Parafraseando la canción de la Billo’s Caracas, “entre pitos y matracas, entre música y sonrisa” va pasando casi que en volandas esta Navidad. Aún así, y como todos los años, habrá algunos que perdieron la rifa en esa tómbola del destino y deberán seguir laborando en las fechas más cruciales del fin del año para que los demás podamos celebrar sin ningún tipo de contratiempo.
Como en cada Navidad o año nuevo habrá un miembro de una familia que se separa de los suyos, así sea momentáneamente, para ir a la fábrica mientras los vecinos siguen la parranda. Como en cada Navidad o año nuevo, un padre o una madre besará a sus hijos con ternura antes de irse a laborar mientras que por dentro se lamentan de perderse esa alegría infantil con la que los pequeños despertarán al otro día al descubrir que les trajo el Niño Dios. Como en cada Navidad o año nuevo, en alguna casa no se prende el equipo o se habla bajito de los planes de Noche Buena para no importunar con la bulla al que ese día tiene que trabajar justo en esa velada especial.
Y como cada diciembre, en algunas casas del Aburrá —mientras el reloj da las 12 campanadas— una madre, una abuela o una tía quizás, llorará con disimulo en un rincón mientras el bafle retumba con la música tropical, pues este año no pudo estar a su lado ese querido familiar al que lo cogió jornaleando el grito de júbilo por el año nuevo.
Mientras tanto, en otros rincones de Antioquia, en una improvisada reunión, un grupo de trabajadores descansará por un momento, celebrará con alguna bebida que tendrán a la mano, dejarán de lado así sea por un instante las diferencias que tengan y se fundirán en un abrazo y en una lluvia de buenos deseos. Luego seguirán atendiendo sus obligaciones como en cualquier día laboral.
Por eso hoy desde EL COLOMBIANO queremos hacerle un homenaje a todos esos hombres y mujeres cuyos oficios y profesiones demandan su atención y esmero mientras la ciudad y el campo se sumen en tal vez las fiestas mas anheladas del año.
Esta historia espera exaltar a los médicos, enfermeras, policías, soldados, vigilantes, bomberos, paramédicos, aseadores, recicladores, recolectores de residuos sólidos, taxistas, buseros, transportadores, artistas, obreros, ingenieros, vendedores, auxiliares de call center, controladores aéreos, meseros, locutores y a todas aquellas personas que con el cumplir de sus trabajos en diciembre permiten que los demás podamos seguir celebrando. Para todos ellos, ¡una muy merecida feliz Navidad!
“En el Ejército se aprende a valorar más a la familia”
La vida militar es ruda, sobre todo en un país como Colombia en el que por décadas se ha extendido un conflicto armado como en ninguna otra parte del mundo. Aún así, los hombres y mujeres del Ejército Nacional aprovechan algún momento que su arriesgado oficio les permite para celebrar la Navidad, ya sea en los batallones o en la penumbra del monte.
Así lo explicó el teniente coronel Einar Freddy Guerrero Burbano, comandante del Batallón Especial Energético y Vial Nro. 4, que tiene injerencia en el oriente de Antioquia.
De acuerdo con el experimentado oficial, oriundo de Ipiales, desde su entrenamiento se instruye a los soldados en el sentido de pertenencia, por lo que para los militares la Navidad solo es una fecha más. “Antes la vemos como un tiempo en el que hay que trabajar mucho más para velar por la seguridad de los que sí están en vacaciones”, apuntó.
Sin embargo, Guerrero también recalcó que a la final todos somos humanos, por lo que en diciembre —siempre que las posibilidades lo permitan— también se celebra la Navidad al estilo militar.
“Las unidades acantonadas en bases o puestos de mando sí pueden hacer actividades como la novena, o compartir la natilla y los buñuelos con los compañeros. Tenemos soldados incorporados hace un mes y estar lejos de sus familias les da duro pero con estas actividades esperamos que se sientan como en un segundo hogar. Mientras que en los patrullajes en el monte, ya queda a disposición de cada comandante —luego de asegurar el área— ver si se puede rezar la novena, así sea en voz baja”, añadió.
El coronel Guerrero comentó que sin lugar a duda lo que más se extraña en esas marchas al sol y al agua por la manigua es el calor de la familia.
“Acá es que se aprende a valorar a la familia. Por mi experiencia puedo decir que el soldado valora más la familia que los civiles. Acá los muchachos aprenden a apreciar cosas que muchos pasan a la ligera como una bendición de la madre. Por eso mismo es que a las bases vamos los oficiales y suboficiales a compartir con los soldados para que no se sientan tan solos en estos momentos”, añadió.
