A principios de esta semana se supo que los grabados de arte rupestre prehistórico más grandes del mundo estaban entre Colombia y Venezuela, en las paredes rocosas a lo largo del Alto y Medio Río Orinoco.
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La noticia le dio la vuelta al mundo, no todos los días se conoce algo de tal magnitud, único en el mundo, que se ha preservado durante miles de años. “El arte rupestre del Medio y Alto Río Orinoco en América del Sur se caracteriza por algunos de los grabados más grandes y enigmáticos del mundo, incluidas serpientes que superan los 40 metros de longitud”, escribieron los investigadores en el artículo académico que se volvió noticia.
Pero lo grandioso de este hallazgo, no es solo lo que se ve, las figuras grabadas en las rocas, sino aquello que no se ve, lo que hay detrás, las comunidades, las dinámicas del lugar, cosas que pasaron hace miles de años. Lo que está por verse, porque estos grabados son una puerta al pasado.
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La investigación empezó en el 2015 con un equipo conformado por los profesor José Ramón Oliver, del University College London (UCL); Philip Riris, de la Universidad de Bournemouth, y Natalia Lozada Mendieta, antropóloga de la Universidad de Los Andes, quién en ese entonces estaba haciendo su doctorado en arqueología también en UCL.
El arte rupestre no era precisamente el centro de la investigación, pero terminó siéndolo.
—El proyecto inicial tenía como intención entender por qué esa zona del medio Orinoco, y en particular una zona que se llama los rápidos de Atures o los raudales de Atures, era un punto de encuentro o de comercio entre diferentes comunidades que habitaban esa zona antes de la llegada de los españoles. Queríamos ver si efectivamente ahí, como decían las crónicas, se encontraba todo el mundo de la región, los que venían de la Amazonía, los de la Guyana, los de los Llanos, los del Caribe. Y si el Orinoco si funcionaba como una gran autopista antes de la llegada de los conquistadores.
—Y qué encontraron...
—Encontramos que efectivamente sí lo era, lo vimos a través de esta concentración de arte rupestre y de materiales cerámicos de la región. Este hallazgo fue como un derivado de esa investigación inicial. Nosotros sabíamos de la serpiente gigantesca porque incluso Alexander von Humboldt fue a visitarla. Pero no se sabía de muchas de las otras figuras, sobre todo del lado colombiano; no existían en la literatura. Los locales sí sabían que estaban ahí, por eso insistimos en que no digan que fue un descubrimiento, porque suena a que nadie sabía que eso estaba allí.
—Qué era lo que no se sabía, que es lo que encontraron ustedes...
—Lo que no se sabía, y el hallazgo general del paper (texto académico relativamente corto), es que hay una tradición de arte rupestre monumental a lado y lado del río que es única en el mundo. No ves este tipo de motivos tallados en las caras de las montañas en ningún otro lugar, y especialmente de estos motivos de serpientes —dice Lozada.
De ese gran proyecto de investigación inicial se han desprendido varios artículos a lo largo de los años: On confluence and contestation in the Orinoco interaction sphere the engraved rock art of the Atures Rapids (2017), Patterns of Style, Diversity, and Similarity in Middle Orinoco Rock Art Assemblages (2019) y el más reciente, que se volvió noticia en el mundo, titulado Monumental snake engravings of the Orinoco River (Grabados monumentales de serpientes del río Orinoco) publicado en la prestigiosa revista Antiquity. Allí están consignados los hallazgos.
“Sabemos que las anacondas y las boas están asociadas no solo con la deidad creadora de algunos grupos indígenas de la región, sino que también se las considera seres letales que pueden matar personas y animales grandes (...) Creemos que los grabados podrían haber sido utilizados por grupos prehistóricos como una forma de marcar el territorio, haciendo saber a la gente que ese es el lugar donde viven y que se espera un comportamiento apropiado”, dijo en un comunicado el Dr. Phil Riris.
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Además de las serpientes, entre los motivos tallados en las rocas encontraron también, aunque en menor cantidad, cuadrúpedos y pájaros de perfil, figuras humanas y ciempiés gigantes amazónicos. El equipo, además, logró cartografiar 14 sitios de grabados rupestres monumentales, dejando en evidencia que hay un patrón sistemático en los grabados que están a lado y lado de la frontera, pues hay más de una decena de sitios donde se repiten estos trazos.
—¿Cómo están hechos esos dibujos?
—Están grabadas sobre la roca. Es un proceso bellísimo. Estas piedras que están ahí en el Orinoco tienen una especie de organismos que crecen sobre la roca, se llaman cianobacterias y son los que le dan ese color negro, porque la roca en realidad es gris. Ellos lo que hacían era raspar la superficie de la roca quitando esas cianobacterias, entonces queda expuesto el fondo gris y eso crea un contraste que permite que se vean las figuras.
—¿Cuáles herramientas usaban?
