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Científicos entran en el Orinoco para descubrir sus especies secretas

Una reciente investigación permitió a diferentes científicos colombianos explorar este microhábitat y recolectar especies que pueden ser nuevas para la ciencia.

  • En el estudio que desentrañó los secretos del río Orinoco también se encontraron ejemplares de Apteronotus apurensis, Compsaraia compsa, Cetopsis coecutiens y Eigenmannia macrops. En total hallaron 109 especies agrupadas en siete órdenes y 16 familias. FOTOS FELIPE VILLEGAS Y J.J. IBÁÑEZ.
    En el estudio que desentrañó los secretos del río Orinoco también se encontraron ejemplares de Apteronotus apurensis, Compsaraia compsa, Cetopsis coecutiens y Eigenmannia macrops. En total hallaron 109 especies agrupadas en siete órdenes y 16 familias. FOTOS FELIPE VILLEGAS Y J.J. IBÁÑEZ.
12 de agosto de 2023
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Hasta este momento pocas personas imaginaban que en las profundidades del río Orinoco vivían 109 especies de peces agrupadas en siete órdenes y 16 familias, de las cuales algunas podrían ser nuevas para la ciencia y otras ser consideradas extrañas o crípticas, como le sucede a los peces eléctricos o cuchillos (Gymnotiformes), los bagres minúsculos y ciegos (Siluriformes), los lenguados o peces planos (Achiridae), las rayas de agua dulce (Potamotrygonidae), e incluso, algunos juveniles de especies de interés pesquero como los grandes bagres (Pimelodidae) o las curvinatas (Sciaenidae).

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Antecedentes

Los peces de las profundidades del río Orinoco habían permanecido en el desconocimiento, y pocas personas imaginaban, que muchos de ellos habían desarrollado adaptaciones y estrategias biológicas y ecológicas relacionadas con las aguas turbias, con la falta de luz, con la anoxia o con las altas velocidades de corrientes a las que están expuestos al estar sumergidos hasta los 100 metros.

Los científicos por su puesto habían generado, durante años, una serie de hipótesis al respecto, pero nunca habían tenido la oportunidad de confirmarlas, por el presupuesto, sí, pero también porque no había una metodología de pesca clara para hacerlo.

Esas hipótesis surgieron de tres hechos puntuales. El primero, de una exploración previa sobre las comunidades de los peces del fondo del cauce o canal principal del río, ubicada en el bajo río Orinoco y parte del delta (accidente geográfico convexo formado en la desembocadura de un río en un lago o en el mar a través de los sedimentos que deposita la corriente), que se hizo en Venezuela a finales de los 70, gracias a una alianza entre ese país y Estados Unidos, a través de la cual lograron explorar con el buque oceanográfico Eastward, esa sección, donde “se encontró una fauna desconocida para la ciencia que todavía sigue siendo hoy objeto de estudio taxonómico y sistemático”, puede leerse en el libro recientemente publicado Peces del fondo del rio Orinoco y afluentes principales.

El segundo, de un estudio hecho en el 92, en el que participó el investigador del Centro de Colecciones y Gestión de Especies del Instituto von Humboldt, Carlos A. Lasso Alcalá, en el que al lado de otros académicos se calculó la diversidad, abundancia (densidad) y biomasa de la ictiofauna (conjunto de especies de peces que existen en una determinada región biogeográfica) del fondo de un cauce del río Orinoco (caño Guaritico, río Apure), y a partir de la información recolectada concluyeron que ese mesohábitat es visiblemente diferente a los demás del río.

Y el tercero, a un muestreo en detalle del delta del río Orinoco, en el que se pudo hacer el rastreo de parte de las 440 especies allí presentes.

El estudio

Pero conocer la profundidad de los ríos tropicales como el Amazonas, el Paraná, y en especial del Orinoco, que nace y discurre en Venezuela y una parte por Colombia, que tiene una longitud de 2.250 kilómetros, un caudal de 33.000 metros cúbicos por segundo, y una profundidad de 80 metros en aguas bajas y de 100 durante las crecidas, lo cual lo sitúa entre los cuatro ríos con la mayor profundidad del mundo al lado del Amazonas con 90 metros, el Yangtse Kiang con 180 y el Congo con 220, es vital para la construcción del inventario nacional de biodiversidad y una guía estatutaria para conocer los estados de los ecosistemas y de la conservación de la fauna.

