Desde muchos siglos antes de que los católicos le encendieran velas a la Inmaculada Concepción, el fuego no solo era usado para ahuyentar a los depredadores y para contrarrestar el frío, sino que simbolizaba la vida, mientras que la oscuridad estaba asociada con la muerte.
Así lo relata Claudia Avendaño, historiadora de Universidad Nacional y docente de la Escuela de Teología, Filosofía y Humanidades, quien señala que la celebración católica del 7 y 8 de diciembre data de 1854, cuando el papa Pio IX proclamó la bula (documento que dentro de esa institución se convierte en una especie de mandato u ordenanza) Ineffabilis Deus, donde se afirmaba que la Virgen María fue concebida sin pecado original.
Se dice que en ese día los católicos de todo el mundo encendieron velas y antorchas para celebrar este acontecimiento. La experta en bibliología y docente Pilar Pérez destaca que los fieles de España, Italia, Bélgica y Francia se concentraron en las plazas públicas a esperar el anuncio papal.
Dice Juan Carlos Greiffenstein, director del canal Televid, que ese dogma fue una “defensa” a la Virgen, en especial a que “fue concebida inmaculada, sin pecado original”, lo que desató la alegría y efusividad de los creyentes, de ahí el símbolo de encender las velas.
La profesora Avendaño dice que las primeras manifestaciones en esta parte del mundo se dieron en México y que los primeros registros en Colombia datan entre 1887 y 1888, en Bogotá. Cuenta que, de acuerdo a registros de los periódicos de la época, en Medellín la primera concentración se dio a principios del siglo XX, en el parque de Berrío, en honor a la Virgen de la Candelaria.
Por qué ese día
Se celebra el 7 de diciembre porque fue el día que se proclamó la bula (documento pontificio que trata materias de fe) y que se presume coincide con la fecha en la que María fue concebida.
Sobre las razones para que la celebración sea el 7 y 8 de diciembre, la biblióloga Pilar Pérez destaca que para los judíos el día comienza al caer la tarde, lo que sería la noche del 7 y el día del 8.
“En la antigüedad las novias debían estar atentas a la llegada del novio, que siempre lo hacía de noche y sin avisar, por eso la importancia de la luz, de tener iluminado el recinto”.
Avendaño añade que en esos tiempos la concepción se hacía de noche y no en el día, de ahí que la celebración de las velitas sea en la noche, “además en medio de la oscuridad, el fuego resalta más”.
El director de Televid cuenta que también se hace desde el 7 porque es el festejo de la víspera, para preparar todo para el día siguiente.
El fuego
En la religión católica, afirma la historiadora Avendaño, Dios y Jesús son luz y representan esa promesa de vida eterna, después de la muerte. “Cuando se prende una vela es honrar al dios, sin importar la creencia o la religión”.
El ritual de estar ante las velitas, protegiéndolas del viento, encendiéndolas cada vez que se apagan, invita a cuidar la luz interior, que se extingue muy fácil. “Esa luz es Jesús”, señala Pilar Pérez.
Este 7 y 8 de diciembre son algunas de las fechas preferidas por los niños. La ciudad se llena de velitas y faroles, lo que crea escenarios muy vistosos para ellos.
En este par de días, la participación de los niños es vital para la religión católica, que los ve como veladores y cuidadores del fuego, dice Claudia Avendaño, que lo que parece un juego inocente de proteger las velitas, tiene el significado de protección de la fe.
Dice que el encendido del fuego debe ser en sitios públicos, “que no sea un acto vergonzante, sino para que la luz llegue más lejos”.
Pero tenga cuidado, en ambas fechas se presentan un gran número de accidentes. (Ver Recomendaciones).
Además del rito de la luz, rezarle a la Virgen es buscar su intermediación ante su padre. Según ella, “es mejor rezarle a la mamá que al hijo, ella tiene más influencia sobre él. Orarle a ella es la mejor manera de acercarse a Dios”.
Para muchos países católicos, además, el rito de las velitas de 7 y 8 de diciembre, marca el inicio de la Navidad. Encienda una vela y ríndale tributo a la vida, siempre teniendo mucho cuidado.