Pico y Placa Medellín
viernes
0 y 6
0 y 6
En el fondo, el interés de Petro no es solo cooptar un gremio, sino también posiblemente quedarse con el manejo de esos 350.000 millones de pesos al año.
El presidente Gustavo Petro, que dice ser adicto al café, parece que le gusta pero bien amargo. O mejor, amargo es como parece estar el mandatario con la dirigencia cafetera.
La semana pasada ratificó su animadversión hacia ellos y volvió a decir que quiere hacer toldo aparte y tomar las riendas de los millonarios recursos del Fondo Nacional del Café. “Los dineros del café son del pueblo colombiano”, dijo Petro sin dársele nada ante tamaña imprecisión.
Al presidente de la Federación de Cafeteros, Germán Bahamón, le tocó salir a recordarle que los recursos del Fondo, por el cual la Federación recibe cada año unos 90 o 100 millones de dólares, son de los cafeteros. El Fondo se nutre de la contribución cafetera de seis centavos de dólar que pagan los cultivadores por cada libra de café exportado. Y recogen ese dinero para financiar todo tipo de proyectos de beneficio para los cultivadores del grano: desde investigación y desarrollo tecnológico hasta garantía de compra.
El jefe de Estado se echó una extensa y desarticulada diatriba contra la dirigencia del sector en la Asamblea Nacional Cafetera, un encuentro organizado por el Ministerio de Agricultura con representantes de pequeñas asociaciones y cooperativas cafeteras, al que no fue invitada la Federación Nacional de Cafeteros ni los comités departamentales. El objetivo, parece claro, sería crear una dirigencia cafetera paralela.
“Yo sí creo que hay que desatar un proceso constituyente cafetero y decidir”, insistía Gustavo Petro.
Es evidente que hay una estrategia detrás de todo esto que va incluso más allá de la toma del poder en la Federación de Cafeteros. Cómo sería el afán del gobierno para demostrar la fortaleza de las bases cafeteras que tuvo que pagar alrededor de 400.000 pesos en viáticos a cada asistente, con el fin de llenar el lugar donde realizaría el encuentro: el auditorio de la Gobernación de Cundinamarca. Muchos asistentes le expresaron a EL COLOMBIANO su inconformidad por la desorganización del evento realizado a las carreras y el pago atrasado que les habían prometido. ¿De dónde salieron los 400.000 pesos para cada asistente? ¿Acaso con los recursos de los impuestos se está pagando este nuevo embeleco del presidente de acumular más poder para él?
Porque en el fondo, el interés de Petro no es solo cooptar un gremio, sin duda uno de los más importantes del país, sino también posiblemente quedarse con el manejo de esos 350.000 millones de pesos al año. El Presidente es un convencido de que con plata puede conseguir clientela y mantener poder.
Las palabras del mandatario buscan causar agitación entre los cultivadores del grano, en momentos en que el sector afronta dificultades por la baja productividad, los elevados costos de producción y el desplome en los precios de la carga de café, que se ha visto impactada por el descenso en la cotización del dólar, y que hoy está en 1,5 millones de pesos, muy por debajo de los 2,3 millones de pesos que estaba en agosto del 2022.
Como lo ha hecho contra otras instituciones del país, Petro le dio palo a la Federación Nacional de Cafeteros y volvió a echarle una pulla a su gerente, Germán Bahamón. “A mí se me burlaron ahí en la Federación de ese tema, impusieron ahí a un señor”, dijo el mandatario, dejando muy claro, nuevamente, su disgusto con el nombramiento de Bahamón hace un año, y con un gremio que está próximo a cumplir 100 años de existencia.
Desde 1940 y cada 10 años, el gobierno suscribe con el gremio un nuevo contrato para la administración de dicho fondo. La fecha de vencimiento del último contrato que firmó el gobierno con la Federación es 2026, pero tal como están las cosas y por los permanentes anuncios de Petro es muy posible que, como ha ocurrido con otros contratos, como en el caso de los pasaportes, lo quiera incumplir.
El gobierno hará todo lo posible para quitarle el manejo del Fondo a la Federación. Seguramente aplicará su conocido modus operandi, crea un discurso, una narrativa, en la cual dice que de un lado están unos ricos explotadores y de otro lado unos pobres explotados.
De hecho, en su discurso salió a decir que los recursos de los caficultores se han destinado a pagar los millonarios salarios de los directivos, a pagarles a “personajes que se van a tomar vacaciones y a tomar whisky, o en edificios en Nueva York”, desconociendo la labor que durante casi 100 años ha hecho la Federación para posicionar el grano en los mercados internacionales con su marca Juan Valdéz. Además, es el único gremio del país que garantiza la compra del grano, que agrupa a cerca de 550.000 familias cafeteras la mayoría minifundistas que viven de la producción del grano y es el más democrático -cuenta con 4.644 representantes gremiales-.
Pero Petro con dos o tres frases de cajón, apoyadas por las bodegas que tiene el gobierno en redes sociales, creerá que puede ganar el pulso.
Ante la andanada, Bahamón, el gerente de la Federación, le recordó a Petro que “la Federación solo puede ser reformada por los cafeteros, somos una organización privada y como tal acudiré a las instancias previstas en nuestros estatutos para presentar la transformación que sea requerida”.
Hasta ahora, como dice el analista Aurelio Suárez, es más la palabrería del presidente que lo que ha hecho por los caficultores en sus dos años de gobierno.