Del respaldo total a la ruptura política
No de otra manera pueden leerse los pronunciamientos que desde semanas atrás viene emitiendo quien fuera el primer ministro de Relaciones Exteriores del actual Gobierno, en los que ha criticado –con vehemencia y sin guardarse nada– determinaciones del jefe de Estado, movimientos del gabinete, nombramientos y, más recientemente, al propio presidente.
Recién este martes, a través de la red social X –la plataforma preferida de Petro– Leyva acusó al primer mandatario de ser un jefe de Estado “que hace uso del poder a su alcance para amenazar, para intimidar, para calificar de manera impropia, por decir lo menos, a quienes no son hoy sus militantes”.
Incluso, recordó la toma del Palacio de Justicia: “Advertí el golpe que estaba preparando el M-19”, al tiempo que señaló al hoy presidente de ser “autor de sembradíos de posibles violencias; que se le ha ido la mano ya por razones propias suyas, íntimas, conductas indebidas o poco aconsejables, ya (sea) por desespero, ya (sea) por no controlar su lengua”.
Los motivos detrás de su distanciamiento
Semejantes declaraciones contra quien fuera su jefe tendrían origen en el papel cada vez más minúsculo y secundario que jugó Leyva tras su salida del Gobierno tras revocar la licitación para la expedición de pasaportes, lo que le valió una inhabilidad de 10 años por parte de la Procuraduría. De hecho, en febrero reveló que “hace meses” no se comunica con el mandatario y que es “imposible tener interlocución con él”.
“Advertí el golpe”
El origen del más reciente pronunciamiento de Leyva contra Petro fue el discurso que la semana pasada profirió el jefe de Estado en la Plaza de Bolívar en Bogotá, donde hizo una férrea defensa de sus reformas e impulsó la consulta popular para que la ciudadanía se pronuncie. En ese momento, Petro hizo referencia al nobel Gabriel García Márquez y a su paso por la guerrilla del M-19.
“Yo no estoy hablando carreta. Los que fuimos del M-19 no aprendimos a hablar carreta. Fuimos oficiales de (Simón) Bolívar y ese es un juramento que se lleva hasta el final como una marca porque es la misma marca de los Aurelianos. Bien lo contó Gabriel García Márquez”, dijo Petro.
Ante ello, Leyva –quien ha participado en varios procesos de paz desde la década de los años 80– cuestionó el alcance de las palabras del mandatario. “¿Juramento que se lleva hasta el final? Eso qué es presidente. Se lo pregunta quién fuera su canciller. Claro que agradezco el nombramiento que me hizo. Pero como en todo, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”, señaló.
En esa línea, el excanciller recordó cómo vivió el holocausto del Palacio de Justicia y cómo intentó prevenir al entonces presidente Belisario Betancur, indicando que en 1985, por intermediación de García Márquez, guerrilleros del M-19 lo contactaron para hablar de paz. Según Leyva, sostuvo conversaciones con Álvaro Fayad, Luis Otero y Alfonso Jacquin, y si bien “hablaban de paz”, alertó que “estaban preparando un peligrosísimo golpe”.
Después de varios intentos por hablar con el entonces jefe de Estado, Leyva recordó que tuvo que acudir a intermediarios para lograr hablar con el presidente y advertirle que “estábamos en vísperas de una tragedia nacional”.
“A los dos días me llamó el presidente. Le hice las advertencias del caso. Le supliqué que no desoyera lo que le informaba. Nada creyó (...) A los muy pocos días tuvo lugar la toma del Palacio de Justicia”, afirmó, precisando además que mantuvo una relación “directa y cordial” con Carlos Pizarro Leongómez. “Lo vi en el monte más de una vez. Aceptaba errores. Él, a su manera, en clandestinidad creó confianza, premisa mayor para lograr la paz”.
No obstante, indicó que, “tras tanta barbaridad cometida por el M-19” y conociendo de cerca el pensamiento de Pizarro, Petro “no puede salir con el cuento aquel de que yo no estoy hablando carreta (...) En su momento, suplicante, le advertí a mi amigo Belisario Betancur. A usted Gustavo, le prendo las alarmas”.
Otras arremetidas
Los reparos de Leyva, cada vez más subidos de tono, datan de principios de febrero. En su momento, criticó la designación de Laura Sarabia como canciller. Aunque no nombró a la considerada mano derecha de Petro, manifestó que se acercó “al abismo de su alma” y que “allí asustan”. En esa línea, cuestionó: “¿Ascendió porque conoce demasiados secretos non santos de hechos de los cuales hizo parte y lo está cobrando?”.
Días después, en medio del revuelo por el accidentado Consejo de Ministros, Álvaro Leyva reclamó por el “hundimiento del proyecto de Gobierno” y alegó que Petro “viene perdiendo la capacidad de trazarle a la nación un horizonte ético”.
Sin embargo, el pronunciamiento más fuerte fue el 10 de febrero, cuando aseguró que Petro dejó “su Gobierno al garete”, cayó en un “profundo caño” y que, con el “exhibido” Consejo de Ministros, puso en evidencia “el fracaso de su gestión”, al tiempo que puso en La Picota pública a varios de sus más cercanos funcionarios, a quienes dejó “en una posición de descrédito”.
Incluso, se refirió a Armando Benedetti, catalogándolo como “confeso consumidor de estupefacientes” y “llamado a juicio por la Corte Suprema de Justicia”. Pero los reparos no quedaron ahí.
A principios de marzo, tras confirmarse la salida de la vicepresidenta Francia Márquez del Ministerio de la Igualdad, lanzó más pullas –sin nombrarla– contra Sarabia. “La canalla de siempre ha sido la que ha venido minándole el camino de forma soterrada. Ejemplo de ello, el que la hayan retirado del Ministerio de Igualdad y Equidad, quedando como si no hubiese sido capaz”, manifestó Leyva.