Los hábitos de vida se han transformado en los últimos años. Los juegos infantiles en los parques se cambiaron por las pantallas electrónicas y las actividades extracurriculares que se realizaban después de la escuela disminuyeron. Cada vez son menos comunes las dinámicas que exigen la presencialidad como foco de distracción durante la niñez.
Además, la pandemia agudizó esta tendencia y alteró de manera brusca la cotidianidad, lo que interrumpió la actividad de las personas más jóvenes. Estos cambios se han comenzado a reflejar en la salud cardiovascular y ha generado enfermedades relacionadas con el corazón en esta población.
“Estamos viendo niños y adolescentes que ya están registrando signos de prediabetes y otros que tienen hipertensión. Todo esto se asocia a sus estilos de vida: mucho sedentarismo, mala alimentación y mala hidratación”, explica Tatiana Padilla, cardióloga pediatra de la Clínica El Rosario.
Los niños y su estilo de vida
En las últimas dos décadas, se han empezado a desarrollar políticas públicas en el mundo para empezar a intervenir los factores de riesgo que se presentan en la edad pediátrica. Los hábitos no saludables producen sobrepeso y obesidad, dos de las condiciones que más generan enfermedades cardiovasculares.
“Muchos de los problemas de salud que hay en la población adulta viene por sus hábitos en la niñez. Solo que los niños no dan tantas manifestaciones ni generan la morbilidad y mortalidad que se da en los adultos. Es por eso que se ha hecho tanto énfasis en intervenir desde la población pediátrica”, dice Luis Fernando Carvajal, cardiólogo pediatra de la Clínica Cardio Vid.
Controles médicos
Los programas de crecimiento y desarrollo en los primeros años son esenciales para prevenir enfermedades cardiovasculares. En estos se realiza el control de peso y se analiza la presión de los menores. Además, se remite al endocrinólogo o cardiólogo si se necesitan exámenes más profundos.
En algunos casos, se hacen pruebas de fuerza para validar el estado y ver qué está provocando el desacondicionamiento físico o qué está pasando con su salud. De allí la importancia que se asista de manera periódica a estos.
“Uno de los grandes problemas es la inconsciencia de las familias. Se desconoce que el sobrepeso y la obesidad son enfermedades, y en especial, sus consecuencias en la salud cardiovascular, por lo que dejan de asistir y no se puede intervenir a tiempo”, señala Carvajal.
La mente y el corazón
Otro de los factores de riesgo cardiovasculares que ha comenzado a afectar a la niñez y adolescencia es la salud mental. En el último año, las consultas por dolores en el pecho y palpitaciones han ido incrementando. El estrés, la angustia y la ansiedad son condiciones cada vez más comunes y tienen una incidencia directa en el corazón.
“Algunos pacientes llegan por dolores en el pecho y cuando uno los atiende se da cuenta que no han dormido o están llorando todo el tiempo. Es hora de emitir una alerta a los padres y decirles que la salud mental está relacionada con todo y no es algo aislado. Se debe pedir ayuda temprana para prevenir condiciones mentales y cardiovasculares”, concluye Tatiana Padilla
31 %
de todas las muertes
en el mundo son por causas relacionadas con enfermedades cardiovasculares según la OMS.