Un asunto no menor es el de la alimentación en diciembre, ante esto Guerrero indicó que en algunas unidades más alejadas se envían alimentos navideños con tiempo para que se puedan hacer una cena especial en la Noche Buena. “A los que están patrullando se les envía una ancheta que nos llega a todos militares, y que también desde cada batallón la 'reforzamos' para que así el soldado dentro de su patrullaje pueda tener un dulcesito de más”, dijo.
El coronel Guerrero también señaló que hay fundaciones y empresas que les envían cartas a los soldados en las que los ciudadanos agradecen ese sacrificio que estos jóvenes hacen para mantener la seguridad del país. La actividad también la puede hacer cualquier persona enviando su mensaje de agradecimiento al correo baeev4@buzonejercito.mil.co
“Esto se realiza para que un soldado o un centinela pueda leer esa carta y sepa que alguien, así no lo conozca, agradece su trabajo, que alguien aprecia su labor sobre todo en estas fechas”, dijo.
El oficial envió un mensaje a todos los civiles que por estos días tienen planeado desplazarse por el departamento y el país.
“Salgan y compartan con sus familias, salgan a las carreteras que nosotros estaremos en las vías y en el territorio garantizando su seguridad y tranquilidad. Hagan que valga la pena ese despliegue operativo que hacemos patrullando la región, que de nada serviría si la gente no saliera a disfrutar de lo que nosotros por ahora no podemos”.
“CAMELLO DE LOS ‘ESCOBITAS’ ES EL DOBLE ESTE MES”
Las calles de Medellín son duras, eso sí que lo saben los operarios de aseo de Medellín, comúnmente conocidos como los “escobitas”.
Uno de ellos es Fredy Vásquez Gómez, quien lleva vinculado a Emvarias hace más de 33 años. Don Fredy es de ojos pequeños pero expresivos, al igual que sus manos.
Vásquez señala que, pese a que se supone que en diciembre en la ciudad hay menos gente, curiosamente la carga laboral de los “escobitas” se duplica.
“En diciembre aparece mucha más basura. Pero uno siempre se enfoca en hacer las cosas con amor. Uno camellando duro en diciembre en la calle a la final es hasta bueno porque como que le coge más cariño al trabajo de tener las vías limpias”, apuntó.
Don Fredy apuntó que en diciembre parece que la gente por fin nota la presencia de los “escobitas” en las calles de Medellín y hasta por fin agradece su invaluable labor. “En Navidad los usuarios lo invitan a un tinto o a compartir cualquier cosa con ellos y eso se siente bien”, explicó.
En una misma línea opinó Leonel Sierra Gaviria, quien lleva en Emvarias 30 años y 20 destacado como barrendero del sector de La Iguaná y Carlos E. Restrepo donde le ha tocado ver crecer a una generación de niños de este icónico barrio.
“En diciembre, la gente me da buñuelos y galletas. Me dicen que muchas gracias por mantener limpio el sector”, agregó.
Retomando el diálogo, Vásquez apuntó que su labor la desempeña en el sector de El Palo con La Playa, en pleno centro de Medellín.
“Allá en la noche es donde puede haber más basura, o sea más voleo. Psicológicamente, mi familia sabe que yo tengo una responsabilidad como trabajador y por eso me toca responder por ese trabajo allí así sea en diciembre”, explicó.
En esta opinión también coincidió Sierra quien reveló que en diciembre no es de participar mucho de las pachangas vecinales, pues cuando llega en la noche de trabajar debe madrugar bien temprano al otro día a seguir dándole a la escoba y solo le interesa encontrarse con su esposa, compartir un momento con ella y acostarse a dormir.
Sin embargo, no todo es para resaltar, según don Fredy. Pues para él, el deterioro de la ciudad en materia de residuos sólidos ha hecho que esta no sea una muy grata Navidad para el gremio de “escobitas”.
“A uno le da tristeza ya. Medellín ya no es lo mismo que antes. A la gente ya le da por sacar la basura a cualquier hora que porque dizque les estorba. Se la dan al habitante de calle y bueno, con tal de buscar lo que necesitan, terminan regando todo en el piso haciendo que en minutos se pierda el trabajo de horas. Ahora hay más habitantes de calle y más recicladores extranjeros que dejan mucho desorden”, se lamentó.
Por eso aprovechó y envió un mensaje a los habitantes de Medellín para empezar a entablar una conversación que como ciudad tenemos pendiente.
