Ameca mueve los ojos, pestañea, abre la boca, sube y baja la cabeza, estira los brazos. Sonríe. Parece un personaje sacado de la película Avatar, pero es un robot humanoide (su piel es de color gris) que funciona con Inteligencia Artificial (IA) y aprendizaje automático. Habla con tanta fluidez que fue la sensación en la feria de tecnología CES (Consumer Electronics Show) en Las Vegas, Estados Unidos, la semana pasada.
Estar al frente de Ameca, creada durante los últimos 15 años por la empresa británica Engineered Arts, es como entablar una conversación con un ser humano. Es darse cuenta de que lo que antes se veía en las películas de ciencia ficción es ahora una realidad: comprar un robot como Ameca cuesta más de 133.000 dólares.
No es la única en el mundo. En los últimos años el campo de la robótica ha desarrollado una serie de dispositivos, con distintas funciones, en los que se adaptan características humanas y hacen que las personas los sientan cercanos como sucede, por ejemplo, con una mascota (Ver recuadros).
Josep Curto Díaz, profesor de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), explica que es un hecho que cada vez más los fabricantes de robots “los están humanizando” e incorporando sonidos y movimientos que generan una proximidad. Es decir, se parecen a una persona ya sea por el tono de la voz o por el físico.
“Facilitan que nos sintamos identificados y le atribuyamos que hay una mente detrás de estos objetos”. Ante esto, son varias las preguntas: ¿dónde acaba lo humano y empieza lo artificial? ¿Los robots son capaces de entender y mostrar emociones?
La esencia del robot
Lo primero que hay que comprender es que detrás de las interacciones con robots similares a los humanos hay procesos tecnológicos. De acuerdo con Curto, la técnica se llama aprendizaje automático y hace parte de la IA. Su función es analizar grandes cantidades de conversaciones y de textos para luego extraer patrones capaces de responder.
Por su parte, Alejandro Serna, CEO del Instituto Colombiano de Robótica Avanzada (ICRA), señala que el reconocimiento de voz, por ejemplo, se hace a través de un software que analiza la información que ingresa al sistema. “Por medio de un micrófono convierte los sonidos en señales eléctricas y con base a esto lo procesa para generar la respuesta o tomar decisiones”.
El experto aclara que no todos los robots funcionan con IA y muchos están preprogramados para desempeñar algunas actividades o funciones, solamente. Es decir, no todos son humanoides o pretenden parecerse a los humanos. El que hace pizza está programado para ello, y nada más.
“Lo que estamos buscando cada día con el desarrollo de la robótica que incluye IA, aprendizaje de máquinas, reconocimiento por voz, procesamiento de imágenes, es que con todas estas tecnologías se comience a difuminar cada vez más esa diferencia entre humano y robot”. Es decir, que estos sistemas interactúen de manera natural sin necesidad de una manipulación de personas.
¿Realidad o simulación?
Serna dice que estos robots se clasifican en la categoría de robótica de servicio y tienen tres características: son autónomos o semiautónomos (no necesitan todo el tiempo de una persona que los programe), ayudan con tareas que pueden ser repetitivas, peligrosas o aburridas, y tiene interacción directa con humanos.
“Empatizamos con los robots porque vemos reflejado en ellos acciones que los seres humanos somos capaces de hacer, ver que una máquina tiene la capacidad hasta cierto grado de imitar o replicar movimientos humanos es lo que llama la atención”.
El profesor Curto explica que “no tienen emociones, lo que actualmente hacen es que simulan respuestas que a nosotros nos van a producir la sensación de que hay una emoción detrás”. En otras palabras: responden o se mueven porque tienen sistemas que funcionan a partir de algoritmos de IA, con esto simulan los comportamientos de las personas.
En el caso de los robots encargados del cuidado médico, señala que se convierten en “un soporte funcional” para los pacientes. “A veces pueden generar la sensación de acompañamiento a una persona que está en una situación complicada y por lo tanto le da confort, puede proyectar unas emociones, pero no significa que existan, su propósito es ayudar con determinada necesidad fundamental”.
Otro punto de vista es el de Andrés Franco, director comercial para América Latina de Blue Prism, para quien la empatía entre los robots y humanos va más allá de una relación física. “La veo más desde el sentido en que podemos lidiar con estos sistemas en el día a día de manera independiente, que nos ayudan a que la vida sea más sencilla y ágil”.
¿Para dónde vamos?
Franco agrega que con la automatización (usando softwares conectados con IA, Machine Learning y otras tecnologías), los procesos son mucho más rápidos, pueden registrar menos errores y producen mejores retornos a las empresas. En el sector bancario, dice Franco, Blue Prism ha visto compañías que pasaron de generar 3.000 préstamos a 100.000 en un mismo periodo.
Por otro lado, manifiesta que en esta manera de interacción lo humano “acaba hasta donde llega la creatividad y lo técnico empieza en la tarea repetitiva”, por lo que es “importante entender que los cambios tecnológicos son más rápidos y el proceso de adaptación debe ser igual de rápido”.
Se atreve de decir que puede ocurrir en el futuro: “Veremos robots en todas las áreas donde hay tareas repetitivas como los cajeros en los supermercados, llegarán los vehículos automáticos (que se manejen solos) y se cobra directamente a la cuenta del banco, todos entre robots y sistemas digitales de conectividad”.
Finalmente, Josep Curto Díaz expresa que uno de los grandes retos al implementar estas tecnologías en la cotidianidad es que sean “sistemas responsables”, esto se traduce en que no lleven a una manipulación a gran escala de las personas o empresas porque “este sería el gran peligro que tendríamos al explotar los vínculos empáticos de los humanos”.
La Inteligencia Artificial abre la puerta a múltiples oportunidades y una son los sistemas que facilitan la interacción cercana con los humanos, ese es el impacto positivo de esta tecnología, sin embargo, en el otro extremo queda la pregunta: ¿en realidad lograrán ser un complemento o reemplazarán las relaciones sociales?.