Medellín llevaba rato conqueteándole al Lee Kuan Yew, el premio Nobel del urbanismo y apetecido hasta por las mejores ciudades del planeta. En 2014 la ciudad había recibido una mención de honor junto con Yokohama, Japón. Suzhou, China, se llevó el máximo galardón ese año. Pero la apuesta era apuntarle al máximo reconocimiento.
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Por eso en 2015 la ciudad, bajo el gobierno de Aníbal Gaviria, volvió a postularse para competir con otras 38 ciudades. Los principales criterios de evaluación de este reconocimiento eran un buen gobierno, innovación, cumplimiento de proyectos de planificación y políticas, programas urbanos, gestión urbana y social y la aplicación de tecnologías para desarrollar soluciones urbanas y un demostrable desarrollo sostenible.
La ciudad tenía como argumentos los 20 años de transformación urbana que ya eran objeto de admiración y reconocimiento por parte de gobiernos y urbanistas de varias partes del mundo y ese año finalmente convenció a los jurados.
“Una ciudad que ha pasado de ser notoriamente violenta a una que está siendo un modelo para la innovación urbana en un lapso de sólo dos décadas [...] Las soluciones creativas y no convencionales, el sistema de transporte masivo, el primer teleférico del mundo, parques biblioteca y escaleras mecánicas urbanas, que mejoran movilidad en los barrios montañosos, ganaron una mención especial en el año 2014. Desde entonces, la ciudad ha seguido su incesante búsqueda de la equidad social, la competitividad y la sostenibilidad”, fue la conclusión del jurado en aquel momento.
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El premio solo fue entregado hasta 2016, para entonces ya Federico Gutiérrez estaba al mando de la Alcaldía y en un acto de deferencia con Gaviria, el gestor de la postulación, le pidió acompañarlo hasta Singapur a recoger el reconocimiento el 11 de julio de ese año.
Una vez con el reconocimiento en Medellín, una moneda de oro macizo de 24 kilates incrustado en un cristal, la alcaldía decidió compartirlo con la ciudadanía y empezó una serie de recorridos por comunas y corregimientos bajo el lema #ElPremioesparavos, en donde la gente podía tomarse fotos y conocer en detalle sobre la historia de transformación urbana de la ciudad.
El premio vino con 300.000 dólares, dinero que, en parte, fue destinado a otorgar becas, 390 en total, para personas interesadas en hacer un curso de 40 horas de urbanismo, seguridad, gestión pública y participación en Eafit.
El premio, tras finalizar sus recorridos en los que estuvo fuertemente custodiado, quedó en manos de la alcaldía toda vez que fue un reconocimiento para la ciudad. Estaba exhibido en el hall de la Alcaldía de donde desapareció este miércoles en medio de la irrupción de más de 500 indígenas.
La Alcaldía sigue sin confirmar qué pasó con el premio. Ómar Rodríguez, subsecretario de Seguridad, aseguró que “hay un grupo de trabajo desarrollando unas actividades previas en el lugar, dónde se está sacando el inventario, sacando una lista de daños y de pérdidas. Hay un grupo de aseguradoras que son las encargadas de verificar y adelantar las investigaciones de lo que se pudo haber perdido para cuantificar cuáles son los daños y tipos de daños”.
La versión que sí está tratando de difundir la Alcaldía es que el premio estaba en manos de la Gobernación de Antioquia, algo que desde el equipo del gobernador Aníbal Gaviria desmintieron tajantemente. Y es que la posibilidad de que el premio esté en “el despacho del gobernador”, como lo mencionó la Alcaldía, carece de todo sentido por dos razones: la primera es que en ese momento el gobernador era Luis Pérez, que nada tenía que ver ni con la postulación al premio ni con la entrega del reconocimiento. Y segundo, porque si bien es cierto que Aníbal Gaviria fue el alcalde cuando la ciudad se postuló al premio, bajo ninguna circunstancia podía quedarse con el reconocimiento pues este se entregó específicamente a la ciudad, no a ningún mandatario. Además, para la época de entrega del premio, Gaviria no ocupaba ningún cargo público.