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El aberrante caso de violencia intrafamiliar que involucra a un hijo de Olga Suárez Mira

Con el rostro destrozado, la mujer denunció ante la Fiscalía a su expareja, el hijo de Olga Suárez Mira, por las lesiones graves que sufrió. Pero hasta ahora no ha pasado nada.

  • El informe médico efectuado cinco días después de los hechos dice que Yohana Suárez sufrió traumas en cabeza y cara, los cuales requerían evaluación especializada; también tuvo golpes en varias partes del cuerpo. FOTOS JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
    El informe médico efectuado cinco días después de los hechos dice que Yohana Suárez sufrió traumas en cabeza y cara, los cuales requerían evaluación especializada; también tuvo golpes en varias partes del cuerpo. FOTOS JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
  • El aberrante caso de violencia intrafamiliar que involucra a un hijo de Olga Suárez Mira
  • El aberrante caso de violencia intrafamiliar que involucra a un hijo de Olga Suárez Mira
21 de abril de 2022
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Yohana Suárez tiene el rostro y el ánimo resquebrajados. Los motivos son tres: la pérdida de la custodia de su hijo de apenas 4 años y medio, la adicción a las drogas y una paliza que le asestaron hace tres semanas. Lo particular de esta historia es que su tragedia está vinculada con la casta política de los Suárez Mira, de Bello.

Hoy quien está cuidando a su pequeño hijo es la exalcaldesa y exsenadora Olga Suárez Mira, que viene siendo la abuela del menor. Y quien le asestó la golpiza que le dejó secuelas dibujadas en el rostro es el hijo de esta, Juan Esteban Giraldo Suárez.

Yohana puso la denuncia por violencia intrafamiliar en la Fiscalía el 5 de abril cuando eran evidentes los golpes y las fracturas. Sin embargo, aún hoy, tres semanas después, no hay ninguna medida contra su agresor, aunque sí existe una medida de protección que le prohibe a él acercársele.

Yohana está convencida de que por el hecho de que él es de una familia con influencia política posiblemente no le va a pasar nada.

Su cara luce como si se hubiera chocado contra un yunque, con sendos morados ennegrecidos en forma de semicírculo, siguiendo la trayectoria de ambos ojos. Ya le han bajado unos hematomas en la parte frontal de la cabeza que la dejaron adolorida por varios días. La valoración médica que le hicieron en el hospital Marco Fidel Suárez dice: “Impresiona observarse fractura de techo y piso de órbita izquierda lineales no desplazada, fractura de hueso nasal, con leve desviación del cartílago”, y anota que queda pendiente la valoración de psicología y psiquiatría así como de cirujano maxilofacial.

La mujer de 44 años, madre de tres hijos, confiesa que la adicción a las drogas ha marcado buena parte de su existencia y adicionalmente sufre de trastorno bipolar, pero recalca que no está loca como han querido hacerla parecer.

A pesar de llevar el apellido Suárez, Yohana aclara que no tiene nada que ver con el clan político de Bello. Y asegura que aunque ya había sufrido agresiones de la pareja con la que ha vivido una relación tormentosa de ires y venires durante siete años —en comisarías de familia y Fiscalía hay un amplio registro de denuncias—, esta vez se decidió a hablar públicamente por la crudeza de las lesiones y tras advertir que las autoridades no han tomado cartas en el asunto.

En ella se nota un hastío por lo que considera tratos no siempre dignos de parte de la familia Suárez Mira y el rechazo a que Daniel, el otro hijo de Olga Suárez, tratara de defender a su hermano frente a esta atrocidad. Y es que la hija de Yohana publicó en su perfil de Instagram una foto en la que aparece Yohana aporreada. Daniel, en la misma publicación, salió a defender a su hermano diciendo que también Yohana ha aporreado y hasta pegado puñaladas a Esteban.

Yohana dice que lo de las heridas con arma cortopunzante no es verdad, aunque acepta que sí le ha pegado mordiscos y arañazos. “Está calumniando y difamando, y lo está haciendo en la página de una menor de edad. Está afectando la imagen de mi hija y la mía. ¿Si mi hija no fuera fuerte, cómo la deja? ¿Si el problema es entre su hermano y yo, por qué le está tirando a mi hija?”, reprocha Yohana.

