Colombia sufrió una gran tragedia ambiental: durante el primer mes del 2024 registró 460 incendios forestales activos y 28.000 hectáreas de cobertura vegetal afectada, causando perturbaciones ecológicas, pérdida de animales, degradación del suelo y, en algunos casos, contaminación de las fuentes hídricas.
Sin embargo, al obvio caos que significó el fuego durante estos días, se le sumó el caos de la desinformación que creció con una rapidez inimaginable entre los ciudadanos, una desinformación mezquina que atacó múltiples frentes, uno de ellos, el de las especies introducidas en el país, a propósito de que los cerros orientales de Bogotá, por ejemplo, están repletos de pinos y de eucaliptos.
Pero que esas dos especies de árboles estén allí no tiene nada qué ver con que sean las responsables de los incendios, con que sean más susceptibles al fuego o no, o con que “sean especies invasoras” como argumentaron muchos.
Lo que sí tiene que ver es que en definitiva a esos bosques no se les hizo un debido plan de manejo forestal, función obligatoria de la humanidad, y que todos esos mitos planteados y difundidos lo único que hacen es afectar las externalidades positivas y las funciones primordiales de esas especies para el desarrollo económico del país.
Hablamos sobre este tema con Juan Miguel Vázquez, director ejecutivo nacional de Fedemaderas.
Le puede interesar: Los árboles luchan por “respirar” a medida que el clima se calienta
¿Los pinos y los eucaliptos son responsables de los incendios forestales que recientemente estuvieron activos en los cerros orientales de Bogotá?
“La respuesta corta es no, no son los responsables, y hay tres formas de explicarlo. Lo primero es que, en esos mitos y en esa satanización, se ha dicho que los pinos y los eucaliptos son especies invasoras, y eso no es cierto. Hay una diferenciación entre especies introducidas, naturalizadas, e invasoras.
Las especies introducidas son las que tú traes de otro lugar a un nuevo ecosistema. Las especies naturalizadas son esas que trajeron y que se adaptaron a ese nuevo ecosistema sin causar ningún tipo de perjuicio, ni para el ecosistema, ni para el ser humano, y que no crecieron o no se multiplicaron de manera desproporcionada. Ahí en esa clasificación entran, por ejemplo, los pinos y los eucaliptos, pero también entra, por ejemplo, el café, el plátano, el arroz, la caña.
Y las especies invasoras son la que tú trajiste, y se multiplicaron de manera desproporcionada causando un daño al ecosistema, que es lo que sucede por ejemplo con los hipopótamos.
Entonces, la primera precisión es que pinos y eucaliptos no son especies invasoras, sino especies introducidas”.
¿Cuál es la segunda?
“La segunda tiene que ver con el fuego. Lo que sucede es lo siguiente: en la mayoría de ecosistemas que hay en Colombia, el fuego no es un agente natural, o sea, tiene que haber una ignición o tiene que haber una acción del hombre para que comience a producirse. ¿Qué sucede? Que los árboles se deshacen, independientemente de su especie producen material combustible aéreo y terrestre, como son las ramas, las hojarascas, las raíces. Ese material está en función de la productividad de la biomasa y no depende de la especie sino de las condiciones climáticas o de las características del suelo, tanto en lo que llamamos bosques naturales como bosques plantados, luego en cualquiera de ellos puede haber un factor de propagación del fuego y el ejemplo más fácil es que no solo los cerros orientales se incendiaron, se incendiaron bosques naturales en Vichada, se incendiaron páramos y allá no hay pinos y no hay eucaliptos, entonces es ajeno a ello. Lo que sí es cierto es que cuando tú tienes un bosque mono específico (un bosque de una o dos especies), hay una mayor susceptibilidad para que se propague el fuego”.
¿Y eso por qué sucede?
“Porque esa materia orgánica que hay allí, digamos, el factor de combustión es diferente, está más homogénea y por ende es menor la resistencia a las llamas. Por eso es importante también hacer una claridad y es que el riesgo de que suceda un incendio depende de dos cosas: de la vulnerabilidad y de la amenaza. La vulnerabilidad es la acción humana para que se produzca esa ignición y la amenaza es la cantidad de material combustible”.
Le puede interesar: Los árboles de Río Claro pueden desaparecer
¿Y cuál es la tercera forma de explicarlo?
