A solo nueve días de que Samuel Andrés Monsalve Castrillón celebrara sus 15 años, el pasado 13 de marzo, la fatalidad llegó a su vida. El 4 de marzo, la velocidad que alcanzó en su bicicleta le hizo imposible maniobrar en una curva de la vía que conecta los municipios de La Unión y La Ceja, encontrando por sorpresa un taxi con el que impactó y terminó postrado en una cama, inconsciente, hasta el día de hoy.
Una traqueostomía para respirar y una sonda en el estómago para recibir alimento lo mantienen con vida, mientras su familia espera que algún día su cuerpo reaccione con la misma vitalidad de antes.
“Yo era consciente de que a él le gustaba eso y me preocupaba. Iba y lo buscaba para traerlo a la casa, pero muchas veces se me perdía”, relata Jenny Monsalve, la mamá del adolescente que tuvo que dejar su empleo y buscar apoyo en la casa de sus padres para sobrellevar la situación de su hijo.
Samuel, al igual que otros muchachos, sufrió las consecuencias de la práctica inapropiada del gravity bike, una modalidad ciclística que consiste en descender lo más rápido posible por una pendiente con bicicletas modificadas y que llegó desde las montañas de California, EE.UU (lugar donde nació hace 40 años) para propagarse con rapidez en las lomas de la topografía antioqueña.
El costo en vidas ha sido alto cuando no se desarrolla con las normas de seguridad básicas. El año pasado, siete jóvenes murieron en las vías de Antioquia y en lo que va de 2019, dos más, según la Policía de Tránsito.
Casos como el de Samuel son también muy comunes entre quienes practican el gravity, sin acatar medidas de seguridad. Enmanuel Vallejo Morales lleva seis, de sus 28 años, tendido en la cama siendo dependiente por completo de su madre Gloria Patricia Morales, tras sufrir un accidente similar en un descuelgue.
Para ella, cantante de profesión y decoradora de eventos, su día a día se convirtió en una lucha constante para sobrellevar el estado de su hijo, quien sufrió un trauma intracraneal severo luego de chocar en una bicicleta prestada y sin frenos contra un poste a alta velocidad.
La cabeza de Enmanuel se deformó producto del accidente, generándole secuelas neuro psiquiátricas, motoras y cognitivas. Hoy tiene la edad mental de un niño de diez años, pero los medicamentos que toma le han restado vitalidad a su cuerpo, perdiendo los dientes y el cabello de forma paulatina.
“Él me decía que lo dejara, que esa era la vida de él, pero ahora también es la mía y todo lo que ha trascendido a partir de estos años de dolor”, relata su madre.
Autoridades inquietas
Los hechos riesgosos generados por la práctica del gravity mantienen en alerta a gobiernos municipales y comandantes de la fuerza pública.
En La Ceja, por ejemplo, donde según cifras de la alcaldía cerca de 200 jóvenes entre los 12 y 18 años practican gravity, se prohibió el desarrollo de la actividad.
“Nos asesorarnos muy bien jurídicamente y hoy tenemos un decreto en el que se estipula que cualquier bicicleta adecuada para gravity será retirada de forma inmediata. Ya tenemos decomisadas más de 300”, afirmó Elkin Ospina, alcalde de La Ceja.
El mandatario añadió que su decisión responde a los percances lamentables (que según él han sido varios), protagonizados por jóvenes descolgando en sus bicicletas por las laderas del municipio.
“Un grupo de practicantes de gravity me pidió que cerrara alguna vía por dos horas. Yo les dije que para mí eso no era ningún deporte, sería una irresponsabilidad hacer eso. No queremos que se haga esa actividad”, dijo Ospina.
Con esta medida, La Ceja se convierte en el único municipio de Antioquia, hasta la fecha, que prohibe por norma la práctica del gravity bike.
Defienden su pasión
Si bien el panorama no es alentador para los jóvenes que ven el gravity como un deporte en potencia, los grupos dedicados a la actividad reclaman libertad para realizarlo.
Así lo explica Gerson Leandro Isaza, corredor desde hace nueve años y miembro del grupo Gravity Bike Poblado, un conjunto de aficionados a la adrenalina que han encontrado en la avenida Las Palmas una pista más que propicia para el descenso.
Tanto él como sus compañeros dicen ser el único grupo de Medellín que realiza descensos con equipos de seguridad y bicicletas adecuadas para dicho fin.
“Si uno practica un deporte, lo principal es el autocuidado y si no se tienen las protecciones adecuadas, ni la bicicleta cumple con las características, no se está haciendo el deporte”, explica.
Isaza añade que en el departamento son varios los muchachos que sienten la misma fiebre por la velocidad, pero la escasez de recursos hace que se expongan a descender sin protecciones.
No obstante, “otros dicen que el casco y la protección los frena, que entre más libres, mejor, para bajar más duro. Por mucho que se les diga no hacen caso”, reconoce Isaza.
Las bicicletas modificadas para la práctica del gravity no cuentan con cadena ni pedales. Además, se les fijan pesos en puntos específicos de su estructura para que a altas velocidades sean más estables.
Incluso, países como España, Indonesia, Australia, Italia, Francia y EE.UU., cuentan con federaciones que regulan la práctica y se desarrollan competencias legales.
¿Lo regularían?
Aunque el fenómeno ha adquirido mayor connotación negativa por las pérdidas humanas que ha dejado, lo cierto es que durante años, en Antioquia, se organizaron competencias formales de gravity.
Así lo afirmó Jorge Ovidio González, presidente de la Federación Colombiana de Ciclismo, al recordar que las competencias de gravity empezaron cuando él era director del Clásico El Colombiano.
“Hubo tres versiones de carreras de gravity fabulosas, pero ellos no se organizaron, entonces lo suspendimos. Nadie se quería hacer responsable y justo un muchacho murió mientras entrenaba para una carrera”, precisó.
De acuerdo al directivo, en la Federación nunca han pensado asumir responsabilidades con esa práctica por tres factores: no hay líderes visibles, no está constituido por clubes y no están afiliados a ligas. “Como Federación no tenemos referencia alguna de quién o quiénes son los que manejan el gravity en el país”, especificó González.
Por su parte, desde el grupo Gravity Bike Poblado aseguran que desde el 2013 están buscando un espacio para que se regule el deporte, pero sin efecto. “Si nos colaboraran cerrando una vía como la del Pueblito Paisa o el cerro El Volador, durante dos horas un domingo, los muchachos se animarían a practicarlo de forma responsable”, propuso Isaza, pensando tal vez en que accidentes como el de Samuel y Enmanuel no tengan que ocurrir .
140
kilómetros por hora es el registro que se puede alcanzar durante un descenso.