Para solucionar sus urgencias económicas, Valentina* buscó a una amiga para que le prestara plata. Ella le recomendó a un pagadiario que conocía, que le entregaba el dinero en cuestión de minutos y sin muchos trámites. Lo que en un momento fue un alivio, se volvió un dolor de cabeza. Los altos intereses y los métodos de cobro la hicieron temer por sus bienes y su vida, por lo que no escatimó esfuerzos para salir rápido de esa incómoda deuda.
Casos como el de Valentina se han convertido en parte del paisaje diario en varias comunas de Medellín, como Manrique, Aranjuez y La Candelaria en donde, según estudios, esta actividad ilegal golpea con más fuerza a la población vulnerable y aceita las rentas de los grupos criminales.
“Llegué hasta un centro comercial en compañía de mi amiga y estas personas me pidieron todos mis datos”, retomó Valentina, quien trabaja en el sector financiero. “Nombre, dirección, teléfono, el lugar dónde trabajaba, contactos de un amigo y de un familiar que confirmaran que todo era verdad”, enumeró.
Como garantía para este préstamo estaba su tarjeta de crédito, que quedaba embargada hasta que saldara la totalidad de su deuda. En caso de no cumplir, ellos se cobrarían lo adeudado. “El primer crédito lo hice por $200.000 y lo tenía que pagar en dos quincenas, con interés al 20%. Como fiador me pidieron que les dejara mi tarjeta débito. Cuando pagué toda la deuda me la devolvieron con el saldo que tenía”.
La amiga que la recomendó con el prestamista sí se colgó con su pagadiario unos meses después. A ella le retiraron el dinero que adeudaba de su cuenta bancaria, dejándole el excedente. Además, le advirtieron que si volvía a incumplir con los pagos, su vida correría peligro.
¿Cómo funcionan?
A los prestamistas se llega por recomendación, contactos telefónicos o la fama que tienen en los barrios. Funcionan como una empresa: se distribuyen por zonas para atender clientes y tienen ubicados a los encargados de cobrar. Todo bajo una modalidad que se sale de las reglas del sistema financiero tradicional.
Luis Fernando Quijano, director de la Corporación para la Paz y el Desarrollo Social (Corpades), dice que este tipo de prestamistas se establecen por zonas por donde suelen tener vínculos con estructuras delincuenciales que hacen los cobros si el deudor no paga: “Hay casos donde los cobros pueden ser muy violentos y les quitan la casa, la moto o cualquier objeto de valor. Incluso, los amenazan con quitarles la vida o los desplazan”.
En otros casos, las formas de cobro no son tan violentas, pero sí pueden llegar a ser tan insistentes como los cobradores de los sistemas financieros tradicionales. “Estas personas comienzan a llamarte todo el tiempo si te demoras con una cuota. Son bastante insistentes y muy groseros. Cuando uno va a que le presten son de una amabilidad sorprendente”, comenta Valentina.
Donde más prestan
De acuerdo con un estudio realizado por la Corporación para el Fomento de las Finanzas Solidarias (Fomentamos), aunque en toda la ciudad funcionan estos prestamistas, las comunas de Medellín donde más están enquistados son la 3 (Manrique), la 8 (Villa Hermosa), la 10 (La Candelaria) y la 13 (San Javier). Boris Castaño, líder del colectivo Idea, Innova y Estrategia (I2E), entidad que investiga el conflicto urbano de la ciudad y está conformada por exagentes de la Policía, explica que los gota a gota se concentran donde hay menores ingresos y las personas no pueden acceder a ningún crédito formal, tanto por su condición financiera como por el monto que necesitan.
Muchas veces, el interesado solo busca un crédito por $200.000 o $300.000. El estudio de Fomentamos y análisis realizados por el Banco de las Oportunidades da cuenta de que el principal motivo por el cual se accede a estos prestamistas irregulares es para surtir negocios (43%) pequeños e informales y en un segundo renglón para satisfacer necesidades básicas de los hogares, como pagar los servicios públicos (13%) o comprar medicamentos (13%).
Orlando Zuluaga, director del Banco de las Oportunidades, dice que los pagadiarios son la primera opción porque están cerca, no tienen que ir a ninguna oficina y los prestamistas los visitan, prácticamente, con la plata en la mano.