“Aunque en el Orinoco se habían hecho unas prospecciones preliminares el siglo pasado, había permanecido muy poco estudiado hasta ahora porque las redes de arrastre o los sistemas de pesca adaptados llegaban a profundidades no muy grandes por la dificultad de acceso, entonces, teníamos muchas preguntas de tipo ecológico: ¿cuáles son las comunidades de peces que están allí? ¿Cuál es la diversidad presente, la composición, la abundancia, la biomasa del río?, entre otras”, dijo Carlos A. Lasso, que desde el 2020 hasta acá, por parte del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, junto a pescadores de la región y otras organizaciones, ha estado estudiando ese ecosistema.

Así que el gran reto de la investigación, que desembocó en el libro Peces del fondo del río Orinoco y afluentes principales (Instituto Humboldt, Línea de Recursos Hidrobiológicos y Pesqueros, 2023), un compendio de información bibliográfica precedente y la revisión de colecciones biológicas puntuales en afluentes importantes del Orinoco, era poder tener un sistema de pesca que les permitiera trabajar en profundidades baja, de 5, 10, 15, 20 metros, y también a profundidades superiores a los 50 metros, y que fuera resistente a las fuertes corrientes del cauce, lo cual lograron, después del ensayo y el error, en Puerto Carreño, donde alcanzaron profundidades máximas de 60 metros.

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Los hallazgos

Para empezar, hablar de las características del fondo del río Orinoco puede llegar a ser tan diverso como hablar de los seres que lo habitan, porque debido a que discurre en diferentes partes, al pasar por el Escudo Guayanés, unirse con la desembocadura del río Meta, acaparar todo lo que ese río arrastra, y recorrer el delta cuando llega a la desembocadura en el océano Atlántico, lleva consigo una conformación de comunidades de peces diferente a las de otros ríos.

¿Por qué? Porque según el sitio por el que vaya pasando las aguas pueden clasificarse en tres tipos diferentes, blancas o negras o transparentes, lo cual determina las condiciones químicas, sobre todo a nivel de conductividad o de los sólidos disueltos, o sea, “los ríos que son de aguas blancas, denominados ríos fértiles, que son los que llegan de los Andes, son más ricos en nutrientes, tienen una conductividad más alta, más iones, más sedimentos y eso determina que haya pesquería”, explicó Lasso.

Al contrario, los ríos de aguas negras, como los del Inírida, por ejemplo, son muy pobres en nutrientes, tienen unas conductividades muy, muy bajas, casi que imperceptibles en algunos casos, por lo que no hay grandes peces de consumo.

Y después están los ríos de aguas claras o transparentes, que vienen a equilibrar estas dos tipologías de agua anteriormente mencionadas. “En ellas hay peces importantes como recursos pesqueros, pero, sobre todo, especies para la pesca ornamental. Es decir, todo el río Orinoco y sus afluentes, toda la cuenca hidrográfica, tiene diferentes características geológicas, químicas y físicas. Y eso redunda en la conformación de las comunidades de peces y de otros elementos de la biota acuática”.

Muchas de las especies que viven allí han desarrollado características importantes desde el punto de vista fisiológico y trófico. “Trófico” porque se comen los insectos acuáticos o las larvas que están en el fondo; y “fisiológico” porque ahora tienen unos métodos muy interesantes para percibir el entorno.

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Por ejemplo, en cuanto a la evolución, está el caso excepcional de los peces eléctricos o Gymnotiformes, que pueden generar pequeñas corrientes eléctricas con un muy bajo amperaje en el fondo de este río para comunicarse entre sí o con otras especies, para determinar la presencia o ausencia de presas, lo cual es importantísimo, pues ahí abajo, al no haber luz, porque el agua es muy turbia y en muchas oportunidades no penetra la luz solar, los peces desarrollan más estos mecanismos que una visión, como lo hacen los peces de aguas más superficiales o más someras.

También están los bagrecitos pequeños que son por completo ciegos, o los que tienen grandes bigotes, o las barbillas o las rayas, que pueden generar pequeños campos eléctricos porque tienen mucha sensibilidad a esa profundidad. Por otro lado, desde el punto de vista biológico, hay peces especializados para su alimentación, la detección de las presas o el ya mencionado relacionamiento con otras especies a partir de la electrofisiología.

“Todos los peces que encontramos allí son muy interesantes porque reúnen muchas estrategias ecológicas o historias de vida de peces que eran prácticamente desconocidos. En esta guía —el libro aquí citado— presentamos más de un centenar de especies, mostramos los primeros datos de alimentación, de reproducción, de talla y de peso. Es una información básica pero que tiene una aplicación a largo plazo porque como dice el dicho, ¿Cómo puedes usar o administrar lo que no conoces? Ahí tenemos un trabajo taxonómico importante que nos va a servir para después hacer toda una serie de estudios de tipo biológico, ecológico e incluso del uso del recurso, y el que ojalá podamos continuar”, concluyó Lasso.

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