Una casa vieja, húmeda, triste. Un techo que parece no aguantar una lluvia más. Unas habitaciones desoladas, sucias, inhabitables. Es la estampa del hogar infantil El Rebaño; al menos, de la casa que lo acogió cuando abrió sus puertas, hace 43 años, y que tuvo que ser desalojada hace siete. Desde entonces, los niños están en un sitio alquilado. Aunque hay intenciones de repotenciar la vivienda, y la comunidad pide a gritos que se haga, no hay plata para hacerlo.
La historia, cuenta la edila Luz Adriana Arcila, comienza con la fundación del hogar, en 1978. Desde entonces es operado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familia (Icbf). Muchas generaciones, dice, dieron sus primeros pasos en los pasillos que ahora están deshabilitados. Los que pasaron por ahí siendo niños, ahora ejercen como abogados, odontólogos o médicos. Hasta un futbolista pasó por ahí, dice la edila, al recordar a Edwin Cardona.
Pues resulta que la casa, que es propiedad del Icbf, comenzó a deteriorarse hace unos años. Sus paredes sintieron el peso de la humedad. El techo se debilitó tanto que amenazó con su caída. Entonces, el lugar fue desalojado, pues era un riesgo para los más de 90 niños que ahí departían.
Desde entonces, el Icbf paga el arriendo de un lugar provisional, escogido por la misma comunidad. Pero la comunidad pide que se rehabilite la vieja casa. “Lo que necesitamos es rehabilitarla, que vuelva a funcionar. Este es un ícono del barrio, un referente que no se puede perder. Llevamos ocho años luchando para que la arreglen, hasta fuimos al Bienestar Familiar en Bogotá, pero no hay respuestas”, relata la edila.
Uno de los que más ha sufrido el deterioro de la casa es William Darío Calle, su vecino a la izquierda. La humedad ha provocado que sus paredes se hinchen, como con burbujas, y se resquebrajen: “La pared mía que da con la de esa casa se va a terminar viniendo al suelo algún día. Es muy peligroso para mí. Además, donde ese techo se caiga, lo que parece que va a pasar algún día, va a terminar es tumbándome mi casa”.
El vecino dice que algunos le han recomendado que ponga una demanda contra el Icbf por el riesgo que representa para su casa. Sin embargo, dice que solo le interesa solucionar el problema. “Meterme con abogados sería un desgaste innecesario. Lo único que necesito es que arreglen eso, o que lo tumben o lo vuelvan a hacer, pero que hagan algo”, concluye.
Por su parte, la edila cuenta que el hogar provisional en que están no es adecuado para los niños. Se queja de que es más pequeño que el de la casa deshabitada. Además, dice que el techo es muy bajo, por lo que al mediodía el calor es insoportable para los 90 niños que atienden, que “sudan como pollos”.
“No hay plata”
Selma Patricia Roldán, directora del Icbf Antioquia, cuenta que desde el cierre de la casa se han venido haciendo estudios para su repotenciación. Sin embargo, “el Instituto no ha contado con los recursos para hacerlo”. En cambio, responde, se ha pagado cumplidamente el arrendamiento del hogar temporal, en donde ya llevan siete años: “Nunca hemos dejado de prestar servicio. Hoy atendemos a 90 niños en la sede arrendada, en condiciones ideales y sin riesgos”.
Otra de las preocupaciones de la comunidad es que el Icbf baje los 90 cupos que tiene el hogar disponible ahora. “Nos dijeron que iban a bajar a 60. Lo que nos tiene preocupados es que empiecen a bajar y el jardín desaparezca, sabiendo que es tan importante para el barrio”, dice la edila. Desde el Icbf, Roldán responde: “No es cierto. Vamos a mantenernos en 90 cupos”
90
niños de entre 0 y 5 años son atendidos en la sede alquilada por el Icbf.