No es legal
Esta modalidad de préstamo no es avalada por ninguna entidad, debido a que superan con creces las tasas legales permitidas, que según la Superintendencia Financiera son de 2,3% mensual para créditos de consumo y 3,9% para microcréditos. Estos prestamistas pueden llevar sus cobros hasta el 30%, aunque el 20% es la cifra más común. Si una persona presta $300.000 bajo la modalidad de microcrédito en una entidad financiera certificada lo máximo que le pueden cobrar al mes es $11.700 de intereses. En caso de acceder a un pagadiario, por este mismo monto pagaría $90.000.
Según el artículo 305 del Código Penal (ley 599 de 2000), esto clasifica dentro del delito de usura, que es sancionado con penas de dos a cinco años de prisión y una multa de 50 a 200 salarios mínimos mensuales vigentes.
El comandante de la Policía Metropolitana hasta finales de agosto, general Javier Josué Martín, explicó que es necesaria la denuncia para atacar este fenómeno, pero el mayor contratiempo para el accionar de las autoridades es que al ser una actividad voluntaria por parte de la víctima, esta muchas veces no se atreve a reportar los hechos a las autoridades. “Son organizaciones delincuenciales que prestan el dinero a intereses exorbitantes y luego amedrantan a quienes los buscan. Estamos atacando el fenómeno, pero es muy complicado influir en la necesidad de la gente”, dijo.
Ante esta dificultad, los Gaula de la Policía y el Ejército no tienen cifras concretas de las investigaciones en contra de este delito.
¿A dónde va la plata?
El general Martín se aventuró a decir que todos los dineros de estos pagadiarios van encaminados a enriquecer a las bandas delincuenciales, las cuales ni siquiera cumplen con normas como la tasa de usura de la Superintendencia Financiera.
Esto no quiere decir que todos los prestamistas integren estas organizaciones, pero muchos deben entregar un porcentaje de los intereses a las estructuras para continuar con su actividad sin inconvenientes. En otros casos, los prestamistas son los mismos criminales, quienes son los encargados posteriormente de hacer los cobros, haciendo uso de todo tipo de intimidaciones.
Otro estudio realizado por expertos asegura que tan solo en la comuna 10 (La Candelaria) se estima que hay 17 gota a gota reconocidos, que tienen una renta de hasta $1.000 millones al mes. En Antioquia, este tipo de préstamos pueden dar ganancias hasta de $400.000 millones mensuales.
Contraataque oficial
El primer llamado lo hizo directamente el presidente Gustavo Petro, quien le pidió a las entidades bancarias poner créditos en el sector informal, en el que se concentra el 58% de la economía nacional: “Lo que indica la aparición del ‘gota a gota’ es una incapacidad del sector financiero de tocar la economía popular”.
En Medellín hay entidades como el Banco de las Oportunidades o Fomentamos para incluir a las personas de menores recursos al sistema financiero.
El Banco de las Oportunidades tiene créditos para los negocios y Bancuadra, proyecto de la Secretaría de Desarrollo Económico de Medellín, para quienes requieren dinero para necesidades básicas. Estos créditos se ofertan por las redes solidarias, donde varias personas confían entre ellas para acceder a los créditos. En caso de que alguno no pague, los demás responden por la deuda. “Acá solo solicitamos la cédula y que pueda conformar la red solidaria para acceder a los créditos. Si tienen reportes en las centrales de riesgo, eso no nos interesa”, dijo Zuluaga.
Por medio de Bancuadra se han beneficiado más de 23.000 personas durante el último año, mientras que por medio de Fomentamos, que maneja el mismo modelo, han recibido recursos unas 9.000.
A esto se suma la estrategia del exciclista profesional Juan Esteban Saldarriaga, quien incursionó en los créditos digitales después de dejar las competencias profesionales. En 2013 lanzó Rapicredit, que concede créditos sin necesidad de papeleo de la banca tradicional. Todo a través de las aplicaciones. Al ver que la gente necesitaba créditos de mayor cantidad, para bienes durables, en 2019 se ideó Juancho Te Presta, que cuenta con las facilidades de Rapicredit.
Sin embargo, estos programas son insuficientes para combatir de lleno este fenómeno de los pagadiario, pues los delincuentes llenan un vacío que el sistema financiero tardó en atender.