Un sueño tiene ansiosos a unos 500 niñas, niños y adolescentes que ven cada vez más cerca el estrenar una sede nueva y propia de la Fundación Antioquia Infantil (FAIN), donde reciben acompañamiento y atención de varios profesionales que se unieron hace 12 años para crear este espacio en Caldas, al sur del Valle de Aburrá. Pero aún falta mucho para lograrlo y, por eso, piden la solidaridad de ciudadanos y empresas.
Profesionales de la salud y áreas psicosociales y pedagógicas que se habían conocido trabajando en distintos lugares decidieron juntarse para sacar adelante una iniciativa de voluntariado en la que pusieran sus conocimientos, recursos, esfuerzos y tiempo en atender a menores de edad y sus familias. Así, en julio de 2011, crearon y constituyeron con todos los requisitos legales la fundación y la abrieron seis meses después, sin saber que persistiría tanto y se ganaría el cariño de la comunidad.
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Marcela Álvarez Ramírez, una de esas voluntarias que hoy es directiva de la fundación, recuerda que coincidieron en que el eslogan fuera “Para crecer y ser feliz”, pues justamente buscaban que niños, niñas y adolescentes del municipio accedieran a un espacio dónde fortalecer sus capacidades y tener un desarrollo integral, más allá de las matemáticas, las ciencias o las letras, al tiempo que se promoviera la protección de sus derechos.
“El objeto social de nosotros es transformar vidas de niños, niñas y adolescentes, teniendo en cuenta sus familias, su escuela y su comunidad”, dice Marcela antes de explicar que aunque la fundación nació en Caldas siempre han querido que llegue a otros municipios del departamento. Por eso le pusieron por nombre Antioquia Infantil.
Los profesionales de FAIN brindan apoyo psicosocial y pedagógico individual y grupal a los menores de edad, en sus hogares, escuelas y barrios, pues una de las premisas es que todos los entornos deben ser protectores para ellos.
Y aunque no les gustan los rótulos para definir a los menores de edad, han promovido el desarrollo humano integral de niños, niñas y adolescentes con alguna situación emocional, mental, física, comunicativa, cognitiva o familiar que requiera apoyo. Algunos tienen discapacidad o trastornos diagnosticados, otros presentan alguna dificultad educativa específica o simplemente hay quienes quieren fortalecer sus habilidades.
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Una de esas niñas es Paulina y tiene 6 años. Llegó a Caldas desde una vereda de Salgar, Suroeste antioqueño, con su madre Paula y sus dos hermanos Sebastián y Samuel. En el campo no tenían las oportunidades terapéuticas, psicosociales y pedagógicas que la niña necesitaba para recibir una atención adecuada por su diagnóstico de epilepsia.
Al llegar a Caldas no sabían que aparte de los familiares que los recibieron encontrarían en FAIN otro hogar, casi otra familia en la que tuvieron apoyo para adaptarse al nuevo mundo, a nuevos colegios, nuevos amigos. Así, Paulina ha recibido intervención desde diferentes áreas con un enfoque de inclusión y ha podido conocer lugares y vivir experiencias que ni su madre llegó a imaginar.