Dejar las pasarelas por el servicio a la comunidad fue la decisión más trascendental en la vida de Alexandra Sánchez Marín, una mujer que si en su adolescencia y juventud se la pasó soñando con cetros y coronas, hoy, en la que ella considera la mejor etapa de su adultez, se mueve entre dos lugares muy específicos: su pueblo, Anzá, y el edificio de la Gobernación de Antioquia, en La Alpujarra, Medellín.
Es una de las alcaldesas más jóvenes del departamento y lo único que tiene claro es que nunca se arrepentirá de haberse dedicado al servicio público por encima del modelaje.
¿Por qué ese cambio tan fuerte en su vida?
“Uno cumple ciclos, y un día descubrí que me gusta luchar por la gente y sus problemas, entonces encontré el camino para servir en la política, algo en lo que me siento bien trabajando por mi pueblo”.
¿Pero esa lucha es dura, no se arrepiente?
“No hay nada de qué arrepentirse. Cada que voy a las comunidades, que veo las necesidades de la gente y que sé que puedo luchar por ellas, por sus problemas, me convenzo más de que tomé una decisión correcta, algo que me hace muy feliz”.
¿Ha cambiado mucho su vida desde que se convirtió en alcaldesa de Anzá?
“Bastante, sobre todo en lo familiar, ya tengo mucho menos tiempo para compartir con mis dos hijas, pero lo que hago es que cuando estoy con ellas aprovecho al máximo el tiempo, busco que que me sientan muy cercana”.
¿Ha logrado todo lo que se ha propuesto durante su gobierno para Anzá?
“Claro, muchas cosas, pero a veces uno gestiona y no siempre puede irse sonriendo. Hay que seguir luchando, todavía me faltan dos años de gobierno, hay tiempo de hacer muchas cosas”.
¿Cuál es su prioridad en el gobierno, la infraestructura o lo social?
“Sin duda lo social, aunque se complementan. Trabajar mucho por los adultos mayores, los niños, los campesinos”.
¿Cuál es la obra que quiere dejar como legado?
“La carretera al corregimiento Güintar, son 19 kilómetros, es una necesidad muy grande de mi pueblo y seguiré gestionando los recursos”.