“La tercera forma tiene que ver con el perjuicio, porque que haya pinos, eucaliptos u otra especie introducida, no significa que esas especies por sus naturaleza, por el lugar de donde vienen, son responsables de estar en un mayor riesgo de incendios”.
¿Ese “mayor riesgo” tiene qué ver con la forma en la que están haciendo el manejo de esas especies en términos de su mantenimiento o su plantación?
“Sí. Mira, en Colombia hay 370 mil hectáreas plantadas de pinos y de eucaliptos y de otra especie, la acacia, y esas plantaciones proveen el 70% de toda la madera reforestada que produce el país, eso se llaman bosques plantados, o sea, bosque que ha sido plantado como un cultivo por el hombre. Cada uno de esos bosques plantados tienen un plan de manejo forestal, que son actividades silvícolas que permiten que los bosques crezcan de una manera bastante tecnificada, dentro de esas acciones, por ejemplo, hay algo que se llaman las podas y estas podas evitan que haya incendios, lo que sucede en los cerros orientales es que ya no hay un bosque plantado, porque si bien lo plantaron en los años 20 y 30, a los árboles los dejaron ahí quietos no han tenido un gran manejo forestal, no han tenido una gestión, no se le han hecho podas, y eso ayudó a que sí se propagara el incendio de manera más rápida, entonces el problema no es la especie sino es el manejo que le han dado a esa o a cualquier otra especie”.
¿O sea que si a un bosque natural o a un bosque plantado no se le hace un plan de manejo forestal, no hay forma de evitar que se vuelvan a incendiar?
“Exacto. Por eso salieron varias organizaciones a decir Vamos a restaurar los bosques, los páramos, y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible les respondió No, esperen, no es el momento para hacerlo estamos en verano. Aparte de eso tú puedes restaurar con especies nativas y quitar todos los pinos y los eucaliptos pero eso no va a evitar que vuelva a suceder un incendio, lo que sí lo va a evitar es que se implementen planes de manejo forestal sobre cualquiera de las especies que estén en los bosques”.
Le puede interesar: El Frailejón Ernesto Pérez pidió ayuda por sus hermanitos del páramo de Berlín
¿Cómo es un buen plan de manejo forestal?
“Sí. Los planes de manejo involucran muchísimos temas... cómo preparar los suelos, cómo hacer la planificación de cuándo sembrar y cuándo cosechar, eso depende de la región, depende de las especies, cómo hacer las actividades silviculturales, es decir, cuándo hacer una poda, cuándo hacer una entresaca (técnicamente cuándo abonarlos los árboles), etcétera, pero si vinculamos un subconjunto de esos planes de manejo forestal con el tema de incendios, te lo explico de la siguiente manera: cuando tú tienes un incendio, ese incendio puede ocurrir subterráneamente, es decir, entre las raíces con que se comunican esas ondas de calor; y puede suceder horizontalmente, horizontalmente es cuando el fuego pasa de un árbol a otro, a otro, a otro y se multiplica con una extensión bastante grande. Ahí lo que sucede y lo que te da el plan de manejo forestal es que hay unos cortafuegos, unas zanjas, que dependiendo del lugar puede ser más o menos anchas, más o menos profundas, pero que tienen que tener dos cosas muy importantes, la conexión que hay en el principio y en el fin”.
Ahora que se habla tanto de incendios, de calentamiento global y de cambio climático, muchas personas opinan que talar árboles para usar su madera como materia prima es una mala decisión. ¿Por qué para Fedemaderas no lo es? ¿Qué acciones han tomado ustedes para ser de esta, una industria sostenible?
“Todavía hay mucho desconocimiento entre los ciudadanos sobre este tema. La mayoría piensan que cuando va a comprar un mueble de madera, cuando va a comprar papel o cartón, eso sale de talar un árbol del bosque natural, de haber deforestado un bosque, y eso no es así, esos artículos salen de fuentes renovables ¿qué quiere decir eso? La mayoría de la madera o de la fibra que produce la madera para producir después el cartón, sale del bosque natural sosteniblemente o de las plantaciones forestales comerciales.
Te explico el primero: en este momento en Colombia hay 48 núcleos que son apoyados por cooperación nacional y que tienen la venia del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, están principalmente ubicados donde hay comunidades indígenas y campesinas, en esos bosques se hace un plan de manejo forestal para que, en un área se aprovechen y se corten árboles que van a proveer de madera al mercado pero que constantemente se está regenerando, de esa forma no se afecta la sostenibilidad del ecosistema o el futuro del ecosistema. Ese es un modelo muy sencillo que hoy en día se practica en Colombia y en muchísimos países del mundo.
