Durante los últimos tres años y nueve meses de gobierno, uno de los temas más álgidos en la administración del ahora exalcalde Daniel Quintero ha sido el proyecto de Hidroituango.
Pese a que el exmandatario ha volcado todo su aparato publicitario y propagandístico para sostener que el proyecto fue salvado durante su gestión, el mismo aún está en el limbo en medio de un proceso licitatorio manchado de cuestionamientos y que tiene cómo único competidor a un consorcio colombo-chino que fue rechazado a comienzos de este año por tener problemas para demostrar su experiencia constructiva.
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Asimismo, la megaobra ha sido el centro de más dolores de cabeza para EPM, que van desde un pago anticipado de una deuda con el BID, que golpeó las finanzas de la compañía, hasta la salida intempestiva de los constructores originales, que luego de la culminación de los trabajos de las unidades de generación 1 y 2 abandonaron el proyecto en medio de acusaciones del alcalde y sin poder hacer un empalme con los contratistas que llegarán a terminar la hidroeléctrica; esta última una de las tareas que mayor preocupación despertaron entre los expertos de la firma Pöyry que evaluaron los riesgos de la obra en diciembre de 2021.
Por el lado de la licitación, a principios de este mes salió a la luz pública el último informe de análisis y conclusiones realizado por EPM tras revisar las ofertas de tres oferentes que se postularon para terminar la hidroeléctrica.
Con este último concurso, es la segunda vez que EPM intenta conseguir un constructor que se encargue de las obras civiles de las unidades de generación 5, 6, 7 y 8, luego de que en marzo de este año se viera obligado a declarar desierta una licitación similar abierta en 2022.
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En dicha licitación inicial, tal como se conoció en diciembre de 2022, solo una empresa presentó ofertas: el Consorcio Ituango PC-SC, integrado por las firmas Powerchina International, Yellow River y la colombiana Schrader Camargo.
Pese a ser los únicos competidores, su oferta fue rechazada luego de que EPM no aceptara la experiencia presentada por el socio colombiano Schrader Camargo, que se postuló para culminar la hidroeléctrica presentado obras como la embajada de Estados Unidos en Bogotá y un complejo industrial para la Cervecería del Valle.
Tras la salida de los constructores originales de la hidroeléctrica, esta misma empresa colombiana fue la que recibió las obras civiles de las unidades 3 y 4 de Hidroituango, en un contrato directo entregado por EPM.
Luego de que esa primera licitación fuera declarada desierta, en una carrera contra el reloj EPM abrió una segunda licitación, esta vez cambiando las condiciones de acreditación de experiencia, abriendo un mecanismo para que las empresas que se presentaran en consorcio la pudieran certificar de forma conjunta.
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Pese a que en un comienzo por lo menos 12 firmas de todo el mundo compraron derechos de participación, al final solo presentaron ofertas tres: el mismo consorcio colombochino rechazado en febrero (esta vez sin la firma Powerchina International), y las constructoras Todini Costruzioni Generali S.P.A de Italia, y China Gezhouba Group.
En septiembre pasado, de esas tres ofertas, EPM sacó tanto a Todini como Gezhouba, y dejó solo en la lista de elegibles otra vez al consorcio integrado por Yellow River y Schrader Camargo, de los que ya se da por sentado serán los que recibirán el megaproyecto.
En los soportes del informe que dejó en firme esa decisión, llamó la atención que el consorcio colombo-chino presentó la oferta más cara de todas ($1.126.462 millones) y acreditó la menor cantidad de volúmenes de concretos en materia de experiencia.
A la luz de los hallazgos encontrados por la firma Pöyry en su informe sobre los riesgos y la estabilidad del proyecto, más allá de los resultados de esta licitación, la decisión misma de cambiar de constructores pone bajo incertidumbre a la megaobra, debido a la pérdida de trazabilidad en los trabajos de recuperación de la obra (que aún no conjura los riesgos de un desastre), y aumentos en los costos y tiempos de ejecución.
Según insistió esa firma en su análisis, dado que el proyecto se quedó sin túneles de desviación y por ahora solo tiene su vertedero (y ahora sus dos primeras unidades) para evacuar el agua, poner a funcionar las ocho unidades cuanto antes es una tarea clave para reducir el riesgo de una catástrofe, sobre todo originada en una socavación del vertedero (diseñado para resolver crecientes súbitas, pero no para un paso continuo del agua).
Además de esta incertidumbre, durante los últimos años el proyecto también ha sido un dolor de cabeza para EPM en términos financieros, ya que, por cuenta de dicho cambio de contratistas y los riesgos constructivos asociados, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) decidió retirarse del proyecto y cobrar de forma anticipada una deuda de 450 millones de dólares.
Buscando evitar una reacción en cadena con otras carteras, EPM comenzó a recaudar recursos de varias de sus filiales e hizo un prepago de esa deuda, viendo sus cuentas golpeadas.
Pese a que la empresa continúa teniendo un robusto músculo financiero, el prepago de esa deuda se ha unido a presiones en otros frentes, como por ejemplo las millonarias inversiones que demanda su filial en la costa caribe Afinia, el anuncio de la empresa de comprar acciones en la Triple A de Barranquilla y la reciente pérdida en la inversión de UNE, que obligó a recortar en $330.000 millones sus expectativas de transferencias.
En medio de esos problemas, la Alcaldía de Quintero también embarcó a EPM en un programa de alivio tarifario que tendrá impacto en caja que oscilan entre los $130.000 millones y los $400.000 millones, en el que, además, se anunciaron recursos por $100.000 millones con los que se busca mitigar varios cobros que emprenderá la compañía en 2024 para ponerse al día con lo que se dejó de recaudar con los usuarios (tal como lo establece la opción tarifaria).
Así las cosas, tras la renuncia a su cargo, Quintero deja también su rol como presidente de la Junta Directiva de EPM con una compañía bajo una alta presión financiera, negocios y proyectos problemáticos, y las obras finales del proyecto de generación de energía más importante de su historia bajo incertidumbre.