Entre las calles de la antigua Roma circulaban los immunitas, aquellos exentos de pagar impuestos. Para el siglo XIX el concepto comenzó a utilizarse dando origen a la palabra inmunidad y le fue otorgado el significado con el que todavía es conocido, según la RAE: “estado de resistencia natural o adquirida que poseen algunos organismos frente a una determinada enfermedad o al ataque de un agente infeccioso o tóxico”.
Con la aparición de la pandemia por el covid-19 el uso de este concepto ha incrementado, a la vez que lo han hecho las búsquedas para evitar la propagación del virus y las conversaciones cotidianas en las que unos y otros lanzan recomendaciones sobre qué bebida mágica tomar para evitar que las enfermedades aparezcan. Lo cierto es que no hay ningún ingrediente o medicamento que, por sí solo, haga que el sistema inmunológico funcione infaliblemente.
Conforme con la literatura médica, el cuerpo tiene tres tipos de inmunidad: la innata, aquella con la que el cuerpo nace como la piel y las mucosas que impiden el paso de elementos externos por los orificios naturales como la nariz, los oídos, etcétera; la adaptativa, la cual se desarrolla con el paso de los años y la exposición a ciertas sustancias, y la pasiva, que se adquiere cuando un cuerpo recibe anticuerpos desde otros organismos en vez de producirlos por sí mismos, como sucede con las embarazadas cuando se los envían a sus hijos por medio del cordón umbilical.
Para César Muñoz, inmunólogo y pediatra, el principio general es que este sistema “funciona sí o sí”, pues las células recorren los órganos del cuerpo cumpliendo su trabajo de vigilancia para que, en caso de encontrar algún elemento que haga un potencial daño, como una bacteria o una célula cancerosa, pueda ser eliminado.
“Todos los días estamos generando células que son malignas y que tienen capacidad de convertirse en un tumor o un cáncer, y el sistema inmunológico se encarga de reconocer esas células y eliminarlas de manera precisa”, añade Muñoz. Para mejorarlo es ideal actuar sobre la forma en cómo éste vigila. Lograrlo dependerá de distintos aspectos que componen el estilo de vida, pues a través de actividades cotidianas se puede estimular el sistema para que tenga más capacidades de rastrear posibles adversarios. Sin embargo, su funcionamiento requiere de un sano equilibrio que le permita diferenciar entre un agente externo que hace daño y uno necesario para el desempeño del cuerpo que no precise ser atacado.
Según el oncólogo Camilo Vallejo, la respuesta inmunitaria es casi imperceptible, pero algunos síntomas como la fiebre, la inflamación, la supuración de pus, entre otros, dan cuenta de su activación y lucha.
Para optimizar el sistema inmune las recomendaciones están enfocadas en lograr una buena calidad de vida. El éxito de este proceso, según Muñoz, dependerá de la personalización de cada una de las actividades implementadas para lograrlo. Y, aunque las recomendaciones no son iguales para todos, sí hay algunas generales válidas para las personas sanas y aquellas que están cursando alguna enfermedad. Aquí se las contamos