Los hombres fueron los que más empuñaron las armas durante el conflicto y, aún así, fueron las mujeres las más afectadas en varios de los delitos: el 92% de las violaciones sexuales fueron contra mujeres y el 52% de los desplazamientos forzados también.
Se estima que 4 millones de mujeres y niñas se vieron obligadas a dejar sus territorios y a desplazarse hacia las ciudades, donde sufrieron de un sin fin de revictimizaciones basadas en su género que aún persisten.
Mónica tenía 14 años y vivía en Pauna (Boyacá), cuando su madre, urgida por huir de la violencia, decidió mandarla a Bogotá mientras ella intentaba vender la finca que había heredado de su padre: “Mi mamita quedó solita, bregando a vender. Bajó un señor y se la compró en 2.400.000 pesos. Hoy en día vale más de 1.200 millones”, recordó Mónica, quien hizo una vida en la ciudad huyendo del reclutamiento forzado y de las extorsiones que recibía su familia.
A esas conclusiones llegó el capítulo de género del Informe Final de la Comisión de la Verdad, un tomo de 408 páginas que se centra en la “violencia desmedida e injustificada” que se ensañó contra las mujeres y la comunidad LGTBIQ+, especialmente contra personas homosexuales y transgénero.
“La guerra se instaló en las mujeres, en sus territorios, en sus hogares, en su cuerpo, dentro de su vientre. Los actores armados comprendieron rápidamente que controlar los territorios implicaba controlar a las mujeres, y para esto era necesario controlar su vida y su cuerpo; romper el tejido social”, dice uno de los fragmentos del Informe, el primero de su tipo en el mundo, pues ninguna Comisión de la Verdad había dedicado un capítulo completo a estudiar las victimizaciones basadas en género.
Violencia sexual
Tras escuchar a más de 10.000 mujeres en todo el país, la Comisión también concluyó que por lo menos 32.446 de ellas fueron sometidas a tratos en contra de la dignidad y la libertad sexual.
Una de ellas fue Consuelo, quien viajaba hacia el cumpleaños de su mamá cuando fue violada en medio de una llamada “pesca milagrosa”. Cuenta que sintió como si la rifaran porque a los guerrilleros les dieron a escoger entre las mujeres que iban en ese bus.
“A cada mujer, uno le cogía las piernas, otro un pie, otro el otro pie, el otro la mano y el otro la sujetaba. Decían: “Para que les sea facilito y no tengan tanto problema se quedan quietas; si no, a la fuerza”. Me desmayé de tanto llorar, de tanto hacer fuerza, de tanto clamarle a Dios”. Cuando se despertó, Consuelo había sido violada por siete guerrilleros.
Las otras mujeres tuvieron que ver cómo violaban a sus compañeras campesinas, y no fueron las únicas, la Comisión describió que esa también fue una forma de tortura: decenas de hijas, esposos, y hermanas fueron obligados a observar mientras violaban a sus seres queridos.
De hecho, la Comisión reveló que, del total de víctimas escuchadas, el 13% fueron obligadas a presenciar otros abusos.
Escuchar las víctimas
El capítulo estuvo a cargo de la comisionada de la verdad Alejandra Miller: economista, magíster en estudios políticos y feminista. De su paso por las comunidades, recuerda “lo difícil que fue escuchar a esas mujeres violentadas cuyas heridas aún no terminan de sanar”, como dijo en uno de los encuentros con las víctimas.
Por ahora, los demás comisionados y el padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, continúan viajando dentro y fuera del país para exponer el Informe Final ante organismos internacionales, como la ONU y la OEA, y ante las comunidades del país que escucharon durante estos cuatro años y medio de funcionamiento.
Para que esto no vuelva a repetirse, la Comisión consignó múltiples recomendaciones que incluyen al Estado, los medios de comunicación y la Fuerza Pública. “Que esto jamás nos vuelva a pasar a nosotras nunca. Necesitamos poder abrazarnos entre nosotras mientras sana este dolor”, concluyó una de las víctimas entrevistada por la Comisión