En redes sociales Esteban subió la imagen de una bandada de azulejos en un árbol al frente de su casa. Ómar compartió fotos y videos en Facebook de las guacharacas que encontró mientras subía a El Salado (Envigado) en bicicleta. Al frente de la casa de Gonzalo hay bandadas de loros, azulejos y reinitas que carretean entre edificios. Hay un gavilán que se oculta entre bejucos, mientras se fija sigiloso en qué cazar. No es casual ver nuevas especies de pájaros por esta temporada. Desde finales de septiembre y hasta este mes llegan a Medellín y el Valle de Aburrá las aves migratorias procedentes del norte. Algunas vienen de paso y otras buscan refugio. “Lo que definimos como migración es la repetición cíclica de los ires y venires de las especies” comenta Ana María Castaño, experta en aves migratorias.
Según la Guía ilustrada de avifauna colombiana (2019, segunda edición), en Colombia hay registradas 1.941 especies de aves, de las cuales se han evidenciado 878 en la jurisdicción de Corantioquia (80 municipios del departamento).
Según la entidad, la mayoría son de las familias Parulidae (reinitas), Tyranidae (atrapamoscas), Scolopacidae (chorlitos) y rapaces como halcones, águilas y gallinazos de cabeza roja, informa Juan Camilo Restrepo, coordinador de biodiversidad y servicios ecosistémicos de la entidad.
Las aves migrantes, esas que llegan al Valle de Aburrá de otras latitudes, son muy diversas: “Nos visitan cucos, berrincheras, águilas pescadoras, gavilanes, atrapamoscas, golondrinas, zorzales, turpiales...”, amplía Castaño.
En general, algunas provienen del norte del continente (migración boreal) y otras del sur (migración austral), para huir del invierno. Este mes es la temporada de migraciones del norte, en la que las aves de esta latitud se desplazan por América y se establecen hasta marzo, durante el inicio de la primavera. Por el contrario, las del sur del continente comienzan a llegar en mayo y se regresan en octubre.
“Este desplazamiento lo realizan para escapar del invierno y encontrar climas más cálidos y lugares con mejor disponibilidad de alimento, requisitos que cumple nuestro Valle de Aburrá, que les ofrece sitios de percha y de refugio para este descanso”, asegura Ana María Roldán Ortiz, subdirectora Ambiental en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá.
La razón por la que eligen las condiciones de esta región incluyen que está ubicada en una zona tropical (no tiene estaciones) y tiene montañas con diferentes pisos térmicos, lo que hace que haya más diversidad, oro para un pájaro: “Cuando llegan al valle, estos pájaros encuentran diversidad y abundancia de alimento”, afirma la ingeniera Castaño, de ahí que sea un privilegio que el territorio sea el anfitrión.