Una vida azarosa

La historia de Yohana y Sebastián —hoy de 35 años— comenzó siendo ambos muy jóvenes. Gozaban de cierta popularidad, él por sus vínculos con una casta destacada en la política regional (su mamá y su tío Óscar Suárez han sido alcaldes y senadores), y ella por su encanto natural y por un tío estilista que se dio a conocer como preparador de reinas y modelos.

“Con frecuencia nos cruzábamos en la calle y él me gritaba ‘Qué hubo pues prima’, y la gente creía que en realidad éramos de la misma familia, pero nunca se le notó un interés más allá de la amistad”.

Luego, siendo aún muy joven, Yohana viajó a Panamá. Allá se casó y tuvo dos hijos que actualmente tienen 17 y 19 años de edad. Cuenta una persona que la conoció en esa etapa que todo en ella respiraba lujo. Vestía trajes de colección y joyas vistosas, andaba en una camioneta Lexus y tenía otros carros de colección.

Pero la vida se le vino abajo porque a su marido lo apresaron por narcotráfico y le aplicaron extinción de dominio a sus bienes. Entonces, según acepta ella misma, comenzó a consumir drogas blandas y fue subiendo el voltaje.

De nuevo en Colombia y con su belleza intacta, entabló varias relaciones afectivas.

Un día iba a reclamar un giro de dinero y Juan Esteban se le cruzó en una esquina. “Me dijo que le regalara diez mil pesos para un ‘perico de coco’, que según dijo era lo último en guarachas’ —tomaba su nombre del olor que tenía—”. Ella accedió sin problema pero cuando él le quiso dar a probar no le recibió.

“Al final de la semana, él aterrizó en la casa donde yo vivía con mi abuela y mis hijos pidiéndome un vaso de agua, que estaba muy amanecido. Se lo di y le dije que se fuera. Después me lo encontré de nuevo y me dijo que no había hecho sino pensar en mí, que estaba muy bonita”.

Ambos drogadictos terminaron viviendo juntos a pesar de que en la familia Suárez la relación no era bien vista, aparentemente porque consideraban que la recuperación de él junto a una mujer también drogadicta estaría lejana.

Efectivamente, la convivencia fue como una montaña rusa en la que a veces coincidían los dos en el intento por liberarse de la adicción y en otras ocasiones las ganas de salir adelante cogían a uno mientras el otro se convertía en el lastre contra una recuperación.

En todas estas, Yohana quedó embarazada y es enfática en que igual que con sus dos hijos previos, se trató de algo planeado porque ella tenía problemas de fertilidad.

“Empecé a tener todos los síntomas corporales, engordaba y los senos se me hincharon, pero en uno de los controles se vio que el vientre estaba vacío; el motivo era un desbalance en la gonadotropina. En la casa de él dijeron que me había inventado todo, que era evidente que yo estaba obsesionada con meterle un hijo. Le pedí a Dios de rodillas que hiciera justicia, que me ayudara a salir de las drogas y me permitiera tener otro hijo. Como yo no planificaba por mis problemas de fertilidad, a los seis meses quedé embarazada”, cuenta.

Yohana sostiene que hizo un esfuerzo grande por estar limpia de porquerías en el cuerpo a sabiendas de que lo que consumiera le podía hacer mal al ser que llevaba en el vientre. Los vómitos eran constantes en parte por su preñez pero también por el síndrome de abstinencia. Y habría sido justamente su pareja quien le insistió hasta que accedió a consumir marihuana, supuestamente para conjurar los mareos. Después vino el perico.

El niño nació el 27 de agosto de 2017 a las 11:21 a.m. en el Hospital General de Medellín y el ICBF tomó cartas en el asunto dándole la custodia a la abuela, Olga Suárez Mira, como medida de protección.

“Lo más extraño es que la contactaran a ella y que no llamaran a ningún familiar mío; no sé si fue porque mi madre está en condición de discapacidad y mi hermana no estaba en el país”, acepta Yohana.

