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Provenza, un barrio que se creó alrededor de su pequeña iglesia

Desde 1966, La Divina Eucaristia recibió y despidió familias. Hoy convive con el comercio.

  • En 50 años, 12 párrocos han pasado por la iglesia, que parece surgida de una reserva natural. A su lado, la quebrada La Presidenta atraviesa el barrio y divide El Poblado en dos. Los exresidentes aún la visitan. FOTO julio césar herrera.
    En 50 años, 12 párrocos han pasado por la iglesia, que parece surgida de una reserva natural. A su lado, la quebrada
    La Presidenta atraviesa el barrio y divide El Poblado en dos. Los exresidentes aún la visitan. FOTO julio césar herrera.
01 de noviembre de 2017
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Erigida en medio de la naturaleza, de color perla y protegida por árboles que llevan allí más de medio siglo plantados está la parroquia La Divina Eucaristía. Para más señas, se encuentra en el barrio Provenza en El Poblado, suroriente de Medellín.

Discreta, pequeña, pero llena de tradición, la iglesia es la piedra angular de un barrio donde alguna vez los niños jugaron en las calles, pero que hoy es una de las zonas más concurridas de la comuna 14 por su atractivo comercial.

El 16 de mayo de 1964, la primera piedra de este templo católico fue bendecida.

Tras un año de trabajo, gracias al esfuerzo de toda la comunidad, se consiguió que esa bendición se extendiera a la construcción entera.

Pero no fue sino hasta 1966 que se inauguró y los vecinos del sector se recogieron para identificar su punto en común: La Divina Eucaristía.

Antes de que esto pasara, en 1960, Patricia Fuenmayor, con apenas ocho años llegó con su familia a vivir en la casa que hoy habita, a unos metros del blanco templo de Provenza.

El nacimiento de un barrio

“Si usted la mira, se da cuenta que pocas residencias alrededor están igual”, apunta Patricia, mientras señala lo que era el balcón de su casa. Detalla: “es el único cambio que mi papá le hizo, lo encerró”.

Alrededor de la casa Fuenmayor, la mayoría de las edificaciones superan los dos pisos, tan solo algunas conservan esa estructura de la que ella habla: un antejardín, dos pisos y una larga extensión hacia la parte trasera.

Patricia tiene la historia fresca, no piensa mucho a la hora de contestar y tiene claro que fue hacia 1962 cuando se empezó a decir que el barrio era Provenza, por una finca que se encontraba allí con el mismo nombre.

Señala con el dedo a la casa del lado y dice que fue su vecina, Luz Jaramillo, que ya no vive ahí, la que más ayudó a vender comida para construir La Divina Eucaristía.

“Esa iglesia se hizo a punta de empanadas”, comenta y se ríe aclarando que en su caso, solo entró una vez, cuando tenía 15 años, para conocer la iglesia y nunca volvió.

Para sus nietos, dice con tristeza, ya es imposible salir a jugar en la calle porque los carros no lo permiten; sin embargo, para ella, el barrio conserva algo de su esencia, especialmente, cuando el templo se llena los domingos y se ve como era unos años atrás.

Benditas empanadas

Maria Victoria Restrepo abre su negocio todos los días a las 7 de la mañana y se sienta a contemplar el ambiente de su cuadra (calle 36).

Sus ojos han visto el crecimiento del barrio durante 23 años y casi que ha observado cada ladrillo que se pone en una nueva edificación.

Ha sido testigo de la salida de sus vecinos. Sus casas por hostales, tiendas y locales comerciales. Pero ella sigue disfrutando de Provenza como nunca.

“No soy amiga de la monotonía, por eso me gusta cuando me siento en el negocio y me habla un chino, un ruso o un japonés, eso le da otra cara a la zona”, dice.

Un día Maria Victoria notó que un grupo de gente se agolpaba para comprar empanadas y la idea surgió: empanadas al frente de la iglesia. Desde entonces, nació El Reverbero, que ajusta 23 años, diagonal a La Divina Eucaristía.

En Provenza hay “Flórez”

Don Gilberto frecuenta la zona hace 18 años y es capaz de explicar con sus manos cómo estaba dividida cada casa en el barrio.

Todos los días toma cuatro buses para hacer una sola cosa en Provenza: cuidar carros al frente de la iglesia.

Es un vecino sin casa. Los pocos residentes que quedan pasan y le avientan un !Flórez¡, para saludarlo. Su apellido en el barrio, es famoso.

A sus 71 años ha visto cambiar Provenza en todos sus sentidos y ha hecho más amigos que clientes.

Dice que solo hay una cosa que reúne a los antiguos habitantes del barrio: la misa dominical de La Divina Eucaristía .

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