El nuevo aplazamiento para recibir las propuestas de las empresas que compiten en la licitación para finalizar las obras de Hidroituango no fue una sorpresa.
Este miércoles EPM publicó la adenda, en la que por cuarta vez, amplía el plazo hasta el 4 de noviembre, en lo que es un reflejo de la dificultad que ha tenido para que los oferentes presenten sus propuestas.
La tensión ha hecho que el alcalde Daniel Quintero salga a trinar con desespero para intentar poner en otros la responsabilidad que le asiste para sacar adelante las obras del proyecto, que tiene el tiempo en contra para cumplir con las obligaciones energéticas, plazo que se vence el próximo 30 de noviembre.
“Las ratas quieren que se caiga Hidroituango. Que corramos como ellos, que cambiemos diseños y hagamos mal las cosas para igualar nuestra suerte a la de ellos. Hidroituango sólo se prenderá cuando la última prueba nos diga que todo está bien para el proyecto y para la gente”, salió a trinar el mandatario local el pasado martes, en un discurso que repitió ayer durante la presentación de los alumbrados navideños, reafirmando de paso sus propias contradicciones frente a las fechas de encendido de la central.
Y es que la preocupación del mandatario bien podría explicarse también por cuenta de la incertidumbre que rodea la licitación y las obras en curso.
Mientras por un lado no es claro si EPM alcanzará a cumplir con los plazos pactados con la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg) para encender las dos primeras unidades de generación, lo que podría generar pérdidas económicas, la licitación sigue enredada, no solo por los plazos, sino por temas que comprometen el aseguramiento del proyecto y las modificaciones a los pliegos que han despertado suspicacias.
Cero y van cuatro
Por el lado de la licitación, tal como coinciden varios expertos del sector constructor, dicho proceso pareciera estar cada vez más lejos de resolver la encrucijada en la que terminó atrapado.
Además de ser criticado desde el año pasado por universidades y expertos, por ser considerado un riesgo innecesario para la culminación de la obra, el mismo ha sido objeto de múltiples ruidos y cuestionamientos.
El último de ellos ocurrió ayer, cuando se hizo pública una adenda cargada en el portal de contratación de EPM, firmada por el vicepresidente de Proyectos Generación Energía de la empresa, William Giraldo Vélez, en la que la fecha de cierre se extendió por tres semanas más.
“Fecha de vencimiento para la recepción de las ofertas. Será hasta el día 4 de noviembre de 2022”, quedó consignado en el documento de una página.
Con dicha extensión, EPM ya ajustó cuatro aplazamientos consecutivos: el pasado 23 de junio había ampliado el plazo hasta el 27 de julio, luego lo extendió hasta el 17 de agosto, posteriormente al 14 de octubre y este miércoles lo prorrogó hasta el 4 de noviembre.
Aunque según advierten expertos, en una obra de esta envergadura los aplazamientos no necesariamente se traducen en graves problemas, en el caso de Hidroituango desde junio pasado el nerviosismo se ha venido extendiendo entre la mayoría de las empresas que decidieron subirse al bus de la licitación y de las 10 que se mostraron interesadas hoy solo quedan siete.
Tal como lo ha venido contando este diario, uno de los principales motivos de preocupación está en el aseguramiento de esa fase final de trabajos, que, pese a su dimensión, EPM está determinado a dejar en manos del contratista que termine siendo escogido.
A raíz del siniestro del proyecto en 2018, dicha tarea se ha proyectado bastante complicada y ha puesto a las empresas interesadas a buscar esas pólizas en lugar de EPM, en caso de terminar seleccionadas.
En términos prácticos, José Fernando Villegas, director en Antioquia de la Cámara Colombiana de Infraestructura (CCI) comparó esa exigencia con una especie de suicidio para las empresas.
“Es como si EPM dijera: vea, usted tiene que entrar a una caverna que se está derrumbando y tiene que ponerme a funcionar allá cuatro unidades, pero lo que pase allá adentro es responsabilidad suya”, explicó.
Junto a ese lío, otro factor que ha generado ruido ha sido una serie de modificaciones realizadas por EPM a los pliegos de condiciones, luego de haberse cruzado una serie de oficios con la empresa Yellow River, una de las dos firmas chinas que compraron derechos de participación.
En un giro que ha despertado suspicacias, algunas de las condiciones cambiadas por EPM fueron reducir el número de metros cúbicos en construcción de “túneles, canales, vertederos o puentes” exigidos a los socios nacionales, pasando de 94.500 m3 a 28.350 m3 en la adenda 7.
Show político
Por el lado de la construcción en curso el panorama también está lleno de nubarrones, sobre todo por la aproximación de la fecha en la que EPM se comprometió con la Creg para encender las dos primeras turbinas: el 30 de noviembre.