La convivencia entre la pareja continuó, a veces aupada por la familia Suárez y a veces a pesar de ella. De suerte que los padres de Juan Esteban tenían gestos como el pago del arriendo o el mercado, y la pareja podía visitar siempre a su hijo en la casa de la abuela.

A mediados del año pasado, en una de tantas separaciones, Yohana pasó una nueva temporada de desintoxicación en un centro de la IPS Carisma. Al salir, un amigo colombiano residente en España la invitó a visitarlo y le mandó los euros suficientes para que no tuviera afugias al hacer los trámites. Y como siempre Juan Esteban volvió a aparecer y recayeron de nuevo aprovechando los euros que le habían enviado a ella. De todas maneras, Yohana estuvo en España un mes y medio.

Retornó en noviembre de 2021 deseosa de ver a su hijo pero se encontró con que el pequeño estaba apegado a la nueva novia de Juan Esteban.

Y eso detonó tal vez el más reciente capítulo de esta historia. El primero de marzo pasado cuando Yohana instauró una denuncia en la comisaría de Familia de Bello aduciendo que llevaba 13 meses separada de su pareja y no le estaban cumpliendo los compromisos de visitas y llamadas de su hijo.

En las previas del puente festivo de San José fue el comienzo del trágico desenlace. “Yo tenía bloqueado su número de teléfono y entonces él comenzó a llamar a mi hija, a preguntarle por mí, que me dijera que le contestara, hasta me mandó a dedicar un disco de Maluma. El domingo de ese puente accedí a salir con él. Llegó en una moto blanca y fuimos a un lugar. Empezó a decirme que me amaba, que no podía vivir sin mí, que la novia se la habían impuesto, y me convenció y comenzamos a vivir de nuevo juntos”. El plan era poner un restaurante y vender comidas por Whatsapp, apunta Yohana.

El jueves 31 de marzo caminaban por la zona céntrica de Bello, se encontraron con tres personas (un hombre y dos mujeres) y terminaron tomando aguardiente. Una de las contertulias resultó ser una vieja amiga de Yohana. “Ante la efusividad y expresiones de cariño, Esteban me hizo una escena de celos haciendo que me sentara sobre las piernas de él, me repetía que si era que en el pasado habíamos tenido algo. Para acabar de ajustar un cliente no dejaba de mirarme y Esteban la cogió conmigo diciendo que yo era una coqueta”.

“Después nos fuimos para la casa y allá comenzó a insultarme, a decirme perra hp, garosa, gamina, que no valía nada. En esas le dije: ‘vea gonorrea, a mí me respeta, y si soy tan garosa se va ya de mi casa que yo la pago. Saqué la mano y le iba a pegar en la cara, pero él me la cogió, me hizo una llave y caí doblada al piso”.

“No sé si le dio pesar o qué, pero cuando me soltó yo volví a pararme, me iba a voltear y sentí una patada en la nalga, caí a un costado de la cama y me cogió del pelo a darme contra la pared. Ahí empiezo a ver como lamparazos y pierdo el conocimiento. No sé si me golpeó más o yo lo golpeé. Lo único que recuerdo después es que me tenía en las escaleras que dan del tercer piso al segundo. Con una mano me aseguraba la cabeza y con la otra me daba golpes. Yo me pegué de la reja y gritaba que me ayudaran”.

De un momento a otro me cogió una pierna y me la montó en la reja, como para tirarme al vacío, pero en ese momento pasó una moto policial cerca; salió corriendo y yo detrás de él a cogerlo, pero fue imposible”.

“Los policías me propusieron llevarme al hospital o a Fiscalía y yo les dije que no, que más tarde iba; estaba borracha y como atontada. Caminé buscándolo, estaba lloviendo y me caí. En la tarde al despertar me miré al espejo y me di cuenta cómo había quedado: con chichones en la cabeza y la cara vuelta nada”.

“Es como me dijo mi hija, que él estaba dolido por mi viaje a España y simplemente lo que quería desde el principio era vengarse, sacarse la rabia que tenía”

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