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Frank Durango: el arte de hacer del pelo la identidad de los reguetoneros de Medellín

Detrás de un gran artista hay siempre otros artistas. Es el caso de Frank Durango, el hombre que le da forma y color al pelo de algunos de los músicos más reconocidos de Medellín en el mundo.

  • Frank Durango es artista y estilista. Estudia Bellas Artes y hace un par de meses abrió su primer salón, llamado Ambroxia, con el apoyo de un par de socios. Esneyder Gutiérrez.
    Frank Durango es artista y estilista. Estudia Bellas Artes y hace un par de meses abrió su primer salón, llamado Ambroxia, con el apoyo de un par de socios. Esneyder Gutiérrez.
03 de octubre de 2023
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De pequeño, Frank Durango no tuvo otra que hacer lo que podía para acercarse a lo que quería. El arte siempre ha sido una certeza, pero como la necesidad era más urgente que el deseo, empezó siendo estilista y por ahí se convirtió en artista.

—Nunca soñé con ser estilista, pero se convirtió en una herramienta que me empezó a proveer los recursos para sobrevivir. El cabello fue un accidente en mi vida.

—¿Cómo pasó?

—Necesité trabajo y tenía un amigo que estaba emprendiendo como estilista que me dijo, vos sos bueno dibujando, bueno pintando, tenés muy buena línea, te iría superbién, yo te enseño, y le dije que no, que muchas gracias, que me veía en otras cosas, pero como estaba necesitado de dinero aprendí. Empecé por necesidad, pero me fui enamorando.

Pero no era solo aprender, sino hacer lo mejor que podía. Cada cliente que se sentara en el salón y confiara en él su pelo, y con su pelo su imagen, tenía que querer volver. No había segundas oportunidades. Tampoco se trataba solo de hacer un corte o un color, sino de escuchar, porque para saber como alguien se puede ver mejor hay que saber cómo se siente y en qué está. Frank sabe que su trabajo depende tanto de la creatividad y la técnica, como de la palabra. Pero también, que no solo se trata de hacerlo, sino mostrarlo, por eso empezó a hacer fotografía, y después a intervenir las fotografías con dibujo para que todos pudieran ver lo que él veía en cada cliente. De ahí pasó al audiovisual y como nunca dejó de pensar en ser artista, se matriculó en Bellas Artes.

Frank empezó como estilista hace 20 años. Hoy, dos décadas después de haber empezado a trabajar, los clientes no solo han vuelto donde él, sino que han llevado a otros. Así llegó Llane, ex integrante de Piso 21, ahora solista, y por él llegó J Balvin, y tiempo después, en la casa de Balvin conoció a Karol G, y así ha sido con tantos, porque por las manos de Frank también han pasado James Rodríguez, Wolfine, los integrantes de Piso 21, Ovy on the Drums, Blessd.

—¿Cuál es la importancia del estilo del pelo, sobre todo en un artista?

Es identidad, y cuando uno tiene una identidad muy clara, tiene mucho criterio y cuando uno tiene criterio, tiene fuerza. El cabello es una excusa para empezar a despertar todo ese fuego interior de cada persona. Las agallas de ellos y llenarlos de valentía cuando quieren ser vistos y cuando quieren echarse la opinión encima.

—¿Cómo fue entendiendo que su trabajo iba más allá del pelo, del corte, del color?

—Cuando empecé a verlo como un experimento antropológico, y empecé a observar la necesidad que tienen de ser vistos, reconocidos, de pertenecer a un espacio. Y en base a sus necesidades y a lo que construyen, construir un universo con un personaje. Esto se trata de conectar todo para que sea creíble, masticable, para que sea de ellos. Cuando Karol G estuvo en el proceso del azul, me inspiré mucho en la Antártida, en las civilizaciones perdidas y empecé a construir un personaje cotidiano, que uno pudiera ver, que fuese accesible, alcanzable, pero con ciertos rasgos físicos únicos. Entonces fui investigando y recolectando información de Colombia, de las esmeraldas, de los verdes de los ríos y los azules de San Andrés y un montón de cosas hasta que llegué a un pantone que le empecé a sugerir.

Así fue como Karol G terminó con el pelo azul, rojo, y ahora ese Golden Rosa único que lleva por estos días. Porque Frank siempre ha tenido una sola forma de hacer su trabajo y es hacerlo bien, porque no hay segundas oportunidades. Sabe que en cada propuesta se lo juega todo.

“En mis condiciones no estaba permitido soñar. Los niños de los barrios no soñábamos con ser, porque teníamos que conseguir. Yo no me daba espacio para una renuncia. Si se presentaba una dificultad, tenía que brincarla, superar el obstáculo. Es muy triste, pero en este momento no queda sino coger a ese pelado que fui y darle una palmada en la espalda: pana, lo logró, porque en medio de todas esas dificultades, cuando todas las posibilidades eran nulas, solucionaste la ecuación y hallaste el valor de la equis”, dice Frank, hoy desde su propio salón Ambroxia.

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