Mario Mendoza tiene un salvaje que vive dentro. Lo dice él. Uno que le hace pensar que es distinto a los demás, que no encaja, que ya no se adaptó. Y tiene la literatura, "que me ha permitido mantenerme en sociedad".
Pese a lo que ello pueda significar, el escritor se hace querer. Sus argumentos, su palabra sencilla, sus pocas complicaciones para hablar e incluso, guardadas las proporciones, para confesarse, como lo hace en su último libro, La locura de nuestro tiempo.
¿Cuál es, precisamente, la locura de nuestro tiempo?
"Hay un tipo de violencia que está muy demarcada y que es la que nos han enseñado o inculcado, digamos, como a detectar fácilmente. En el caso colombiano es una violencia política que viene del narcotráfico, de los paramilitares, de la guerrilla, de algunas bandas que delinquen. Y a nivel internacional pasa lo mismo. No es posible pasar un aeropuerto sin que pasemos detectores de metales, sin que nos digan de manera soterrada que es posible ser amenazados por fuerzas terroristas. Esa violencia que se llevan los titulares de prensa y que sin duda es importante subrayar y tener en cuenta, pero que no es la que nos está aniquilando. Creo que es una violencia que viene al interior del establecimiento, que está dentro de la convivencia cotidiana y es una violencia de género, con los niños. Es el desempleo, el racismo, es el clasismo casi aberrante, es el arribismo llevado a niveles patológicos. Todo eso ha generado depresión, angustia, soledad, amargura, una sensación de extravío, de no saber para dónde va la vida. Hay un vacío sentimental y afectivo que es muy difícil de soportar en la era contemporánea. Hemos construido un mundo en el que de alguna manera hay algo demencial y eso que hemos construido se extiende todavía más si lo pensamos en términos ecológicos, en modificación del clima, en el exterminio de las demás especies. Esa es la locura de vivir en esta época".
Es un libro confesional, pero también reflexivo...
"Para un narrador es muy difícil aclararle permanentemente a la crítica y al público que uno no es sus personajes, que hay puntos en contacto, pero que yo no soy ellos, ni pienso como ellos. Yo llevo 25 años detrás de mis personajes sin pronunciarme, sino en muy contadas ocasiones. Y me parecía importante escribir un libro en el que estuviera mi vida, anécdotas personales, momentos de revelación, de epifanía, y que se sintiera el tono confesional, no solo en el sentido de referirme a mi mismo, sino a mis ideas y a mis afectos y a una manera de ser. Creo que está mi cotidianidad e incluso están mis miserias. Está mi vida triste y rutinaria, de una costumbre cotidiana, lo más ruín de un escritor, que es cierta miserableza cotidiana que compartimos con el resto de los mortales".
Muchos escritores se han ido del país, usted no. ¿Ser escritor en Colombia sí es posible?
"Sí, esto ha sido una lucha porque, no quiero que se malinterprete mi posición, en el sentido que se crea que yo tengo algo en contra de los que se fueron, que me parece muy válido. El problema durante muchos años es que esa fue la única postura posible. Había algo un poco excluyente en valorar solo eso y lo que he procurado es hacer una defensa de que sea tan válido quedarse como irse. Y que en las dos posiciones hay méritos, hay esfuerzos, hay luchas y tomas de decisiones que son difíciles".
Habla de una intuición de que estar en el tercer mundo es un privilegio, porque el deterioro es explícito. ¿Cómo es esto?
"Es porque la gente, en un esquema que está errado, sigue creyendo que el primer mundo va adelante, pero eso es una cosa que viene del siglo XIX, que es la idea del progreso. Resulta que nosotros estamos confirmando, ya hace mucho tiempo, que no estamos progresando, lo que estamos es destrozando el planeta. Si no hay progreso, ni avanzamos, lo que sucede es lo contrario, entonces, ¿quiénes van adelante? ¿Quién es la vanguardia y quién la retaguardia? Ahí se da la vuelta".
¿Cómo es la vida de escritor de Mario Mendoza?
"Hago mucho ejercicio y es importante porque es lo que me permite pasar largas horas sentado, inmóvil, sin angustiarme y desesperarme. Yo soy muy acelerado y soportar esa quietud sino tengo una disciplina corporal me cuesta mucho trabajo. Me gusta mucho el cine, soy muy retraído, muy poco sociable, casi no asisto a nada de vida social. No voy a cocteles ni a reuniones, me parece que es una pérdida de tiempo. Soy una persona de muy pocos amigos, pero para mí valiosísimos".
¿Ser escritor es una forma de ser político?
"La escritura es una forma también de resistencia civil, pero es una manera de resistir civilmente a través de la imaginación narrativa. Y hay algo político ahí y es que uno se niega a entrar en ciertas estructuras de poder, dictaduras o regímenes que van hacia el centro. Un centro todo poderoso, que todo lo gobierna y lo controla y uno logra escapar a esa vigilancia y de alguna manera lo logra creando mundos y dimensiones paralelas, y en eso hay una conciencia de resistencia política".
¿Cómo va ese salvaje que lleva adentro de Mario Mendoza?
"He tenido siempre como un profundo recelo y una profunda sospecha sobre una sociedad como ésta. Yo no termino de adaptarme, bueno, ya tengo 46, creo que no me adapté. Siempre creo que al final me va a tocar aceptar esa distancia, reconocer que no encajé, que yo no quiero familia, no quiero hijos, no quiero sentimientos como los que intentan inocularte como triunfo, reconocimiento, poder, fama. Entonces si no encajas, lo mejor es aceptar esa distancia. Yo tengo que estar luchando una y otra vez contra el deseo de irme y desaparecer. Y está la literatura, el hecho de que me permitan creativamente sostenerme en contacto con los otros ".
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