—No sabemos, pero de lo que sí tenemos certeza es que tiene que ser con una roca más fuerte que el granito, porque es la ley de la física, necesitas unas piedra más fuerte que otra para poderla rayar.
—¿Y cómo hicieron para hacer grabados tan grandes y tan bien hechos?
—Ellos tuvieron que haber planeado el diseño antes. Además están muy altas, algunas de estas figuras están por lo menos a unos 15 o 20 metros de altura. Entonces, o usaron algún tipo de andamio o de liana, o en algunos casos, creemos, hicieron también rapel... Debieron tener algún tipo de instrumento que midiera, puede ser con su mismo brazo, pero algo que midiera las proporciones, porque además hemos visto que en muchas de las serpientes la distancia del zigzag de cada uno de los triángulos es igualita, es estándar. Y lo que muestra también el artículo es que nosotros evaluamos la orientación de todos los motivos y lo que encontramos es que todos están orientados hacia el río, entonces sí hay una intención de que quienes pasaran por el río vieran esas formaciones rocosas y desde algunos ángulos específicos, los motivos.
—¿Cómo se han conservado estos grabados?
—Esa es una de las grandes preguntas que tenemos y ahora estamos incluyendo en la investigación a biólogos y geólogos, porque sí nos gustaría saber por qué no se ha vuelto a colonizar esa parte de la piedra, si le echaron algo más además de haberla raspado. Todavía estamos entendiendo la técnica.
Los hallazgos del equipo son enormes, no solo por el tamaño monumental de las figuras sino porque da cuenta de la historia, del mundo, del continente antes de nosotros, de los españoles, de la conquista, que para muchos es donde empieza la historia de América. Los dibujos nos acercan a ese pasado, a esas que gente que estaban antes, a sus formas de relacionarse, a sus símbolos, su cultura, sus formas de ver y entender el mundo.
“Los grabados monumentales del Orinoco Medio representan una tradición única de producción artística a gran escala. Los datos etnohistóricos y arqueológicos ilustran el carácter multiétnico de las sociedades indígenas de la región, y trabajos recientes muestran cómo la cultura material simbólica fue clave para negociar identidades en un entorno de interacción cultural sostenida. Las posibles asociaciones de estos sitios con mitos indígenas hoy subrayan el papel central del arte rupestre en la apropiación de paisajes en disputa”, dice el estudio.
El río Orinoco forma una de las cuencas hídricas de mayor extensión del planeta, con 2.300 kilómetros. El 34% corresponde a Colombia y el 66% a Venezuela. Por su longitud y recorrido —conecta el Atlántico y el amazonas—, es una especie de autopista fluvial por donde transitaban e interactuaban diferentes comunidades del continente. El arte rupestre, pero también las cerámicas que ha analizado la doctora Lozada, dan cuenta que esa interacción era, además, previa a la llegada de los españoles. Se calcula que los motivos grabados en las rocas, tienen entre 1.000 y 2.000 años de antigüedad.
—Hay una variedad de tipos de cerámica, de recetas de pasta, de formas, de estilos, que nos comprueba que ahí no había solo un tipo de gente, sino que muchos coincidían en esa región. Lo mismo pasa con el arte rupestre, estamos encontrando que hay una concentración especial de arte allí. En otros lugares tú puedes encontrar un motivo, dos, y luego cientos de kilómetros después ves otro, pero aquí en el río hay una concentración impresionante que no se ve en otras regiones. Entonces definitivamente aquí estaba llegando gente, porque esto también estaba pensado para que se viera. Están puestos como una vaya publicitaria gigantesca que se sabe que la van a ver de lejos muchas personas.
—¿Qué significa esta investigación para usted?
—Para mí fue muy especial entender esto hacia el pasado, entender que este río era un puente y no el límite entre dos países, y que este tipo de cosas pasaban a lado y lado. Te hace admirar ese trabajo de los pueblos antiguos, ese esfuerzo que debieron haber hecho, esas formas de comunicación. Es un paisaje muy especial, esas montañas dominan el horizonte y el río es majestuoso. Todo se une para que uno se sienta pequeño y tenga respeto por lo pueblos de antes que, en general, los colombianos no conocemos.
—¿Qué más se puede saber a partir de estos dibujos?
—Hay un montón por saber, nosotros seguimos investigando. Esto es solo una patica del proyecto.
“Anticipamos que futuros estudios continuarán encontrando sitios monumentales de arte rupestre a lo largo del río Orinoco y sus afluentes. La cronología precisa de estos sitios sigue sin resolverse, a pesar de los aparentes paralelos artísticos en la cultura material precolombina tardía”, dice una de las conclusiones del artículo.
Lo que sigue en la investigación, dice la doctora Lozada es avanzar hacia la parte más alta del río, hacía el Tuparro. Pero mientras la investigación avanza, urge preservar la zona. Ya lo hacen las comunidades indígenas que habitan allí y que son los custodios del lugar.