Hoy es posible acceder a otros tipos de pastas elaboradas con variedades especiales de trigo y otros granos, lo que se constituye en una alternativa para quienes tienen preferencias vegetarianas, son alérgicos al gluten o, simplemente, quieren explorar otros ingredientes de este alimento que van más allá del huevo, la harina y el agua. De esta manera, la quinoa, el maíz, el arroz y el trigo integral, así como la chía se convierten en fuentes que enriquecen este plato tradicional italiano. El gastrónomo profesional, Álvaro Ramírez, docente en la Colegiatura Colombiana, explica algunas opciones para adoptar en el menú diario.
Pasta de trigo integral: este tipo de pasta genera una sensación de satisfacción más rápida que las convencionales. Va bien con todo tipo de salsas; sin embargo, al considerarse “ligera”, se acostumbra combinar con preparaciones a base de aceites suaves, vegetales crudos y carnes asadas en poca grasa.
Pasta de arroz integral: estos fideos, elaborados con los granos enteros de arroz no contienen gluten, por lo que se recomiendan para los celíacos (intolerantes al gluten). Al cocinarla debe removerse con frecuencia porque se pega durante la cocción. Sus usos más comunes son en sopas y caldos, mezclas con vegetales y carnes aromatizadas con jengibre y salsa de soya.
Pasta de chía: es la mayor fuente vegetal de ácidos grasos Omega 3. Es nativa de Centroamérica y era uno de los alimentos principales de las civilizaciones Azteca y Maya. Al cocinar esta pasta —así como la de quinoa—, es importante tener suficiente agua. Cada marca especifica el tiempo de cocción necesario.
Pasta de quinoa: generalmente se utiliza cocida en una gran variedad de platos, pero también sirve para elaborar harina. La pasta con base en esta semilla tiene una textura delicada, un sabor suave y contiene más proteínas que cualquiera de las pastas citadas anteriormente. No tiene gluten, es rica en minerales como hierro, calcio, fósforo, magnesio y vitaminas C, E y B. Su origen es suramericano. Tanto las pastas de quinoa como las de chía son relativamente nuevas en el mercado nacional, sin embargo ya existen productores especializados en la región.
Pasta de maíz: es baja en grasa, no contiene aditivos, lo que le confiere su natural color amarillo, atributos sensoriales y un alto valor nutricional.
En el mundo de las pastas se encuentran varios grupos dependiendo de su forma, producción, ingredientes y preparación final. Se clasifican en pastas secas y frescas. Las primeras son de consumo casi inmediato, mientras que las segundas se pueden almacenar por más tiempo. Usualmente son fabricadas con una mezcla basada en harina de trigo y agua, pero las hay con huevo, tomate, espinaca, remolacha, pimentón o tinta de calamar, que generan cambios en su color y sabor. Además, tienen diferentes presentaciones. Algunas son:
Macarrones: tienen forma de tubos pequeños. Se preparan frecuentemente con queso.
Espaguetis: se cocinan entre 8 y 10 minutos. Van bien con las salsas a base de aceite de oliva, mariscos, tomates, aceitunas y hierbas, como el orégano.
Penne: deriva su nombre de la palabra italiana penna, que significa pluma. Su forma cilíndrica, junto a su punta diagonal, ayudan a atrapar las salsas. Es ideal para incluir en ensaladas y combina con preparaciones a base de tomates, carnes o vegetales.
Rigatoni: se acompañan, sobre todo, con mezclas de carne, champiñones y vegetales. Su textura funciona para preparar pasta horneada.
Fettucine: en italiano significa “pequeña cinta”. En este grupo también están los tallarines.