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70 años de la paz con la guerrilla de Guadalupe Salcedo

El 15 de septiembre de 1953, Rojas Pinilla firmó la paz con las guerrillas liberales de los llanos en Monterrey, Casanare.

  • Imágenes de algunos miembros de las guerrillas liberales de los Llanos y soldados de la época, cuando se llevaba a cabo el proceso de desmovilización en Monterrey, Casanare. FOTO Captura de video.
    Imágenes de algunos miembros de las guerrillas liberales de los Llanos y soldados de la época, cuando se llevaba a cabo el proceso de desmovilización en Monterrey, Casanare. FOTO Captura de video.
  • Las guerrillas liberales de los Llanos buscaban saciar su necesidad de ser reconocidas en la ruralidad. FOTO CAPTURA DE VIDEO
    Las guerrillas liberales de los Llanos buscaban saciar su necesidad de ser reconocidas en la ruralidad. FOTO CAPTURA DE VIDEO
  • Con el decreto 1823 de 1954 la dictadura de Rojas Pinilla prometió otorgarles amnistía a los bandoleros de las guerrillas. FOTO CAPTURA DE VIDEO
    Con el decreto 1823 de 1954 la dictadura de Rojas Pinilla prometió otorgarles amnistía a los bandoleros de las guerrillas. FOTO CAPTURA DE VIDEO
10 de septiembre de 2023
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Hace 70 años un bandolero creyó en la paz con fe ciega. El 15 de septiembre de 1953, Guadalupe Salcedo, líder de las guerrillas liberales del Llano, convenció a sus más de 200 hombres, también bandoleros por necesidad o convicción, de que entregaran las armas en un acto simbólico que prometía el fin de la guerra, aunque no para siempre.

A caballo, con sombreros y pantalones anchos, las tropas de Guadalupe llegaron hasta Monterrey, Casanare, para reunirse con los generales Gustavo Rojas Pinilla y Alfredo Duarte Blum, quienes habían llegado en avión para firmar la paz y terminar con la violencia bipartidista que había recrudecido tras la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, tiñendo de sangre los Llanos Orientales y amenazando con convertir las ciudades y municipios en territorios de guerra.

Esa mañana de martes todo estaba preparado para darle la bienvenida al nuevo tiempo de la paz. En el campo arenoso los campesinos se las ingeniaron para colgar de las palmas más altas telas blancas en las que grabaron con letras negras el lema que hasta hoy acompaña a ese municipio: “Monterrey os saluda. Llave de la guerra y sello de la paz”.

Los campesinos de camisas blancas se fueron acomodando en fila frente a un pelotón de Rojas Pinilla perfectamente uniformado con camisa manga larga y quepis de la época, atendiendo a la formación que les había dictado el general. Cuando se vieron las caras, los bandoleros y los militares, uno a uno salieron al frente para apretarse la mano en señal de paz, luego de haberse matado por casi cinco años. Después estallaron los aplausos y las sonrisas cuando Guadalupe Salcedo le entregó su arma al general Duarte Blum. No había mayor ofrenda, se había firmado la paz.

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El momento quedó grabado para la posteridad y le sirvió a Rojas Pinilla para legitimar su poder y de paso su ideal de gran pacificador. “Cuando apareció Guadalupe Salcedo estrechando la mano del general Duarte Blum, ese gesto se convirtió en una imagen icónica para el régimen, porque fue la representación de las guerrillas retornando a la civilidad y el Estado personificando un ente neutral, un facilitador de la desmovilización, eso querían mostrar”, dice Felipe Arias, historiador en Señal Memoria.

Guadalupe había soñado con ese momento de paz. Antes de firmar el tratado había mandado un comunicado al Gobierno para explicar que dejar las armas no era sinónimo de derrota.

“El motivo por el cual depusimos las armas ante el Excelentísimo señor Teniente General Gustavo Rojas Pinilla no fue el ambre [sic] ni la esnudez [sic] ni la enfermedad: lo que hizo entregar las armas fueron el derecho a la vida, la libertad, la justicia y la nueva hera [sic] de trabajo para todos los colombianos. No somos bandoleros ni forajidos; sino hombres de bien y defensores de la democracia en Colombia”, escribió Guadalupe.

Historia de guerrillas liberales

Más allá de defender la democracia, las guerrillas liberales de los Llanos buscaban saciar su necesidad de ser reconocidas en su ruralidad. Pero, sobre todo, cargaban con la lucha de recuperar la tierra, uno de los motivos que perpetuó y mantuvo el conflicto armado en Colombia.

“No era un tema solo de derechos sino que era también un escenario de la lucha territorial, por eso empiezan a plantearse las ideas de iniciar una lucha armada para reconocerse”, explica Iván Romero, investigador de Señal Memoria.

En aquel tiempo, uno de los temas políticos más importantes eran las reformas liberales del entonces presidente Alfonso López Pumarejo y junto a ellas un reconocimiento de las zonas rurales, lo que significó una retitulación de tierras y el entendimiento de que la ruralidad existía, que hacía parte del espectro político, que tenían derechos y libertades que el Estado tenía que garantizar.

Sin embargo, tras la salida de Pumarejo de la Presidencia, llegó al poder la hegemonía del Partido Conservador y con ella la búsqueda de perpetuarse en el poder bajo un modelo de nación que privilegiaba a los conservadores. Esto, casi de inmediato, creó un descontento en la ruralidad liberal y una efervescencia que terminó en conflicto y guerra.

