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Las peligrosas alianzas de los renegados de las Farc

Exmiembros del frente 36 se están juntando, al parecer, con bandas de Bello, Bajo Cauca y los Llanos Orientales.

  • En Briceño iniciaron las disidencias del frente 36 de las Farc. Allí pintaron muros, calles y fachadas. FOTO Jaime Pérez
    En Briceño iniciaron las disidencias del frente 36 de las Farc. Allí pintaron muros, calles y fachadas. FOTO Jaime Pérez
  • Néstor Vera, “Iván Mordisco”
    Néstor Vera, “Iván Mordisco”
  • Ricardo Ayala, alias “Cabuyo”
    Ricardo Ayala, alias “Cabuyo”
  • Fernando Jiménez, alias “el caníbal”
    Fernando Jiménez, alias “el caníbal”
  • Rodrigo Rodríguez, “montañero”
    Rodrigo Rodríguez, “montañero”
Las peligrosas alianzas de los renegados de las Farc

Lo que empezó como una cuadrilla de unos 17 renegados del proceso de paz con las Farc, en Briceño, se convirtió en una amenaza para toda Antioquia. Lo que antes era el frente 36, es ahora una organización cuyas alianzas permitieron la extensión de sus tentáculos hasta el Valle de Aburrá, Urabá y los Llanos Orientales.

La intención de unas disidencias de las Farc articuladas en todo el país está servida en la mesa, pero como lo confirma el mismo comandante de las Fuerzas Militares, general Alberto José Mejía, “se está haciendo todo lo posible para detener esa estrategia”.

La pregunta que surge para esta zona del país es: ¿cómo se puede conectar el grupo residual que lidera en Antioquia Ricardo Abel Ayala, alias Cabuyo, con los que comanda Miguel Santillana Botache (“Gentil Duarte”) en los Llanos Orientales?

La persona clave para esto sería Néstor Gregorio Vera, conocido como “Iván Mordisco”, quien al parecer fue designado por Duarte para cumplir la misión de un empalme con los grupos disidentes en Norte de Santander (frente 33) y en Antioquia (frente 36), y lograr revivir las andanzas ilegales, especialmente con las rentas, que antes tenía el bloque Noroccidental de las Farc.

“Iván Mordisco” es el principal hombre de las disidencias del frente primero de la antigua guerrilla, considerado uno de los más grandes del país con aproximadamente 400 hombres, según uno de los últimos informes de la fundación Insight Crime, y que tiene su accionar delictivo en los departamentos de Meta, Guaviare y Caquetá.

El contacto entre ambos cabecillas al parecer ya se hizo, sin embargo, este no fue personal, según la información que se tiene desde el Ejército. “La línea que hay es que a ‘Mordisco’ le dieron la tarea de controlar el Norte, pero decir que ese personaje estuvo en Antioquia, no”, aseguró el general Juan Carlos Ramírez, comandante de la Cuarta Brigada, quien agregó que, desde la Séptima División y la unidad que él dirige, trabajan para que no se logre cristalizar la idea que tienen ellos, “que es volver a fortalecer el bloque Noroccidental que antes existía en las Farc. Si ese bloque se activa, el antiguo corredor de droga se fortalece”.

Alianza o no entre disidencias a nivel nacional, lo que sí conoció EL COLOMBIANO es que en Antioquia la idea de “Cabuyo” y su gente es refundar el frente Cacique Coyará de las Farc (anteriormente hacía parte del frente 18), y para eso se encuentra reuniendo excombatientes de los frentes 5, 18 y 36, más el personal reclutado en el norte de Antioquia, incluidos varios menores de edad.

La estructura de “Cabuyo”

Aparte de buscar fortaleza militar, “Cabuyo” también quiere controlar las rutas de narcotráfico que conectan las regiones de Bajo Cauca, Norte, Urabá e incluso parte de Chocó, y por eso se sospecha que ya tiene alianzas con otros grupos criminales como “los Caparrapos” y el Eln.

“Por fuentes humanas sabemos que la gente de ‘Cabuyo’ mantiene contacto con ‘Bernardo’, cabecilla del frente Cacique Calarcá del Eln en Chocó”, aseguró una fuente judicial consultada.

En Inteligencia Militar se analiza la información suministrada por varios desmovilizados de las disidencias del frente 36, quienes afirman que Ricardo Abel Ayala ya cuenta con aproximadamente 285 militantes, entre combatientes y redes de apoyo. Además, tiene conformadas seis comisiones de orden público y urbanas que delinquen en los municipios de Briceño, Ituango, San Andrés de Cuerquia y Toledo.

Las autoridades tienen claro que los alias de “Ramiro”, “Cuatro”, “Rango”, “Poeta” y “Yepes” son los que resaltan en la organización ilegal liderada por “Cabuyo”; sin embargo, lo que aún está un poco confuso es la capacidad del armamento que tienen, pues los fusiles entregados por los desmovilizados recientes no se encontraban en buen estado.

Lo que pudo establecer EL COLOMBIANO por medio de testimonios de habitantes de Briceño, que han visto “patrullar” a los disidentes, es que esas personas “están bien armadas” y a esto se le suma que por lo menos seis de las caletas con armamento y explosivos que debía ubicar y desmantelar el Gobierno en zona rural de Briceño e Ituango tras el desarme de las Farc como guerrilla, se encontraban completamente vacías cuando el Ejército llegó a ellas.

Los aliados de Bello

Con la desmovilización de las Farc y la entrada en escena del renegado del proceso de paz, “Cabuyo”, las bandas del municipio de Bello vieron una oportunidad de expandir negocios.

