Durante el primer semestre de 2019, la Alcaldía de Medellín se propuso poner a rodar por la ciudad al menos 1.500 taxis eléctricos. Ideados como una alternativa para reducir la contaminación del aire, estos vehículos llegarían de forma gradual en un plazo de tres años, pasando de 200 al cierre de 2019 a 1.500 en 2021.
Pese a que el proyecto se promovió como una de las acciones más importantes de cara al impulso de la movilidad eléctrica, el acumulado de taxis verdes que registra la ciudad tan solo asciende a siete, según confirmó la Secretaría de Movilidad de Medellín.
Mientras los conductores de estos vehículos denuncian que el proyecto se quedó en el olvido y señalan múltiples problemas para desempeñar su labor, la Alcaldía sostiene que se estudian alternativas para reactivar la iniciativa y anunció que se instaló una mesa de trabajo para buscar soluciones.
Un proyecto inconcluso
“Desde siempre a mí me gustó el tema de la movilidad eléctrica, porque es muy claro que un vehículo que está encendido todo el día y no contamina es un gran aporte al medio ambiente. Pero la cosa se fue frenando”, dice Manuel Fernando Ariza, quien compró su taxi eléctrico el 20 de diciembre de 2020 y sostiene que muchos de los incentivos y ventajas prometidas por la administración municipal se quedaron en el papel.
Según detalla, una de las promesas inconclusas fue la de crear cuatro acopios verdes, tal como quedó consignado en la Resolución 201950097258, emitida por la Alcaldía el 10 de octubre de 2019: el primero, ubicado en el costado occidental de la avenida Las Vegas, a la altura de la Universidad Eafit; el segundo, en la vía de servicio de la calzada sur de la calle San Juan, a la altura del Centro Administrativo La Alpujarra; el tercero, cerca a la sede principal de EPM; y el cuarto, en el costado sur de la calle 73, entre las carreras 52 y 51 D.
Pasado un año y nueve meses, el único de esos cuatro acopios que se puso en funcionamiento fue el ubicado en la sede de EPM.
Armando Moreno Tobón, otro de los siete taxistas, añade que otra promesa que se quedó en el papel fue la de implementar campañas pedagógicas para informar a los usuarios de la existencia de los taxis eléctricos.
Según explica, uno de los problemas más comunes en su trabajo diario es que los usuarios se inhiben de ponerle la mano al vehículo, al confundirse por el color verde.
“Cuando voy por la calle y veo que, por ejemplo, le pusieron la mano a otro taxi que va lleno, una de las estrategias que utilizo es parar, ofrecer el servicio y explicarle a la gente que esto es un taxi eléctrico. Aunque la mayoría termina muy satisfecho por la comodidad del vehículo, es muy común que no sepan que existimos”, dice Moreno, agregando que la mayor parte de los servicios logra conseguirlos a través de las aplicaciones móviles de la empresa y en acopios.
Sin embargo, tanto Ariza como Moreno, coinciden en que el obstáculo más grave consiste en que la promesa de ahorrar dinero en combustible, que según la Alcaldía podría ser de hasta el 65 %, también se quedó en el papel.
“Mi vehículo tiene una batería con una capacidad de 61 kilovatios, pero cada kilovatio es como pagar un litro de gasolina”, calcula Ariza. “En una estación de carga rápida cada kilovatio cuesta $1.087. Si usted hace la cuenta, para cargar la batería por completo el valor se acerca a los $70.000, casi lo mismo que se necesita para tanquear un vehículo de combustión”, critica.