La inteligencia artificial (IA) sirve para armar en segundos una lista de reproducción en Spotify, organizar un itinerario de viaje, hacer que una manifestación social se vea más grande y ahora también funciona como apoyo en las decisiones judiciales en Colombia.
El último caso se registró el 3 de abril cuando los magistrados del Tribunal Superior de Pereira se apoyaron en ChatGPT para hacer una consulta: la respuesta del chatbot les permitió tomar una decisión de fondo en uno de sus procesos.
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El fallo en cuestión fue de segunda instancia y supuso un giro legal en el caso de un hombre que había sido absuelto –en la primera instancia– por el delito de homicidio culposo.
El hecho se remonta al 5 de octubre de 2013. Eran las 11:20 de la noche y Manuel David García Cañón conducía su motocicleta sobre la vía que conecta a Armenia con Pereira cuando chocó de frente con Luz Estela Rojas Rodríguez.
La mujer alcanzó a ser trasladada hasta un centro asistencial. Pero falleció después: tenía politraumatismos severos en el tórax, la pelvis y un desgarro en su hígado.
Segundos antes del siniestro, la mujer se había bajado de un taxi. El conductor alcanzó a ser testigo en el caso y relató que cuando la transportó le sintió “tufo”.
En efecto, a la víctima se le realizaron exámenes y encontraron que en su cuerpo había 20 miligramos de alcohol por cada 100 milímetros de sangre.
Fue entonces que el Juzgado de primera instancia determinó que el motociclista debía ser absuelto.
Argumentó que a esa hora de la noche un conductor no espera encontrarse con un peatón de repente y que el alcohol encontrado en el cuerpo de la mujer la pudo embriagar y, así, la víctima no tomó todas las precauciones necesarias para cruzar la vía.
La Fiscalía apeló el fallo y una de las tesis era que el alcohol encontrado en el cuerpo de la señora no era tan elevado como para causar una borrachera. El fallo, entonces, pasó a la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de Pereira.
La polémica consulta
Para los magistrados del Tribunal Superior era necesario establecer si el alcohol que había ingerido la mujer era suficiente para embriagarla y afectar sus condiciones motoras, cognitivas y sensoriales.
Entonces –y contrario a consultar con un toxicólogo, un perito o algún texto académico– decidieron encender el computador y preguntarle a ChatGPT.
“¿La presencia en sangre de 20 miligramos sobre 100 mililitros de etanol a cuantas copas de vino, de aguardiente, de ron o de cerveza equivalen?”, preguntaron los magistrados a ChatGPT. Para Nicolás Uribe, experto en IA, los magistrados habrían hecho un mal uso de ChatGPT, pues es una herramienta que apenas está en construcción.
“Todos los modelos de lenguaje amplio tienen errores, a veces alucinan y tienen necesidades de verificación. También hay problemas en citarlo como fuente científica porque nunca lo será: allá hay información de Wikipedia y documentación publicada, muchas veces, sin curaduría”, advirtió Uribe en diálogo con este diario.
Una de las vías que pudieron tomar los magistrados, explicó el experto, era usar una plataforma de ChatGPT que se llama Consensus, allí podían encontrar infinidad de artículos científicos indexados sobre el tema que rastreaban.
“Ahí lo que hace ChatGPT es indicarle estudios que haya analizado casos similares y así encontrará archivos documentos y toda clases de fuentes. Así se usa ChatGPT para llegar a fuentes primarias en cuestión de segundos”, añadió Uribe.
Sam Altam, Ceo de OpenAi, ha recomendado, incluso, abstenerse de usar la IA para decisiones importantes y ha insistido en la necesidad de que los gobiernos regulen esta nueva tecnología que apenas nació en 2022.
“En juego están los derechos de las personas y hay que tomar con la mayor seriedad el uso de herramientas, que son muy interesantes, pero al mismo tiempo muy riesgosas”, indicó Juan David Gutiérrez, profesor de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario.
La respuesta de ChatGPT
Ante la pregunta de los magistrados, la IA arrojó que la mujer habría consumido una lata de cerveza, una copa de vino o una copa de aguardiente.
La justicia consideró entonces que el nivel de alcohol encontrado no representaba lo suficiente para alterar el comportamiento y que, sumado a eso, el conductor había sobrepasó los límites de velocidad establecidos para la zona del siniestro. Condenaron a Manuel David a 32 meses en prisión y a pagar una multa de 26 salarios mínimos.
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