En este frente, mientras EPM ha sido cauta y calculada con sus pronunciamientos, insistiendo en que hace todo lo posible para cumplir con lo pactado, desde el lado del alcalde de Medellín se han venido tejiendo toda suerte de narrativas especulativas. Dos de sus aliados, el presidente del Concejo Lucas Cañas, y el exsecretario de Gobierno Esteban Restrepo aseguraron que los contratistas de la obra avanzaban en un supuesto plan tortuga para sabotear el cronograma, lo que fue desestimado no solo por el consorcio CCI sino por el mismo gerente de EPM.
“Hay que recordar que a los contratistas también en últimas les conviene los altos rendimientos, porque con base en eso facturan. Entonces nosotros no tenemos evidencias de eso, seguramente nos hubiera gustado tener información más oportuna y más precisa en algún momento, pero no tenemos la evidencia para afirmar un plan tortuga”, dijo Carrillo el pasado lunes 10 de octubre en una entrevista con W Radio, al ser interrogado sobre si le constaba una situación de ese tipo.
No obstante, el alcalde Daniel Quintero, ha insistido en graduar de enemigos a los que han manifestado su preocupación por el cronograma, pese a haber sido él mismo quien puso las dos fechas que se han incumplido, en anuncios que no respetaron ni siquiera el mismo cronograma de obra.
Fue así como ocurrió el pasado 2 de febrero, en una rueda de prensa realizada en el sitio de las obras en las que se esperaba la llegada del entonces presidente Iván Duque.
En aquel momento, Quintero dijo a los cuatro vientos que las primeras unidades entrarían en funcionamiento el 26 de julio, una fecha que además causó controversia por coincidir con su propio cumpleaños.
Entonces, el gobernador de Antioquia Aníbal Gaviria le recordó al alcalde que en un proyecto como estos no hay que anticiparse, paradójicamente las mismas frases que hoy está retomando Quintero para intentar sobrellevar la incertidumbre sobre el encendido: “que no hay que correr”.
“No se puede entrar en afanes que generen nuevos riesgos. La central debe ponerse en funcionamiento, pero con la mayor rigurosidad, en todos los elementos de ingeniería, para mitigar y el minimizar riesgos actuales y futuros”, dijo Gaviria, considerando innecesario ejercer presión sobre la obra mientras la misma cumpliera con sus plazos.
Llegado aquel 26 de julio, al no cumplirse el plazo, Quintero y Carrillo volvieron a insistir y sostuvieron que el nuevo encendido se produciría este 15 de octubre.
Información a cuenta gotas
Lo que ha llamado la atención, es que desde el último reporte detallado sobre el avance de la obra, ocurrido aquel 26 de julio, no ha sido mayor la información que EPM ha revelado sobre lo que ocurre en Hidroituango. En aquel mes, el informe entregado por el gerente Carrillo indicaba que los esfuerzos se concentraban en dos frentes: por un lado la culminación de una serie de blindajes en las conducciones entre el embalse y la casa de máquinas, y por otro el ensamblaje y testeo de las dos primeras unidades de generación.
Mientras por el lado de las conducciones el gerente aseguró que los trabajos avanzaban según lo previsto y sostuvo que entre septiembre y octubre el agua ya fluiría por dichos tubos, por el lado de las unidades de generación aseguró que la primera se encendería el 15 de octubre y la segunda cinco días después, es decir, el 20.
Según ha trascendido, los principales retrasos se centrarían en este último proceso, cuyo éxito es clave para garantizar la operación segura de la central.
De no empezar a generar a más tardar el 30 de noviembre, EPM podría comprometer los márgenes de rentabilidad ya calculados para la hidroeléctrica, que contemplan los ingresos del cargo por confiabilidad a los que se hizo acreedor con la Nación.
En números redondos, la empresa no solo vería comprometidos cerca de US$30 millones anuales por ese concepto (que en un horizonte de 20 años equivalen a $2,7 billones), sino que se arriesgaría a asumir una garantía por otros US$60 millones (cerca de $276.600 millones), sumando casi $3 billones en total (casi el mismo margen que la empresa esperaba invertir con la venta de UNE).
Para hoy Quintero y Carrillo citaron a una rueda de prensa y se espera que allí haya claridades no solo sobre el avance de las obras, de la licitación, sino también si alcanzará a cumplir con sus compromisos ante la Creg.
“Hoy el cronograma nos da de que sí somos capaces de entrar las dos unidades antes del 30 de noviembre, que quisiéramos más tiempo, por su puesto. A nadie le gusta tener el tiempo en el cuello. Estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para entrar las unidades a tiempo”, aseguró el gerente Carrillo el lunes.