En ese contexto surgieron las guerrillas liberales, producto en parte de la restricción de sus derechos. Eran campesinos que nunca habían combatido, que no entendían las lógicas de la guerra porque lo único que empuñaban era el azadón para arar la tierra. Conocían el territorio, el clima y sabían moverse en la geografía que ya conocían.

Las guerrillas liberales de los Llanos buscaban saciar su necesidad de ser reconocidas en la ruralidad. FOTO CAPTURA DE VIDEO
Las guerrillas liberales de los Llanos buscaban saciar su necesidad de ser reconocidas en la ruralidad. FOTO CAPTURA DE VIDEO

El hecho que marcó el recrudecimiento de la violencia fue el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948. Y para ese momento, las guerrillas liberales ya no eran los 50 campesinos armados, sino un grupo robusto de casi 200 bandoleros que habían reclamado gran parte del territorio llegando hasta Casanare y con un líder visible a la cabeza: Guadalupe Salcedo Unda, un araucano que se puso al frente de los comandos.

Uno de sus golpes más reconocidos fue el ataque a Orocué, en el río Meta, en el que murieron 17 soldados. Y en cada asalto eran más los muertos, lo que preocupó en gran manera a las autoridades porque se acercaban a Bogotá.

A eso se le sumó que las guerrillas mostraban cada vez más capacidad organizativa con la creación de las “Leyes del Llano”, las cuales apuntaban a la reorganización de la población.

“A partir de eso las guerrillas cobraron relevancia. El Ejército vio que no era tan fácil confrontarlos y vencerlos. Y cuando se consolidaron en el territorio de los Llanos empezaron a plantearse una propia legislación, su propia forma de tener autonomía territorial. Los guerrilleros tenían control y tenían leyes”, apuntó Romero.

Ante esa alzada en armas, los conservadores trazaron unas líneas de contención para que el conflicto no llegara a la ciudad. Fue entonces cuando aparecieron los pájaros y los chulavitas, y con ellos llegó la sevicia en su máxima expresión.

Por eso, con el fin de reducir los índices de violencia, el general Rojas Pinilla se tomó el poder el 13 de junio de 1953.

“No más sangre, no más depredaciones a nombre de ningún partido político, no más rencillas entre hijos de la misma Colombia inmortal”, declaró el militar.

La dictadura de Rojas Pinilla se instauró en parte para calmar los ánimos del creciente movimiento guerrillero y lograr un escenario de pacificación, por lo que comenzó con buscar mecanismos para contener las guerrillas y controlar el orden público.

Con el decreto 1823 de 1954 la dictadura de Rojas Pinilla prometió otorgarles amnistía a los bandoleros de las guerrillas. FOTO CAPTURA DE VIDEO
Con el decreto 1823 de 1954 la dictadura de Rojas Pinilla prometió otorgarles amnistía a los bandoleros de las guerrillas. FOTO CAPTURA DE VIDEO

Con ese ambiente convulso, el general reconoció que era importante iniciar unos diálogos por la paz y bajo el decreto 1823 de 1954 prometió otorgarles amnistía a los bandoleros.

Es decir, les planteó la posibilidad de perdonarles los delitos que hubieran cometido desde 1954 hacia atrás con el compromiso de que entregaran las armas.

Ese anuncio facilitó los diálogos con las guerrillas. Así entonces, Guadalupe Salcedo atendió el llamado y reconoció que estaban dispuestos a entregar las armas.

Para el 22 de julio se ordenó un cese de hostilidades que dio paso a la firma de la paz el 15 de septiembre de 1953 que más tarde se vio traicionada.

La traición a la paz

Al momento de negociar, la figura de Guadalupe Salcedo cobró importancia gracias al carisma, a la legitimidad que representaba dentro de las guerrillas y a su capacidad para entender los discursos de resistencia civil.

“Era un líder de las guerrillas reconocido dentro del grupo como una persona jovial, amable, cercano y cantaba coplas. Eso lleva a que tenga un rol importante cuando negocian la entrega de armas con la dictadura”, dice Romero.

Con el tratado de paz a los guerrilleros les prometieron participación política y todo un escenario de acceso a bienes y servicios que no existían en la ruralidad como garantías a la población combatiente, indemnización a las víctimas, liberación de presos políticos, reconstrucción de pueblos y de escuelas.

A eso se le sumaron las amenazas de ser arrasados si seguían combatiendo. Finalmente, lo que los motivó a dejar las armas, más allá de las condiciones de paz, fue el temor motivado por el Estado en cuanto a un pie de fuerza más grande y una capacidad militar mucho más importante. Sin embargo, ese restablecimiento de derechos no se alcanzó a materializar.

Cuando Guadalupe viajó a Bogotá para firmar esa paz, lo asesinaron a tiros en la puerta de un hotel. Fueron cinco disparos, dos de ellos en las palmas de sus manos, como si fuera en señal de rendición que no se le respetó.

Según el investigador Romero, eso derivó en que sectores radicales de las guerrillas no creyeran en la paz y crearan nuevas guerrillas con nuevos ideales.

El caso más significativo fueron las Farc, con las que más de 50 años después no se ha logrado una paz completa.

Por otra parte, la mayoría de los campesinos dejaron su vida rural y volvieron a tomar las armas pensando que Guadalupe fue ingenuo, que se dejó traicionar y murió tratando de hacer la paz.

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