Ya no se trata de hipótesis, de estudios ni de teorías. El cambio climático es hoy una realidad urgente, una crisis humanitaria en todo el mundo, aunque afecte a unas poblaciones más que a otras.
Algunos de sus manifestaciones más evidentes son los eventos hidrometeorológicos extremos que, a su vez, desencadenan otros sucesos: temporadas secas más prolongadas, precipitaciones fuertes y duraderas, aumento o disminución de temperaturas, aumento del nivel del mar, derretimiento de glaciares, incendios forestales, olas de calor y sequías.
Las personas, en su relación con la naturaleza y la Tierra, se están viendo afectadas por estos fenómenos y muchos viven en inseguridad alimentaria, sin agua segura para beber, sin condiciones de salud, en medio de temperaturas extremas o están los que lo han perdido todo en medio de lluvias, huracanes, nevadas y demás.
Ahora, el secretario general de la Organización para las Naciones Unidas, António Guterres, advirtió que se avecina otra consecuencia: para el año 2050 se estima que tres cuartas partes de la población mundial podrían vivir en sequía. Se trata, dijo, de un fenómeno que “afecta a todas las regiones de forma cada vez más grave y frecuente”.
Este anuncio lo hizo mediante su intervención en el acto central del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, con sede en España este año.
Así, dijo que es culpa del cambio climático y de la forma en que la humanidad ha gestionado por siglos la tierra.
“Podemos y debemos revertir esta espiral para combatir el cambio climático y mejorar la vida de los más pobres y vulnerables”.
Lo dijo, además, porque ya está claro que no todas las poblaciones sufren igual las consecuencias de esta crisis y está demostrado que los más pobres y vulnerables la llevan peor.
Él también pidió enfocarse en la vida de las mujeres y las niñas. Esto es clave porque ya la propia ONU ha establecido que entre las poblaciones más afectadas por el cambio climático están las mujeres, que además ven consecuencias de tipo físico, emocional y hasta sexual, y los niños y niñas, quienes vivirán más tiempo sobre el planeta.
Guterres explicó que “empoderar a las mujeres y a los propietarios de la tierra es importante para la restauración de la tierra”.
El papel del dinero
Guterres aprovechó la oportunidad para recordarle a los gobiernos de su responsabilidad y añadió que “se podría restaurar la tierra invirtiendo una cuarta parte de lo que se destina para inversiones dañinas para el medio ambiente”.
De hecho, dijo que cada dólar invertido en la restauración de la tierra se multiplica por 30 en forma de beneficios ambientales, pero también a partir de los ahorros que esta gestión permite, pues está claro que en la prevención y acción después de desastres asociados se invierte mucho dinero, al igual que en la gestión sanitaria y atención hospitalaria de enfermedades que podrían solucionarse con agua potable.
Finalmente, recordó que lo que hay por hacer es aún mucho pero que si no actuamos ahora, no habrá un futuro sin sequía.