Según la Policía y la Fiscalía, en el último año se consolidó una alianza entre tres facciones del Valle de Aburrá y los exguerrilleros que delinquen en el Nordeste y el Norte de Antioquia, situación que genera un corredor para el narcotráfico intermunicipal.

Uno de los grupos implicados es “Pachelly”, una estructura con tentáculos en Bello, Copacabana, Barbosa y Girardota. Una investigación de la Dirección de Fiscalías contra la Criminalidad Organizada señala que uno de sus cabecillas, José Domiciano Carrillo Montoya (“Sólido”), lideró un proceso de irrupción en el mundo rural, con la extorsión y minería criminal en las localidades de Segovia, Remedios y algunas vetas de Bajo Cauca.

“Sólido” sería copropietario de varias minas de oro en el Nordeste. La Policía lo capturó el pasado 27 de abril, pero eso no afectó los lazos con la disidencia de “Cabuyo”.

En la actualidad, el enlace de “Pachelly” con los exsubversivos es “el Pastuso”, quien recibe la coca procesada en las montañas para distribuirla en plazas del área metropolitana.

La otra facción de origen bellanita que comercia con los reincidentes es “el Mesa”, cuyo jefe es Luis Rodríguez Rodríguez (“el Montañero”), un hombre con amplios antecedentes judiciales y varias identidades en el sistema de la Registraduría. Su grupo también maneja plazas de vicio en Bogotá y en Antioquia se está expandiendo hacia Toledo.

Y la tercera es la banda “el Tapón”, de origen bellanita y especializada en microtráfico. Obedece órdenes de Fernando Jiménez Ruiz, alias “el Caníbal” o “el Feo”, quien por sus conocimientos en materia de estupefacientes se habría convertido, presuntamente, en el ancla de la alianza entre las mafias del Valle de Aburrá y las cuadrillas residuales de las Farc.

El hombre clave

El prontuario de “el Caníbal” empezó a tejerse en los años 90 dentro de “el Tapón”, una estructura que delinque en cercanías a la plaza de mercado de Bello, y es la principal distribuidora de droga en ese municipio. Luego fue paramilitar en el bloque Metro y pasó a las huestes del bloque Centauros, en los Llanos Orientales; con este último se desmovilizó en 2005.

En los archivos judiciales le figuran investigaciones por el asesinato de dos agentes del Gaula (2002) y fuga de presos (2004); incluso estuvo en el cartel de los más buscados de la Policía (2005). Salió de la cárcel en octubre de 2015, según la base de datos de la Rama Judicial, y se cree que volvió a delinquir.

Este personaje, según las autoridades, tendría a su cargo la administración de laboratorios de cocaína, con los cuales no solo suplen la demanda de exguerrilleros, sino también de las plazas de “el Tapón”, “el Mesa” y “Pachelly”.

“Alias ‘el Caníbal’ está abriendo plazas de vicio en Yarumal, Ituango y San Andrés de Cuerquia. No sabemos si lo está haciendo en alianza con los disidentes o si les está pagando un impuesto ilegal”, indicó el general Carlos Rodríguez, comandante de la Región N°6 de Policía. Y agregó: “ese convenio entre ellos debe existir, sino él no podría llegar hasta esos lados”.

Negocios son negocios

“Cabuyo” y sus hombres se autoproclamaron “comando antiparamilitar”, y en esa dinámica han desatado enfrentamientos contra el Clan del Golfo en Ituango y Briceño, que en los últimos meses dejaron varios muertos y cientos de desplazados. Es por eso que llama la atención su alianza con “el Caníbal”, un exparamilitar, y con la banda de “los Caparrapos” en el Bajo Cauca, otra estructura con pasado en las autodefensas.

“Ahora hay una mezcla de muchos actores, compartiendo espacios en varias zonas de Antioquia por el tema de narcotráfico. La ideología solo es una fachada, negocios son negocios”, advierte un agente, quien solicita la reserva de identidad por tratarse de investigaciones en curso.

Si bien la sociedad con los exFarc le ha servido a los grupos de Bello para delinquir a sus anchas en el Norte y Nordeste, los antiguos insurgentes también se beneficiaron.

“Hay gente de ‘Pachelly’ en San Pedro de los Milagros, Santa Rosa de Osos y San Andrés de Cuerquia. Sabemos que sí están trabajando juntos, porque cuando un bandido del frente 36 baja a Medellín, lo saca la gente de ‘Pachelly’”, asevera el general Ramírez, de la Cuarta Brigada.

La alianza le ha permitido a los exguerrilleros contar con apoyo logístico para la administración de laboratorios de coca y para sus movimientos urbanos, que incluyen amenazas, extorsiones acciones de sicariato y secuestros.

El convenio ilícito, según información de Inteligencia, se ejecuta en Ituango, Briceño, Valdivia, Toledo, Yarumal, San Andrés de Cuerquia, Santa Rosa de Osos, Guadalupe, Anorí, Amalfi y Vegachí. Y si las autoridades no los frenan pronto, esta red intercriminal podría crecer aún más.

Entre los episodios que implican su accionar conjunto, presuntamente, están la masacre de siete personas en un estadero de Yarumal (21/1/18) y el secuestro de un comerciante de Ituango en mayo, a quien le arrebataron $200 millones para dejarlo en libertad.

Estas peligrosas conexiones entre exguerrilleros y bandas, podrían desmoronar las intenciones de tener un posconflicto en nuestra región, pues se estaría configurando un poderoso cartel que involucra drogas, extorsión, amenazas, desplazamiento, terrorismo y control territorial.

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