealtad? ¿O jugársela por Benedetti para evitar otro escándalo mayúsculo en su Gobierno? Para la profesora María Margarita Zuleta, directora de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, no hay una respuesta clara frente a cómo debe actuar el mandatario. Eso sí, advirtió que será su tarea medir las consecuencias de cada una de las salidas.
“Tendrá sus costos y el presidente deberá medirlos para tomar la decisión”, aseguró Zuleta a este diario, indicando que el deber inmediato del jefe de Estado será recuperar espacios para la coordinación y la gestión pública como los Consejos de Ministros para que cumplan su verdadero propósito y, a punta de ejecución y eficiencia, se disipen los ruidos.
“Los Consejos de Ministros, que generalmente se hacían de forma semanal, a una hora fija, donde todos los ministros iban y a veces había invitados que eran otros funcionarios públicos dependiendo de los temas a tratar, deben ser algo que se hace con rigor, que se organiza y en los que la gente se prepara con juicio. Es la única forma de recomponer las relaciones y de lograr reconciliar las posiciones”, concluyó.