“Creo que a la gente le falta más cultura ciudadana. Entender que no se puede tirar la basura en cualquier parte. Le diría a las personas que sean más conscientes, que entreguen la bolsa a los operarios o a un reciclador responsable. Que demuestren que el cariño que nos tienen no se quede no más en diciembre”, explicó.
“LLEGAMOS AL HOSPITAL Y NOS ENTREGAMOS AL TRABAJO”
Pese a que diciembre se vende como una fecha de paz y armonía, lo cierto es que en los días más cruciales de Navidad, debido a la ingesta de alcohol y de otras sustancias psicoactivas, aumentan las riñas y los accidentes caseros, lo que dispara la cantidad de personas que buscan atención médica.
Mientras que la cristiandad celebra los primeros minutos del nacimiento de Jesús o la gente cuenta las campanadas del fin de año, a los hospitales de la ciudad llegan un montón de pacientes buscando atención urgente por parte de los profesionales de la salud que incluso en estas fechas se disponen a salvar vidas.
¿Cómo se prepara el personal médico para diciembre? El doctor Alejandro Marín Valencia, médico y líder del área de Urgencias Adultos del Hospital San Vicente Fundación, comentó que para el personal médico prima el profesionalismo que también implica hacer sacrificios como trabajar en diciembre en unas urgencias 24/7. “En Navidad siguen llegando enfermos y heridos”, dijo.
“Es complejo a la hora de salir de casa al turno de 12 horas porque somos padres, hijos, hermanos, y claro, uno en estas fechas extraña más la familia. Pero apenas llegamos al hospital nos entregamos al trabajo. Y con todo lo que vivimos acá se forja una segunda familia. En algunos tiempos muertos rezamos las novenas y cenamos juntos. Pero siempre se prioriza la atención de los pacientes”, agregó.
El médico reveló que las primeras horas de las fechas más álgidas de diciembre por lo general son tranquilas. “Pero cuando se acerca la medianoche empiezan a llegar los lesionados por riñas, accidentes de tránsito o caídas, también aparecen los intoxicados por ingerir tanto alcohol que parecen con algo grave, y claro, llegan los quemados”, explicó.
Por su parte Jéssica Quintero, enfermera jefe del área de hospitalización adultos del San Vicente Fundación, explicó que tras 10 años de experiencia en estas lides, puede decir que la familia y la pareja se acostumbran a la dinámica de pasar días navideños sin ellos. “Al principio sí es un poco difícil porque la mamá dice '¡Ay que pesar de la niña que se va a trabajar!', no se habla mucho de algunos planes como por respeto a uno. Pero luego se dan cuenta que esta profesión fue lo que uno eligió así conlleve sacrificios como este”, agregó.
Sin embargo, Quintero afirma que el hecho de trabajar en diciembre antes se vuelve un motivo para llevar la Navidad al Hospital. “Acá armamos el árbol y los pesebres con los compañeros y los pacientes, sacamos el tiempo para la novena y damos detallitos. A veces traemos buñuelos y natilla de la casa para comer con los pacientes que pueden porque incluso ellos nos piden que hagamos las novenas. Vivimos una navidad diferente pero muy amena”, concluyó.
Tal vez lo más duro de trabajar en Navidad en un hospital, al menos para este periodista, sea hacerlo con los niños, los pequeños pacientes que son quienes más disfrutan de las fiestas decembrinas.
De acuerdo con Catalina López, enfermera del área de Urgencias Pediátricas en el San Vicente, contrario a lo que se pensaría, los niños antes son menos conscientes de su enfermedad por lo que son más activos en las celebraciones navideñas dentro del centro médico.
“Tratamos de darles un momento ameno y feliz aún en medio de sus complejidades. Y esa alegría de ellos y de sus acompañantes también repercute en nosotros que en esos momentos queremos estar con nuestras familias, pero que por cosas de la vida nos toca estar acá. Tratamos de ser muy prudentes con el que no puede celebrar por su estado des salud, pero la idea es sacar el momento para hacer las tradiciones en la Navidad”, apuntó.
Otro peso en la mochila del personal médico en esta época es lograr descifrar cómo dejar atrás las historias más duras de los pacientes, antes de volver a casa a saludar a la familia con una sonrisa.
“Uno con el día a día va aprendiendo a dejarlos de lado porque sino uno nunca va a tener tranquilidad. Aprendemos a llevarnos únicamente del trabajo la satisfacción de haber hecho lo mejor por los pacientes” añadieron Quintero y López.