Y el segundo, las plantaciones forestales comerciales, que son aquellas en las que, así como tú tienes una plantación de café para el día de mañana cosechar, asimismo puedes hacer con los árboles. Esas plantaciones forestales, que en Colombia son 541 mil hectáreas, son sostenibles y son renovables.
El único elemento que existe en la naturaleza que es carbono positivo, ni siquiera carbono neutro, carbono positivo, es precisamente la madera porque permanentemente la madera tanto que está en el árbol como la que está en un mueble, te está capturando CO. Es decir, consumir productos de madera no atenta contra la biodiversidad ni contra el bosque natural”.
¿Es grave que se satanice o se mitifiquen especies como el pino o el eucalipto? ¿Por qué?
“Pienso que cuando tú satanizas estas especies, no caes en cuenta que indirectamente estás afectando una industria que le da de comer a 210 mil personas, a 3 mil familias campesinas y que pueden mover el 1% del PIB del país.
La historia resulta hasta anecdótica: El INDERENA, por allá en el año 75, sacó unas publicaciones donde documentó cómo, por ejemplo, a los cerros orientales de Bogotá en los años 20 y 30 llegaron los pinos y los eucaliptos. Y la razón fue porque los cerros tenían problemas en los suelos y estos pinos y eucaliptos eran las especies más apropiadas, según estudios internacionales, para proteger los suelos y proteger las aguas.
Con el tiempo, esta información se ha venido tergiversando. Hoy en día, quienes atacan el pino y el eucalipto dicen todo lo contrario, dicen que los pinos erosionan el suelo o afectan los cuerpos de agua, pero distintas publicaciones científicas que ha hecho la Federación de Cafeteros, la Universidad Nacional y la Corporación Nacional de Investigación y Fomento Forestal (CONIF), documentaron que lo que sucedió en realidad es que esos pinos y esos eucaliptos se sembraron en suelos que PREVIAMENTE habían sido erosionados y habían sido degradados por diferentes razones. ¿Y por qué? Porque son especies que encuentran una mejor adaptación a ese tipo de terrenos.
Otros estudios han demostrado que la cantidad de agua que consumen por la precipitación de la lluvia no es notoriamente superior a la que consumen especies nativas. De hecho, cuando tienes un cultivo de pinos, observas que se forma una capa, con las ramitas que van cayendo forman una capa. Esa capa evita que las gotas de lluvia caigan al suelo y que descompongan las hojas y las ramas, o sea, eso retiene la humedad. Y al retener la humedad, reduce la cantidad de escorrentía (proceso físico que consiste en el escurrimiento del agua de lluvia por la red de drenaje hasta alcanzar la red fluvial), que precisamente es la principal causa de erosión. Entonces, lo que estoy diciendo es que, al contrario, los pinos y los eucaliptos lo que hacen es mejorar las condiciones del suelo, regular las corrientes hídricas, e incluso tienen otra función en los bosques plantados, y es que las plantaciones forestal de pinos y eucaliptos hace que los bosques nativos se conecten y eso ayuda a que haya corredores biológicos de flora y de fauna”.
¿Qué se puede hacer para que lo que sucedió recientemente con los incendios forestales en Colombia no vuelva a suceder?
“Nosotros nos enfocamos en tres tipos de estrategias. La primera es hacer una prevención, y bueno, todo el mundo comparte eso, hacer una prevención sobre el comportamiento humano. Es decir, 9 de cada 10 incendios han sido provocados, bien sea intencionalmente o por descuido, pero digamos que ahí tiene que ver la acción del hombre. Es una campaña de prevención en ese sentido. La segunda, es fortalecimiento y articulación. Es decir, hay muy pocos cuerpos de bomberos,
y dentro de esos, menos cantidad capacitados en el país para poder atender estos fenómenos, entonces hay que meter plata, hay que meter asistencia técnica, y hay que incluir una cantidad de fortalecimiento en ese sistema de desastres y atención de desastres naturales. Y lo tercero, yo pienso que hay otro tipo de campaña de prevención y educación, que es la que debe brindar la información más exacta, sin mitos y sin satanización, para que se tomen medidas más correctas”.